Origen del derecho a la creación
La dignidad del ser humano, creada a imagen y semejanza de Dios, le confiere la capacidad de crear y, por tanto, de poseer los frutos de su creatividad. La Sagrada Escritura reconoce el don de la sabiduría y el talento como gracia que debe ser puesta al servicio del prójimo (cf. Génesis 1,28; Mateo 25,14‑30).
El «destino universal» de los bienes
El Catolicismo sostiene que todos los bienes, incluidos los intelectuales, poseen un destino universal que los hace accesibles a toda la humanidad. El Catecismo afirma que «los bienes de la creación están destinados a toda la raza humana» y que la propiedad privada no anula este principio universal2.
