Corregir al que se equivoca
Corregir al que se equivoca es una de las obras de misericordia espirituales fundamentales en la doctrina católica, que invita a los fieles a amonestar con caridad a quienes cometen errores o pecados graves, con el fin de promover su conversión y salvación eterna. Esta práctica, arraigada en la Escritura y la Tradición, se distingue por su motivación de amor fraterno y no de juicio personal, y se enmarca en la responsabilidad mutua de los cristianos por el bien espiritual de los demás. El artículo explora su fundamento bíblico, su desarrollo en la patrística y el magisterio, las condiciones para su ejercicio legítimo y su relevancia en la vida contemporánea de la Iglesia.
Tabla de contenido
Definición y lugar en las obras de misericordia espirituales
La corrección fraterna, conocida como corregir al que se equivoca, forma parte esencial de las siete obras de misericordia espirituales, que complementan las corporales al atender las necesidades del alma.1 Esta obra no implica un mero señalamiento de fallos, sino un acto de caridad orientado a la salvación eterna del prójimo, recordando que el silencio ante el pecado puede equivaler a complicidad.2
En la tradición eclesial, se presenta como un deber cristiano que surge de la comunión de los santos y la preocupación por el destino espiritual de los hermanos. Como enfatiza el magisterio, en un mundo individualista, recuperar esta dimensión de la caridad es crucial para avanzar hacia la santidad colectiva.1 No se trata de una acusación vengativa, sino de una intervención amorosa que busca la enmienda, similar a cómo Dios corrige a sus hijos por misericordia.
Fundamento bíblico
La Escritura ofrece múltiples fundamentos para la corrección fraterna. Jesús mismo la prescribe en el Evangelio: «Si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele a solas; si te escucha, habrás ganado a tu hermano» (Mt 18,15).1 Este mandato establece un proceso gradual: primero en privado, luego con testigos y, si es necesario, ante la comunidad, siempre con el objetivo de la reconciliación.
San Pablo exhorta: «Si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros, los espirituales, corregid al tal con espíritu de mansedumbre» (Gál 6,1), subrayando la humildad del corrector.3 Asimismo, «Reprended al sabio y te amará por ello» (Prov 9,8), indica que la admonición fortalece al justo.1 Otros pasajes, como 1 Tm 5,20 y 2 Tm 4,2, llaman a no callar ante los pecadores, pero con ternura y temor de Dios.2
Estos textos revelan que la corrección no es opcional, sino un imperativo evangélico para preservar la verdad y el amor en la comunidad.
Enseñanza de los Padres de la Iglesia
Los Padres de la Iglesia desarrollaron esta práctica con profundidad espiritual. San Basilio el Grande, en su Carta 22, afirma: «El cristiano no debe ser indiferente o silencioso ante los pecadores. Quien muestra a otro su error debe hacerlo con toda ternura, en el temor de Dios y con el objeto de convertir al pecador».2 Insiste en no guardar rencor al arrepentido y en exigir frutos de penitencia (Lc 3,8).
San Agustín, en sus Sermones, advierte contra el orgullo en la corrección: «La voz de la reprensión suene outwardly en tonos de terror, pero el espíritu de amor y mansedumbre se mantenga dentro».3 Cita a Pablo para restaurar al caído «en espíritu de mansedumbre, considerando a vosotros mismos no sea que también vosotros seáis tentados» (Gál 6,1). Así, la corrección es un servicio recíproco que cumple la ley de Cristo al soportar mutuamente las cargas.
Estos testimonios patrísticos integran la corrección en la vida monástica y comunitaria, como medio para la purificación constante de la Iglesia.4
Magisterio de la Iglesia
El Catecismo de la Iglesia Católica y los pontífices han reafirmado esta obra. Benedicto XVI, en su Mensaje para la Cuaresma de 2012, la califica de «aspecto olvidado de la vida cristiana»: «Admonish sinners» es un trabajo espiritual de misericordia, motivado por el amor y no por acusación.1 Recuerda que Cristo manda reprender al hermano en pecado (Mt 18,15) y que la Iglesia primitiva cuidaba la salud espiritual de sus miembros.
El Catecismo de Baltimore precisa condiciones: se debe amonestar cuando el pecado es mortal, se tiene autoridad o influencia, y hay esperanza de mejora.5 También permite revelar faltas a padres o superiores para corrección.6
Documentos como Redemptor Hominis de Juan Pablo II vinculan la corrección con la Penitencia sacramental, defendiendo la confesión individual como encuentro personal con Cristo.7 En contextos sociales, donde el pecado pervierte el clima moral, la caridad urge reformas y conversión de corazones (CCC 1896).8
Recientes catecismos orientales, como el de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana, enfatizan la sinergia con el Espíritu Santo en la lucha espiritual y el arrepentimiento.9
Condiciones y modo de practicar la corrección
No toda reprensión es legítima; debe cumplir condiciones estrictas para evitar males mayores:
Condiciones esenciales
Autoridad o influencia: Padres sobre hijos, superiores sobre súbditos.5
Esperanza de fruto: Si empeoraría la situación, abstenerse.5
Intención pura: Amor al prójimo y salvación eterna, no venganza.1
Modo de ejecución
En privado primero: Siguiendo Mt 18,15.1
Con mansedumbre y ternura: Evitar insultos; voz firme, corazón amoroso.2,3
Preparación personal: El corrector examina su conciencia.3
Escalada gradual: Testigos, luego autoridad.2
El Catecismo (CCC 1490) describe la conversión como dolor por el pecado y propósito de enmienda, nutrida por la esperanza en la misericordia.10
| Condición | Descripción | Fuente |
|---|---|---|
| Pecado mortal | Falta grave que daña la comunión eclesial | 5 |
| Influencia probable | Razón para creer que la admonición mejorará | 5 |
| Amor fraterno | Motivada por misericordia, no acusación | 1 |
| Mansedumbre | Espíritu humilde, no orgullo | 3 |
Relación con otros mandamientos y pecados contra la fama
Corregir al que se equivoca se contrapone a la calumnia y difamación, prohibidas en el octavo y noveno mandamientos. El Catecismo de Baltimore permite revelar faltas solo si es necesario para corrección o prevención de males mayores.6
No se confunde con chismorreo; exige discreción y fin correctivo. En la sociedad actual, donde el silencio ante el mal es común, esta obra urge a no adaptarse a mentalidades contrarias a la verdad.1
Importancia en la vida cristiana contemporánea
Hoy, en un mundo de individualismo, la corrección fraterna fomenta comunidades maduras en la fe.1 Padres, educadores y pastores deben exhortar a la penitencia corporal y espiritual para robustecer la virtud.11 La Iglesia, santa pero pecadora, necesita constante purificación mediante esta práctica.4,12
Juan Pablo II en Dominum et vivificantem ve en ella un eco del Espíritu que convence de pecado, llevando a la metanoia.13 Pío XII reitera su vigencia: «¡Arrepiéntete!» (Mc 1,15).14
Conclusión
Corregir al que se equivoca es un acto de caridad profética que edifica la Iglesia y salva almas. Requiere prudencia, humildad y oración, pero promete frutos eternos. En la nueva evangelización, su recuperación fortalece la fe y la conversión personal.12 Los fieles están llamados a practicarla con el ejemplo de Cristo, el Buen Pastor que busca la oveja perdida.
Citas
B1. «Preocupémonos los unos por los otros»: Responsabilidad hacia nuestros hermanos y hermanas, Papa Benedicto XVI. Mensaje de Su Santidad Benedicto XVI para la Cuaresma 2012, § 1 (2012). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7 ↩8 ↩9 ↩10
Sin dirección. Sobre la perfección de la vida de los solitarios, Basilio el Grande (Basilio de Cesarea). Carta 22 - Basilio el Grande (Basilio de Cesarea), § 3. ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
Agustín de Hipona. Sermones sobre lecciones seleccionadas del Nuevo Testamento - Sermón 38, § 20. ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
Sección II i. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 827 (1992). ↩ ↩2
Lección decimonovena. Sobre la confesión, Tercer Concilio Plenario de Baltimore. Un Catecismo de Doctrina Cristiana (El Catecismo de Baltimore n.º 3), § 814 (1954). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6
Lección trigésima cuarta. Del séptimo al final del décimo mandamiento, Tercer Concilio Plenario de Baltimore. Un Catecismo de Doctrina Cristiana (El Catecismo de Baltimore n.º 3), § 1312 (1954). ↩ ↩2
IV. La misión de la Iglesia y el destino del hombre - 20. Eucaristía y penitencia, Papa Juan Pablo II. Redemptor Hominis, § 20 (1979). ↩
Sección I la vocación del hombre en la vida espiritual, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1896 (1992). ↩
Parte dos - La oración de la Iglesia - II. La oración de la comunidad eclesial - C. Los santos misterios de la vida cristiana - II. Los santos misterios de la curación - A. El santo misterio del arrepentimiento 1) lucha espiritual y arrepentimiento, Sínodo de la Iglesia Católica Greco‑Ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo – Nuestra Pascua, § 452 (2016). ↩
Sección II los siete sacramentos de la Iglesia, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1490 (1992). ↩
Papa León XIII. Quod Auctoritate, § 4 (1885). ↩
Parte I: La renovación de la fe y la doctrina - 2. La reconciliación de los penitentes en la vida de la Iglesia, Congregación para la Doctrina de la Fe. La nueva evangelización y el sacramento de la penitencia, §Parte I (2015). ↩ ↩2
Parte II - El espíritu que convence al mundo respecto al pecado - 5. La sangre que purifica la conciencia, Papa Juan Pablo II. Dominum et vivificantem, § 45 (1986). ↩
Papa Pío XII. Le Pèlerinage de Lourdes, § 36 (1957). ↩
