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Credo

El Credo-también llamado símbolo de la fe o profesión de fe- es una síntesis de las principales verdades que confiesa la Iglesia católica. Sus fórmulas expresan la fe común de la Iglesia y, al mismo tiempo, permiten que cada creyente la profese personalmente. Las dos formas más conocidas son el Símbolo de los Apóstoles y el Credo niceno-constantinopolitano.1,2,3

El Credo, oración cristiana de confesión de fe
Ver información de la imagenEl Credo, oración cristiana de confesión de fe, c. 2024. Original, Juan Emilio Prades Bel, CC BY 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCredo
CategoríaDoctrina
DescripciónSímbolo de la fe o profesión de fe que expresa la fe común de la Iglesia. Síntesis de las principales verdades que confiesa la Iglesia católica
ReferenciasCatecismo de la Iglesia Católica, 167
ContenidoEstructura trinitaria: Dios Padre creador, Jesucristo y su obra salvadora, y el Espíritu Santo junto con la Iglesia, el perdón, la resurrección y la vida eterna.
HistoriaLigado al uso bautismal desde antiguo; incluye fórmulas principales como el Símbolo de los Apóstoles y el Credo nicenoconstantinopolitano.
Importancia EclesialPermite que cada creyente profese personalmente la fe y cumple una función de unidad en la comunidad cristiana.
TemaSímbolo de los Apóstoles, Credo nicenoconstantinopolitano, Credo del Pueblo de Dios, Bautismo, Tradición apostólica
Uso LitúrgicoSe emplea en el bautismo, en la iniciación cristiana, en la oración cristiana y en la celebración eucarística.

Tabla de contenido

Nombre y significado

La palabra credo procede del latín y significa «creo». En el uso cristiano, designa tanto el conjunto de las verdades de la fe como una fórmula breve que reúne sus contenidos fundamentales. La tradición latina también emplea el término símbolo, relacionado con el griego symbolon: una señal de reconocimiento que, por extensión, llegó a significar una síntesis o recopilación.1,3

El Credo no equivale a toda la fe cristiana. Resume sus verdades esenciales, mientras que la enseñanza completa de la Iglesia comprende el conjunto de la Palabra de Dios transmitida en la Sagrada Escritura y en la Tradición apostólica. Por eso, la catequesis explica y desarrolla lo que la fórmula proclama de manera concisa.3,4

Función en la vida de la Iglesia

El Credo tiene una dimensión personal y otra eclesial. En el Símbolo de los Apóstoles, el creyente dice «Creo» y profesa personalmente la fe de la Iglesia; en el niceno-constantinopolitano, la asamblea litúrgica proclama «Creemos». En ambos casos, la fe personal nace y crece dentro de la comunidad cristiana, que la transmite y la sostiene.2

La profesión de fe también cumple una función de unidad: reúne en una formulación común las verdades centrales que los cristianos reciben y confiesan. La Iglesia emplea profesiones de fe en la iniciación cristiana y en otras circunstancias eclesiales solemnes.1,5

Desarrollo histórico

La profesión bautismal

El uso cristiano de fórmulas de fe está estrechamente ligado al bautismo. Desde antiguo, quienes iban a recibir este sacramento profesaban su fe en el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La profesión bautismal quedó vinculada a la fórmula trinitaria del bautismo y constituye el trasfondo de las formas más antiguas del Credo.6,5

La estructura del Credo permite recorrer, de forma resumida, la historia de la salvación: comienza con Dios Padre, continúa con Jesucristo y su obra salvadora, y concluye con el Espíritu Santo, la Iglesia, el perdón de los pecados, la resurrección y la vida eterna.7

El Símbolo de los Apóstoles

El Símbolo de los Apóstoles es una de las fórmulas de fe más antiguas y conocidas. Su nombre expresa su vínculo con la fe transmitida por los apóstoles, pero no significa que los Doce redactasen literalmente la fórmula actual. El símbolo compendia la enseñanza apostólica que la Iglesia ha recibido y profesa.3,8

Su contenido confiesa la fe en Dios Padre, creador del cielo y de la tierra; en Jesucristo, su Hijo y Señor, concebido por obra del Espíritu Santo, nacido de la Virgen María, crucificado, muerto y resucitado; y en el Espíritu Santo. También proclama la Iglesia, la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección del cuerpo y la vida eterna.7

La tradición bautismal ha dado al Símbolo de los Apóstoles un lugar especial: el candidato al bautismo lo recibe como síntesis de la fe y lo profesa antes de recibir el sacramento.5

El Credo niceno-constantinopolitano

El Credo niceno-constantinopolitano desarrolla y expresa con mayor amplitud la fe trinitaria y cristológica. Su formulación está vinculada a los concilios de Nicea, celebrado en el año 325, y de Constantinopla, celebrado en el año 381. La catequesis de Juan Pablo II lo presenta como una exposición autorizada de las verdades de la fe apostólica por los dos primeros concilios ecuménicos.3

Este Credo confiesa un solo Dios, Padre todopoderoso y creador; a Jesucristo como Hijo eterno del Padre, verdadero Dios, consustancial con él, que se hizo hombre por la salvación de la humanidad; y al Espíritu Santo como Señor y dador de vida. Añade la profesión de la Iglesia una, santa, católica y apostólica, el bautismo para el perdón de los pecados, la resurrección de los muertos y la vida futura.7,9

La palabra consustancial expresa que el Hijo comparte la misma naturaleza divina que el Padre. La fórmula protege la confesión cristiana de que Jesucristo no es una criatura, sino verdadero Dios.7,9

En la tradición litúrgica occidental, la cláusula sobre el Espíritu Santo incluye la expresión «y del Hijo» (Filioque), ausente de la formulación griega citada en la versión del símbolo recogida por Denzinger. La diferencia forma parte de la historia de las formulaciones litúrgicas del Credo.9,10

Otras profesiones de fe

La historia de la Iglesia también conoce otras profesiones de fe. Entre ellas figura la Profesión solemne de fe proclamada por Pablo VI en 1968, conocida como Credo del Pueblo de Dios. Esta fórmula retomó sustancialmente la tradición nicena y ofreció explicaciones vinculadas a cuestiones teológicas de su época.8,3

Contenido y estructura

Los credos principales presentan la fe cristiana según una estructura trinitaria:

Dios Padre

La primera parte proclama la fe en un solo Dios, Padre todopoderoso y creador. La creación comprende todo cuanto existe, tanto lo visible como lo invisible.7,9

Jesucristo

La parte central confiesa a Jesucristo como Hijo único de Dios y Señor. Recoge los momentos esenciales de su vida y de su misión salvadora: la encarnación, su nacimiento de la Virgen María, la pasión bajo Poncio Pilato, la muerte, la sepultura, la resurrección, la ascensión y su venida futura para juzgar a vivos y muertos.7

El Espíritu Santo y la vida de la Iglesia

La tercera parte proclama la fe en el Espíritu Santo y en la Iglesia. Incluye la comunión de los santos, el perdón de los pecados, la resurrección corporal y la vida eterna. El Credo no presenta estas verdades como afirmaciones aisladas, sino como aspectos relacionados de una misma esperanza cristiana.7,2

Uso litúrgico

El Credo ocupa un lugar destacado en la liturgia. Su vínculo más antiguo y directo corresponde al bautismo, donde la profesión de fe acompaña la entrada del catecúmeno en la vida cristiana. La tradición litúrgica también incorporó el Credo niceno-constantinopolitano a la celebración eucarística.6

En la Iglesia católica romana, el Símbolo de los Apóstoles se emplea especialmente en la oración cristiana y en el contexto bautismal, mientras que el niceno-constantinopolitano se recita en la misa en las ocasiones previstas por la liturgia. La elección de una u otra fórmula no supone una diferencia de fe: ambas expresan la misma fe cristiana con distinto grado de desarrollo y con tradiciones de uso propias.7,6

La fe personal y la fe de la Iglesia

Decir «creo» no significa limitarse a aceptar una lista de proposiciones. La profesión cristiana expresa confianza en Dios y adhesión a la verdad que él revela. Al pronunciar el Credo, cada creyente hace suya la fe que ha recibido de la Iglesia y participa en la confesión común de la comunidad cristiana.3,2

Por eso, el Credo desempeña una función catequética y orante. Sirve como referencia fundamental para enseñar la fe, pero también como oración de alabanza y profesión pública. Su brevedad facilita memorizarlo; su contenido, en cambio, ha dado lugar a una extensa explicación teológica en la historia cristiana.3,4

Citas y referencias

  1. Símbolo de la fe, Enciclopedia Católica, Símbolo de la fe (1913). 2 3
  2. Capítulo tercero: La respuesta del hombre a Dios, Catecismo de la Iglesia Católica, 167 (1992). 2 3 4
  3. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 13 de marzo de 1985, 1 (1985). 2 3 4 5 6 7 8
  4. S. Pié-i-Ninot. El sacerdote, testigo de la fe de la Iglesia, 20 (1990). 2
  5. Símbolo de los apóstoles, Enciclopedia Católica, Símbolo de los apóstoles (1913). 2 3
  6. Uso litúrgico de los símbolos de la fe, Enciclopedia Católica, Uso litúrgico de los símbolos de la fe (1913). 2 3
  7. El símbolo de los apóstoles, Padres de la Iglesia. El Credo, 1 (325). 2 3 4 5 6 7 8
  8. S. Pié-i-Ninot. El sacerdote, testigo de la fe de la Iglesia, 21 (1990). 2
  9. El símbolo «niceno-constantinopolitano», Heinrich Joseph Dominicus Denzinger. El magisterio de la Iglesia: Enchiridion symbolorum, definitionum et declarationum de rebus fidei et morum (Enchiridion Symbolorum), 150 (1854). 2 3 4
  10. El símbolo niceno, Enciclopedia Católica, El símbolo niceno (1913).
Modificado el 30 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.33 • 136 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/0bnss94f6

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