La palabra copón designa en español el recipiente eucarístico que en latín suele llamarse ciborium. En la antigüedad cristiana, ciborium también podía nombrar el baldaquino que cubría el altar; el uso litúrgico posterior reservó el término para el vaso destinado a custodiar las especies consagradas.1
El copón guarda una relación directa con la fe católica en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. No es un objeto de uso ordinario: su función consiste en tratar con reverencia las formas consagradas, especialmente al distribuir la comunión y reservar las que quedan después de la celebración.




