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Corrupción en la empresa y en el mundo laboral

La corrupción en la empresa y en el mundo laboral constituye una grave deformación de la actividad económica, del trabajo y de las relaciones sociales. Desde la perspectiva católica, no consiste únicamente en infringir normas civiles o administrativas: también implica una ruptura de la justicia, de la verdad y de la responsabilidad hacia el bien común. Puede aparecer mediante sobornos, fraude, abuso de poder, falsificación de contratos, explotación laboral, favoritismo, apropiación indebida o pactos ilícitos entre dirigentes empresariales, representantes públicos y organizaciones sociales. Sus principales víctimas suelen ser los trabajadores, los consumidores, los pequeños empresarios y las personas pobres o vulnerables.

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Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCorrupción en la empresa y en el mundo laboral
CategoríaTérmino
DescripciónGrave deformación de la actividad económica, del trabajo y de las relaciones sociales que rompe la justicia, la verdad y la responsabilidad al bien común. Deterioro de una realidad que poseía un orden y una finalidad legítimos; sustitución del servicio por el interés particular, la verdad por el engaño y la responsabilidad por la impunidad
Autoridad EclesiásticaSan Agustín, San Ambrosio, Santo Tomás de Aquino, Juan Pablo II, Papa Francisco
ContextoSe manifiesta en la empresa y el mundo laboral; tiene dimensiones individual, empresarial, institucional, social y transnacional, y afecta a trabajadores, consumidores, pequeños empresarios y personas vulnerables.
EnseñanzasPrincipios católicos de verdad y buena fe, justicia conmutativa, justicia social, solidaridad, subsidiariedad, transparencia, prudencia y vigilancia para prevenir la corrupción.
ImportanciaConsiderado pecado contra la justicia, la verdad, la caridad y el bien común; genera daño a los pobres, destruye la confianza y debilita la cohesión social.
TipoTérmino moral
VirtudesHonestidad, prudencia, solidaridad, justicia, responsabilidad.

Tabla de contenido

Concepto de corrupción

La palabra corrupción designa, en sentido moral, el deterioro de una realidad que poseía un orden y una finalidad legítimos. San Agustín entendía el mal como corrupción: la injusticia corrompe la justicia, la imprudencia corrompe la prudencia y la codicia corrompe la serenidad del alma. Para él, la corrupción no pertenece a la naturaleza de las cosas, sino que la contradice y la degrada.1

Aplicada a la vida económica, la corrupción aparece cuando una persona o una organización utiliza una función, un cargo, una relación profesional o unos recursos comunes para obtener un beneficio injusto. La conducta corrupta sustituye el servicio por el interés particular, la verdad por el engaño y la responsabilidad por la impunidad.

La corrupción puede presentar una dimensión:

  • Individual, cuando una persona acepta un soborno, falsifica documentos o utiliza información reservada para enriquecerse.
  • Empresarial, cuando la organización incorpora prácticas ilícitas en su modo habitual de actuar.
  • Institucional, cuando los controles dejan de funcionar, las normas favorecen a determinados grupos o la impunidad forma parte del sistema.
  • Social, cuando la población considera normales las pequeñas trampas, el fraude o el pago de favores.
  • Transnacional, cuando intervienen empresas, intermediarios, fondos, administraciones o redes situadas en varios países.

La corrupción no pertenece exclusivamente al ámbito político. También puede afectar a las empresas, los medios de comunicación, las organizaciones sindicales, las asociaciones y las instituciones religiosas.2

Fundamento bíblico y tradición cristiana

La justicia en el comercio

La Sagrada Escritura condena con especial firmeza el fraude en los intercambios comerciales. La Ley de Israel exigía utilizar pesos y medidas justos, porque una transacción falseada perjudica especialmente a quien carece de recursos para defenderse. Los profetas denunciaron a quienes alteraban las medidas, encarecían artificialmente los bienes y obtenían beneficios a costa de los pobres. La crítica bíblica no condena el comercio en sí mismo, sino el enriquecimiento injusto que ocasiona daño al prójimo.3

San Ambrosio relacionó la honestidad comercial con la virtud moral. Consideraba vergonzosa toda acción injusta y recordaba que las pesas falsas y las medidas desiguales resultan incompatibles con la justicia. También exigía buena fe en los contratos, claridad sobre los defectos de los bienes vendidos y ausencia de engaño en cualquier acuerdo.4,5

Santo Tomás de Aquino incluyó el fraude en la compraventa dentro de las formas de robo. Su análisis abarcaba la adulteración de productos, las medidas falsas, la usura injusta y la compra de cargos o dignidades. La apropiación injusta no depende únicamente de tomar físicamente un objeto: también puede producirse mediante el engaño, la manipulación del precio o el uso ilegítimo de una posición de poder.6

El trabajo y la dignidad humana

La tradición cristiana considera el trabajo una actividad vinculada a la dignidad de la persona y al servicio de la sociedad. Por ello, la empresa no puede valorar el beneficio económico como único criterio de decisión. Una actividad rentable puede resultar moralmente injusta si logra sus resultados mediante salarios impagados, coacciones, discriminación, explotación, fraude o desprecio por la seguridad de los trabajadores.

La denuncia profética de las grandes obras construidas mediante abusos conserva plena relevancia para el mundo laboral contemporáneo. Los proyectos prestigiosos pueden esconder servidumbre, violencia económica o falta de remuneración adecuada. La Escritura condena la construcción de una ciudad sobre la sangre y la injusticia, así como la negativa a pagar a los trabajadores.7

La corrupción como pecado personal y social

La corrupción tiene una dimensión jurídica, pero su gravedad no queda agotada por la infracción de una ley. Desde la moral católica, constituye un pecado contra la justicia, la verdad, la caridad y el bien común. También puede vulnerar el séptimo mandamiento, porque implica apropiarse de bienes ajenos o privar a otros de aquello que les corresponde.

El papa Francisco describió la corrupción como una herida que amenaza los fundamentos de la vida personal y social. La codicia corruptora reemplaza a Dios por la ilusión de que el dinero concede poder y seguridad. Además, extiende la sospecha, la intriga y la complicidad, y perjudica los proyectos de las personas débiles y pobres.8

La corrupción adquiere especial gravedad cuando la persona deja de percibirla como una conducta mala y comienza a considerarla una práctica normal. El individuo corrupto puede justificar sus actos como una exigencia del mercado, una necesidad de la empresa o una costumbre generalizada. Esta normalización debilita la conciencia y convierte a otras personas en cómplices, incluso cuando no participan directamente en el beneficio económico.9

La corrupción también puede endurecer la conciencia. Francisco la describió como un proceso que dificulta la autocrítica, desacredita a quienes denuncian las irregularidades y crea una falsa apariencia de éxito. En lugar de amistad y fraternidad, la persona corrupta establece relaciones de complicidad y enemistad.10

Principales formas de corrupción en la empresa

Soborno y cohecho

El soborno consiste en ofrecer, prometer, entregar, solicitar o recibir dinero, regalos, favores u otras ventajas para influir indebidamente en una decisión. Puede intervenir un funcionario público, un directivo, un empleado, un proveedor o un intermediario privado.

Dentro de la empresa, el soborno puede orientar la adjudicación de contratos, la selección de proveedores, la concesión de licencias, la contratación de personal o la resolución de litigios. Aunque una persona alegue que el pago facilita una operación o evita un perjuicio inmediato, la participación activa o pasiva en la corrupción mantiene la injusticia y fortalece el sistema que la produce.

Fraude comercial

El fraude comercial comprende la ocultación de defectos, la falsificación de cantidades, la adulteración de productos, la manipulación de precios y la presentación engañosa de bienes o servicios. La tradición cristiana considera ilícita toda operación que priva al comprador de una información necesaria para decidir con libertad y justicia.5

También existe fraude cuando una empresa factura trabajos no realizados, presenta gastos falsos, altera resultados contables, falsea certificaciones o ofrece una calidad inferior a la pactada. La apariencia de legalidad no convierte en justa una práctica basada en el engaño.

Conflicto de intereses

Aparece un conflicto de intereses cuando una persona debe decidir en nombre de una empresa, una administración o una organización, pero mantiene intereses privados que pueden influir en su juicio. La corrupción surge cuando oculta ese conflicto y utiliza su cargo para beneficiar a familiares, socios, amistades o empresas vinculadas.

La transparencia exige comunicar las relaciones relevantes, apartarse de la decisión cuando exista una incompatibilidad y aceptar controles independientes. La falta de transparencia facilita el favoritismo y destruye la confianza en los procesos de contratación.

Malversación y apropiación indebida

La malversación consiste en destinar recursos confiados a una persona o institución a fines distintos de los legítimos. Puede afectar a fondos públicos, cuotas sindicales, capital empresarial, donaciones, presupuestos de proyectos o bienes de una comunidad laboral.

La apropiación indebida también aparece cuando un directivo utiliza recursos de la empresa para gastos personales, cuando un empleado desvía fondos o cuando un representante dispone de dinero colectivo como si fuera patrimonio propio. La responsabilidad aumenta cuando el autor ocupa una posición de confianza.

Fraude laboral

El fraude laboral incluye el impago o retraso deliberado de salarios, la ocultación de horas trabajadas, la falsificación de contratos, la utilización abusiva de falsos autónomos, la evasión de cotizaciones y la contratación irregular de personas vulnerables.

El impago del salario posee una gravedad moral particular porque afecta directamente a la subsistencia del trabajador y de su familia. Las denuncias proféticas contra quienes no remuneran a sus trabajadores muestran que la prosperidad económica no justifica la explotación.7

Explotación y coacción

La explotación laboral utiliza la necesidad económica, la situación administrativa, la pobreza o la dependencia personal para imponer condiciones injustas. Puede incluir jornadas excesivas, amenazas, retención de documentos, vivienda inadecuada, ausencia de descanso, riesgos no protegidos o salarios desproporcionadamente bajos.

La corrupción facilita estas prácticas cuando inspectores, intermediarios o responsables empresariales aceptan pagos o favores para ignorar las infracciones. De esta manera, el abuso contra los trabajadores queda protegido por una red de complicidades.

Compra de puestos y promociones

La venta de puestos de trabajo, ascensos o responsabilidades profesionales atenta contra la justicia y la igualdad de oportunidades. También perjudica a la empresa, porque sustituye la competencia y la preparación por la riqueza, el parentesco o la fidelidad personal.

Santo Tomás de Aquino consideraba una forma de robo la compra de promociones y cargos, ya que el interesado obtiene una posición que no le corresponde y desplaza injustamente a quienes poseen mayores méritos.6

Corrupción sindical y laboral

Las organizaciones sindicales cumplen una función legítima cuando defienden los derechos de los trabajadores y promueven la justicia social. Sin embargo, también pueden corromperse si sus representantes pactan con empresarios o autoridades para obtener beneficios particulares, abandonan a los trabajadores o utilizan el poder sindical en beneficio propio.

Francisco advirtió contra los acuerdos ilícitos entre dirigentes sindicales y empresarios que dejan a miles de trabajadores sin empleo. La corrupción sindical destruye familias, debilita la representación laboral y perjudica especialmente a quienes carecen de voz.11

Causas de la corrupción empresarial

La idolatría del dinero

La corrupción suele nacer de una concepción del dinero como fuente suprema de seguridad, prestigio y poder. Cuando el beneficio económico ocupa el lugar de la verdad, la justicia y la dignidad humana, cualquier medio parece aceptable para alcanzar los objetivos financieros.

La Santa Sede ha descrito la corrupción como una mentira que busca el provecho personal o grupal bajo la apariencia de servicio a la sociedad. El dinero puede convertirse así en un ídolo que aprisiona a quien lo adora y lo impulsa a justificar nuevas injusticias.2

La normalización de las pequeñas irregularidades

Muchas redes corruptas comienzan con prácticas aparentemente menores: un regalo excesivo, una factura alterada, una recomendación interesada, una comisión no declarada o el uso privado de recursos de la empresa. La persona puede convencerse de que un pequeño beneficio no causa daño o de que todo el mundo actúa de la misma manera.

Francisco rechazó expresamente esta justificación. Incluso los actos pequeños de corrupción, tanto activa como pasiva, introducen a la persona en la adoración del dinero y consolidan una cultura de complicidad.2

La presión por los resultados

Los objetivos económicos desproporcionados pueden inducir a falsear cuentas, ocultar riesgos, sobornar clientes o silenciar denuncias. La presión comercial no elimina la responsabilidad moral. Una empresa no puede exigir que sus trabajadores elijan entre conservar el puesto y participar en una injusticia.

La dirección empresarial tiene el deber de establecer objetivos compatibles con la ley, la ética profesional, la salud de los trabajadores y el respeto a los clientes y proveedores.

La ausencia de controles

La corrupción prospera cuando faltan órganos de supervisión, auditorías independientes, canales seguros de denuncia y procedimientos transparentes. Juan Pablo II afirmó que los organismos de control y la transparencia en las transacciones económicas y financieras ayudan a detener la expansión de la corrupción.12

Los controles no sustituyen la conciencia moral, pero reducen las oportunidades de abuso y permiten detectar conductas ilícitas antes de que alcancen una dimensión institucional.

Consecuencias de la corrupción

Daño a los trabajadores

La corrupción puede producir despidos injustos, pérdida de salarios, precariedad, accidentes laborales y bloqueo de promociones. Cuando una empresa utiliza sobornos para obtener contratos o ventajas, desplaza a competidores honestos y pone en peligro puestos de trabajo sostenibles.

Los pactos corruptos entre dirigentes empresariales y representantes laborales pueden dejar a miles de personas sin empleo y destruir la confianza dentro de las familias y de las comunidades.11

Daño a los pobres

Las personas pobres sufren de manera desproporcionada los efectos de la corrupción. La desviación de fondos, la ineficacia administrativa y la falta de justicia transparente retrasan servicios esenciales y dificultan el acceso a derechos básicos. Juan Pablo II observó que las consecuencias recaen principalmente sobre los miembros más débiles y marginados, que carecen de medios para defenderse.12

Destrucción de la confianza

La empresa necesita confianza entre trabajadores, directivos, clientes, proveedores, accionistas y administraciones. La corrupción rompe esa confianza porque introduce la sospecha de que las decisiones no dependen de la competencia, la calidad o la justicia, sino del dinero y de las relaciones personales.

También debilita la confianza en las instituciones públicas, especialmente cuando la justicia, la contratación pública o las inversiones dejan de actuar con transparencia e igualdad.12

Endeudamiento y empobrecimiento social

La corrupción puede contribuir a la acumulación de deuda pública, al encarecimiento de las obras y a la pérdida de recursos destinados a servicios comunes. Juan Pablo II la relacionó con situaciones de endeudamiento grave y con inversiones públicas poco transparentes, desiguales o ineficaces.12

Vinculación con otros delitos

La corrupción puede abrir el camino a delitos de mayor gravedad. Francisco la relacionó con la expansión de la droga, la prostitución, la trata de personas, la esclavitud, el comercio de órganos y el tráfico de armas. La conexión surge porque las redes corruptas protegen actividades ilícitas, compran silencios y obstaculizan la acción de la justicia.2

Responsabilidad moral de los sujetos implicados

Responsabilidad de los empresarios

Los empresarios deben orientar la actividad económica hacia la producción de bienes y servicios útiles, la creación de empleo digno y la contribución al bien común. La propiedad y la dirección de una empresa no conceden libertad para explotar, engañar o comprar voluntades.

La responsabilidad aumenta cuando la persona posee capacidad para organizar estructuras, aprobar pagos, contratar intermediarios o establecer la cultura interna de la compañía. La dirección no puede justificar una práctica corrupta alegando que beneficia a la empresa o protege temporalmente los puestos de trabajo.

Responsabilidad de los trabajadores

Los trabajadores tienen el deber de actuar con honestidad, custodiar los bienes confiados, comunicar los conflictos de intereses y rechazar la participación en fraudes. Una persona subordinada puede encontrarse bajo presión, amenaza o riesgo de despido; estas circunstancias pueden disminuir su responsabilidad moral, aunque no conviertan la injusticia en buena.

La conciencia exige buscar medios prudentes para no colaborar con el mal. Cuando exista peligro grave para la integridad personal o para terceros, la denuncia debe realizarse mediante canales seguros y con asesoramiento adecuado.

Responsabilidad de los consumidores

Los consumidores también participan en la vida económica. No deben favorecer conscientemente empresas que explotan a trabajadores, engañan a clientes o corrompen a autoridades. La responsabilidad del consumidor no equivale a atribuirle toda la carga de controlar el sistema económico, pero sí reclama honestidad, prudencia y atención a las consecuencias sociales de las decisiones de compra.

Responsabilidad de los sindicatos

Los sindicatos deben defender a los trabajadores, promover la negociación justa y proteger especialmente a quienes carecen de representación. Su misión pierde legitimidad cuando los dirigentes utilizan la organización para enriquecerse, negociar privilegios particulares o abandonar a los trabajadores más vulnerables. Francisco pidió a los movimientos sindicales que mantuvieran una solidaridad abierta a las personas excluidas y que rechazaran toda forma de corrupción.11,11

Responsabilidad de las autoridades

Las autoridades deben combatir la corrupción mediante leyes justas, órganos de control eficaces, transparencia administrativa y sanciones proporcionadas. La responsabilidad pública no consiste sólo en castigar algunos casos, sino en impedir que las estructuras permitan la impunidad.

Francisco criticó los sistemas penales que alcanzan únicamente a los responsables menores mientras dejan libres a los grandes beneficiarios. Reclamó una atención particular a los fraudes graves contra la Administración y a las maniobras destinadas a obstruir la justicia para asegurar la impunidad.10

Principios católicos para prevenir la corrupción

Verdad y buena fe

La honestidad exige presentar la información completa y veraz, evitar cláusulas engañosas, comunicar los defectos de los productos y cumplir los compromisos asumidos. San Ambrosio resumió esta exigencia mediante la defensa de la buena fe, la equidad y la verdad en los contratos.5

Justicia conmutativa

La justicia conmutativa regula los intercambios entre personas y exige dar a cada uno lo que le corresponde. Afecta a los salarios, precios, contratos, comisiones, indemnizaciones, préstamos y condiciones de compraventa.

Una empresa actúa contra esta justicia cuando paga menos de lo pactado, retiene indebidamente un salario, cobra por servicios inexistentes o vende un producto ocultando información decisiva.

Justicia social

La justicia social contempla las condiciones institucionales que permiten a las personas y a los grupos alcanzar sus derechos y participar en la vida común. La corrupción no daña únicamente a una víctima concreta: altera las reglas de acceso al empleo, a los contratos, a la financiación y a los servicios públicos.

Solidaridad

La solidaridad exige considerar las consecuencias de las decisiones empresariales sobre trabajadores, familias, consumidores, comunidades y generaciones futuras. Francisco pidió una economía que sitúe la actividad humana en el centro y que escuche especialmente a las voces menos atendidas.11

Subsidiariedad y responsabilidad

La subsidiariedad reclama que cada nivel de la sociedad asuma sus responsabilidades sin sustituir injustificadamente a los niveles inferiores. En la empresa, este principio favorece la participación de los trabajadores, la claridad en las competencias y la rendición de cuentas de quienes toman decisiones.

Transparencia

La transparencia permite conocer quién decide, con qué criterios, con qué recursos y en beneficio de quién. También facilita la supervisión y evita que los procedimientos internos dependan de favores ocultos.

Prudencia y vigilancia

La prevención necesita prudencia, vigilancia, lealtad, transparencia y valentía para denunciar las irregularidades. Francisco presentó estas virtudes como condiciones necesarias para expulsar la corrupción de la vida personal y social.8

Medidas de prevención en la empresa

Una empresa comprometida con la ética puede adoptar medidas concretas:

  • aprobar un código de conducta claro y vinculante;
  • prohibir los sobornos, pagos de facilitación, regalos desproporcionados y comisiones ocultas;
  • declarar y gestionar los conflictos de intereses;
  • separar las funciones de contratación, autorización y pago;
  • someter las cuentas a auditorías independientes;
  • registrar los contratos y las operaciones relevantes;
  • proteger a quienes denuncian irregularidades de buena fe;
  • garantizar salarios justos y condiciones laborales dignas;
  • investigar las denuncias con imparcialidad;
  • sancionar tanto a quien ofrece como a quien recibe ventajas ilícitas;
  • formar a directivos y trabajadores en responsabilidad profesional;
  • impedir que los intermediarios actúen fuera de los controles de la empresa;
  • publicar criterios objetivos para la contratación y la promoción;
  • revisar periódicamente los riesgos de fraude y abuso.

La prevención no puede reducirse a una declaración publicitaria. Requiere decisiones verificables, responsables identificables y consecuencias reales para quien incumpla.

Conversión y reparación

La respuesta cristiana a la corrupción incluye la denuncia, la justicia, la reparación y la conversión. La misericordia no elimina la responsabilidad ni permite ocultar el daño. Francisco invitó a quienes participan en la corrupción a cambiar de vida y a someterse a la justicia. También recordó que Dios rechaza el pecado, pero no rechaza al pecador que busca la conversión.8

La reparación puede exigir:

  • devolver el dinero obtenido injustamente;
  • compensar a las víctimas;
  • reconocer públicamente el daño;
  • colaborar con la investigación;
  • abandonar el cargo utilizado de manera abusiva;
  • modificar las estructuras que permitieron la corrupción;
  • restablecer los derechos de trabajadores y clientes;
  • aceptar las sanciones civiles, laborales o penales correspondientes.

Una disculpa formal sin restitución ni cambio de conducta no repara plenamente la injusticia. La conversión cristiana debe alcanzar tanto la conciencia personal como las prácticas económicas que perjudicaron a otros.

Papel de los laicos católicos

Los laicos católicos ejercen una responsabilidad particular en la empresa, la administración, la política, el sindicalismo, la investigación y las profesiones liberales. Juan Pablo II pidió una participación activa de laicos cristianos competentes, formados en la familia, la escuela y la parroquia, para promover la verdad, la honradez, la laboriosidad y el servicio al bien común.13

Esta misión exige integrar la fe con las decisiones profesionales. La vida cristiana no queda suspendida durante la jornada laboral. Un católico no puede reservar la honestidad para el ámbito privado y aceptar la corrupción como una condición inevitable del mercado.

La formación moral debe ayudar a distinguir entre prudencia y complicidad, entre legítima negociación y soborno, entre beneficio justo y enriquecimiento abusivo, entre confidencialidad profesional y encubrimiento del delito.

Valoración final

La corrupción en la empresa y en el mundo laboral destruye la finalidad humana de la economía. Convierte el trabajo en instrumento de dominio, reduce a las personas a medios para obtener ganancias y reemplaza la cooperación por la complicidad. Su daño alcanza a los trabajadores, los consumidores, las familias, las instituciones y, con especial dureza, a los pobres.

La doctrina católica reclama una economía fundada en la verdad, la justicia, la solidaridad, la dignidad del trabajo y el servicio al bien común. La prevención requiere estructuras transparentes y controles eficaces, pero también personas formadas en la virtud y dispuestas a rechazar las pequeñas concesiones que alimentan redes mayores de injusticia. La corrupción no constituye una fatalidad inevitable: puede combatirse mediante la responsabilidad profesional, la denuncia, la reparación, la conversión personal y la transformación de las estructuras económicas.

Citas y referencias

  1. El mal solo es corrupción. La corrupción no es naturaleza, sino contraria a la naturaleza. La corrupción implica un bien previo, Agustín de Hipona. Contra la Epístola Fundamental de Mani, Capítulo 35, 39 (397).
  2. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 12, 2016, 70 (2016). 2 3 4
  3. Capítulo II - El ser humano en el jardín - Necesidad y límites del trabajo humano - La riqueza, Comisión Bíblica Pontificia. «¿Qué es el hombre?» (Sal 8:5). Un itinerario de antropología bíblica, 131 (2019).
  4. Capítulo IX. Hacer trampas y maneras deshonestas de ganar dinero son totalmente inadmisibles para los clérigos cuya obligación es servir a todos. No deben involucrarse jamás en asuntos de dinero, salvo que afecten la vida de un hombre. Para ellos se cita el ejemplo de David, que no deben dañar a nadie, aun cuando se les provoque; también la muerte de Nabot, para evitar que prefieran la vida a la virtud, Ambrosio de Milán. Sobre los Deberes del Clero, Libro III. Capítulo IX. 65 (391).
  5. Capítulo X. Se nos advierte no solo en la legislación civil, sino también en las Sagradas Escrituras, evitar el fraude en todo acuerdo, como se observa en el ejemplo de Josué y los gabaonitas, Ambrosio de Milán. Sobre los Deberes del Clero, Libro III. Capítulo X. 66 (391). 2 3
  6. Artículo 9 - El séptimo mandamiento - «no robarás.», Tomás de Aquino. Explicación de los Diez Mandamientos, 9 (1273). 2
  7. Capítulo II - El ser humano en el jardín - Necesidad y límites del trabajo humano - La riqueza, Comisión Bíblica Pontificia. «¿Qué es el hombre?» (Sal 8:5). Un itinerario de antropología bíblica, 132 (2019). 2
  8. Bula de indicción del jubileo extraordinario de la misericordia, Papa Francisco. Misericordiae Vultus, 19 (2015). 2 3
  9. Saludo de su Santidad el Papa Francisco a estudiantes italianos del Instituto «La Zolla» de Milán, Papa Francisco. Audiencia General del 16 de marzo de 2022 - Catequesis sobre la vejez - 3. La vejez, Un recurso para la juventud desenfadada, 1 (2022).
  10. III. Consideraciones sobre determinadas formas de criminalidad que dañan gravemente la dignidad humana y el bien común - B) sobre el delito de corrupción, Papa Francisco. A los delegados de la Asociación Internacional de Derecho Penal (23 de octubre de 2014), III.b (2014). 2
  11. Papa Francisco. Carta del Santo Padre Francisco a los participantes en la Conferencia Internacional «De Populorum progressio a Laudato si’», 1 (2017). 2 3 4 5
  12. Capítulo II - Corrupción, Papa Juan Pablo II. Ecclesia in America, 23 (1999). 2 3 4
  13. Capítulo V - La lucha contra la corrupción, Papa Juan Pablo II. Ecclesia in America, 60 (1999).
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