La credencia suele ser una mesa pequeña, fabricada con madera, piedra u otro material adecuado. La tradición litúrgica latina la sitúa en el presbiterio, cerca de una pared y, habitualmente, en el lado de la Epístola, es decir, el lado que en la disposición tradicional de la misa corresponde a la lectura de la epístola. Su ubicación concreta puede variar según la arquitectura de la iglesia y la organización de la celebración.1
La credencia es un elemento funcional del espacio litúrgico: mantiene ordenados y accesibles los objetos que los ministros necesitarán en distintos momentos de la misa. No debe confundirse con el altar, donde se presentan y consagran los dones eucarísticos, ni con la sacristía, que es la estancia destinada a guardar ornamentos, vasos y otros objetos de uso eclesiástico.1,2,3



