En teología, credibilidad no significa que los misterios de la fe resulten evidentes o plenamente comprensibles para la razón humana. Significa que existen razones para reconocer como digna de confianza la revelación cristiana y, por tanto, para acogerla libremente. La fe puede aceptar verdades que superan la comprensión natural sin convertirse por ello en un asentimiento irracional.1,2
Conviene distinguir entre creer que Dios existe, creer a Dios y creer en Dios. La primera expresión enuncia una afirmación sobre la existencia divina; la segunda indica que se acepta el testimonio de Dios porque se confía en su veracidad; la tercera añade la entrega y la confianza personales. En el cristianismo, la fe no consiste solo en admitir ciertas proposiciones: implica confiar en Dios y orientarse hacia la comunión con él.3,4
También hay que diferenciar las razones que hacen razonable creer de aquello que constituye el motivo propio del acto de fe. Los signos de credibilidad ayudan a reconocer que Dios ha hablado; el creyente, sin embargo, asiente en último término por la autoridad del mismo Dios, que no puede engañarse ni engañar.1,5


