Función litúrgica
El coro, también llamado capilla musical o schola cantorum, forma parte de la asamblea reunida para la celebración y desempeña una función específica dentro de ella. Su tarea consiste en interpretar adecuadamente las partes musicales que le corresponden y favorecer que los fieles participen en el canto. Por ello, el coro no sustituye a la asamblea ni convierte la música litúrgica en una actuación independiente: presta un servicio que contribuye a la oración común.1,3
La Iglesia recomienda promover coros con especial cuidado en las catedrales y en otros templos importantes, así como en seminarios y casas de formación religiosa. También considera conveniente que existan agrupaciones, aunque sean modestas, en iglesias de menor tamaño.1
El servicio del coro requiere preparación y coordinación con los demás participantes de la liturgia, entre ellos el celebrante, el diácono, los lectores, el salmista, los músicos y la asamblea. La formación litúrgica y musical permite que cada cual desempeñe su función de manera ordenada y que el canto sirva a la celebración.3
Participación de los fieles
El coro presta apoyo al canto de la asamblea y, en determinados momentos, interpreta partes propias. Su función de guía no elimina la participación de los fieles: ayuda a sostenerla y a darle unidad. La disposición del templo debe facilitar tanto el servicio del coro como la participación litúrgica de quienes lo integran.3,4
Los miembros del coro participan en la misa como fieles y deben poder hacerlo también mediante la recepción de los sacramentos. La ordenación del espacio ha de facilitar esa participación, además de permitir que el grupo cumpla cómodamente su función musical.5



