Lugar dentro de la celebración
El Agnus Dei pertenece a los ritos de la comunión, después de la Plegaria Eucarística y del rito de la paz. La invocación acompaña la fracción del pan, que prepara el Pan consagrado para la recepción individual de la comunión.
La Instrucción general del Misal Romano establece que el sacerdote parte el Pan eucarístico y que el coro o el cantor, junto con el pueblo, canta o recita la súplica «Cordero de Dios». La invocación puede repetirse mientras dure la fracción; la última repetición termina con «danos la paz».
El rito posee, por tanto, una función concreta dentro de la estructura de la misa. No constituye una oración independiente colocada antes de la comunión por simple devoción, sino un canto litánico unido al gesto litúrgico de la fracción.
Texto litúrgico
La forma ordinaria del texto es:
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, ten piedad de nosotros.
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, danos la paz.
La tercera invocación cambia la petición: las dos primeras piden misericordia y la última pide la paz. Esta progresión relaciona el perdón de los pecados con la reconciliación y con la comunión eucarística.
El texto latino conserva la forma tradicional:
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi: miserere nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi: miserere nobis.
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi: dona nobis pacem.
Cuando la fracción dura más tiempo, el canto puede prolongarse mediante repeticiones. La última invocación debe concluir siempre con la petición de paz.
Quién canta o recita la invocación
Habitualmente, el coro o el cantor entona la invocación y la asamblea responde. La comunidad también puede cantarla íntegramente. Cuando no existe canto, la asamblea recita la fórmula en voz alta.
La música no debe ocultar la estructura de la súplica ni impedir la participación del pueblo. La repetición responde a la duración real de la fracción del pan, no a una exigencia de repetir siempre un número fijo de veces.
El rito de la fracción
El sacerdote parte el Pan eucarístico sobre la patena. Si las circunstancias lo requieren, el diácono o un concelebrante puede ayudarle; la acción corresponde al sacerdote y al diácono dentro de sus respectivas funciones litúrgicas. La fracción recuerda el gesto de Cristo en la última cena y manifiesta que los fieles reciben la comunión del único Pan de Vida.
El rito debe realizarse con reverencia, pero sin prolongarlo innecesariamente ni concederle una importancia desproporcionada dentro de la celebración. La sobriedad ritual permite que el gesto conserve su claridad: Cristo, único Pan partido para la vida del mundo, reúne a su Iglesia en un solo cuerpo.
Durante la fracción, el sacerdote deposita una pequeña parte de la Hostia en el cáliz. Este gesto expresa la unidad del Cuerpo y de la Sangre del Señor en la obra de la salvación, es decir, la unidad del Cristo vivo y glorioso.