Génesis 1:26‑27
En el relato de la creación, Dios declara: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza» (cf. Gn 1:26‑27). La Declaración «Dignitas Infinita» subraya que esta afirmación revela que la dignidad del ser humano proviene del amor creador y que la imagen de Dios está impresa de forma indeleble en cada persona1. El Evangelium Vitae también señala que la imagen incluye facultades espirituales como la razón, la libertad y la capacidad de conocer y amar a Dios2.
Perspectiva teológica temprana
Los Padres de la Iglesia, como San Ireneo y San Juan Damasceno, distinguieron entre «imagen» y «semejanza», interpretando que la imagen es un don inicial y la semejanza una vocación a crecer en santidad mediante la gracia del Espíritu Santo3.
