La Iglesia Católica sostiene que la fe es un don de Dios, pero también reconoce que la razón humana tiene un papel importante en la preparación y el asentimiento a la fe1. La credibilidad de la fe se basa en varios pilares:
La Revelación Divina
La fe católica se asienta en la revelación de Dios, quien se ha manifestado a la humanidad a lo largo de la historia, culminando en Jesucristo2. Las verdades de fe superan la razón humana y no pueden ser conocidas si no son reveladas por Dios. Esta revelación llega a las personas directamente o a través de predicadores de la fe, es decir, la Iglesia3. La propuesta de la fe en la economía cristiana normal llega a los individuos a través de los discípulos de Cristo y la Iglesia, que tiene la tarea de explicar la fe con nuevas palabras a lo largo de los siglos3.
Motivos de Credibilidad
Los motivos de credibilidad son las evidencias que demuestran que las verdades afirmadas son reveladas divinamente1. Estos motivos no son la razón final para el asentimiento a las verdades de fe, sino que preceden a la fe y generan un conocimiento cierto de la revelación divina1.
Milagros y Profecías
Uno de los principales motivos de credibilidad son los milagros y las profecías. Estos hechos divinos manifiestan la omnipotencia y el conocimiento infinito de Dios, ofreciendo pruebas ciertas de Su revelación y siendo accesibles a la capacidad de todos1,4. Santo Tomás de Aquino afirma que una persona no creería a menos que viera las cosas que debe creer, ya sea por la evidencia de los milagros o algo similar1. La tradición teológica considera estos argumentos como criterios evidentes de la credibilidad racional de la fe4.
La Iglesia como Milagro Moral
La Iglesia misma es considerada un «milagro moral» y un motivo perpetuo de credibilidad4. El Concilio Vaticano I declaró que la Iglesia, por su maravillosa propagación, su admirable santidad, su inagotable fecundidad en buenas obras, su unidad católica y su estabilidad inquebrantable, es un gran y perpetuo motivo de credibilidad y un testimonio irrefutable de su misión divina1. San Agustín comparó esto diciendo: «Los Apóstoles vieron la Cabeza y creyeron en el Cuerpo; nosotros vemos el Cuerpo, creamos en la Cabeza»1.
Sublimidad de la Doctrina Cristiana
La sublimidad de la doctrina cristiana también contribuye a la credibilidad de la fe. La coherencia y la profundidad de las enseñanzas cristianas, que ofrecen una explicación última de toda la realidad y del destino humano, señalan su origen divino2. La doctrina de la Trinidad, por ejemplo, como fuente creativa y meta sobrenatural del destino humano, es presentada por Cristo, los apóstoles y la Iglesia, y su preservación en el catolicismo debe hacerse históricamente plausible2.
