El pésame a la Virgen consiste en presentar una expresión de condolencia, afecto y compañía ante una imagen de la Virgen de los Dolores, especialmente después de la celebración de la Pasión del Señor o durante las horas posteriores a la muerte litúrgicamente contemplada de Cristo.
La práctica adopta formas diversas según las regiones y las comunidades. Puede incluir una visita a la iglesia, una oración ante la imagen de la Dolorosa, el rezo del rosario, una breve meditación, el canto de lamentaciones marianas o una vigilia junto a la Virgen. En algunos lugares de América Latina recibe expresamente el nombre de El Pésame.1
La Iglesia sitúa esta devoción dentro de la piedad popular, es decir, dentro del conjunto de expresiones religiosas nacidas de la fe del pueblo cristiano y orientadas a vivir más profundamente los misterios de la liturgia. La Santa Sede recomienda recordar los dolores de la Virgen por su importancia doctrinal y pastoral, siempre en armonía con la celebración litúrgica.2
