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Creo en Dios Padre todopoderoso y creador

«Creo en Dios Padre todopoderoso y creador del cielo y de la tierra» constituye el primer artículo del Credo y el fundamento de toda la fe cristiana. La Iglesia confiesa en él la existencia de un único Dios, Padre eterno, origen libre y amoroso de todo cuanto existe, distinto de la creación y presente en la historia para sostenerla y conducirla a su plenitud.1,2

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Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCreo en Dios Padre todopoderoso y creador
CategoríaDoctrina
DefiniciónPrimer artículo del Credo y fundamento de toda la fe cristiana que confiesa la existencia de un único Dios, Padre eterno, origen libre y amoroso de todo cuanto existe.
TemaLa fe en Dios Padre todopoderoso y creador
Doctrinas RelacionadasTrinidad, Creación ex nihilo, Providencia divina
Referencias del Catecismo198

Tabla de contenido

Lugar en el Credo

El Credo comienza con Dios porque Dios es el principio y el fin de todas las cosas. Los artículos posteriores explican quién es este Dios y cómo actúa en la historia de la salvación: Padre, Hijo y Espíritu Santo; creador, redentor y santificador. La creación constituye el fundamento de todas las obras divinas, mientras que la redención manifiesta de modo supremo el amor del Padre por la humanidad.1

La fórmula aparece tanto en el Símbolo de los Apóstoles como en el Símbolo niceno-constantinopolitano. La Iglesia no presenta aquí una opinión filosófica sobre el origen del universo, sino una profesión de fe: Dios es el único Señor vivo y verdadero, Padre todopoderoso y creador de todo lo visible y lo invisible.2,3

«Creo en Dios»

La fe como adhesión a Dios

La expresión «creo en Dios» no equivale a una simple posibilidad, opinión o hipótesis. La fe implica una adhesión firme de la inteligencia y de la voluntad a Dios, que revela la verdad y merece una confianza plena. El creyente no contempla a Dios como un objeto más dentro del universo, sino que se entrega a Él como fundamento último de la verdad, del bien y de la existencia.4

La fe cristiana posee una dimensión personal y pública. El creyente acoge interiormente la verdad revelada y la profesa con los labios. Por ello, el Credo no consiste únicamente en una reflexión individual, sino en la confesión común de la Iglesia.4

El Dios único

La Iglesia confiesa un solo Dios en naturaleza, sustancia y esencia. La Trinidad no introduce tres dioses: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres Personas divinas y un único Dios. La unidad divina excluye tanto el politeísmo como la identificación de Dios con el conjunto del universo.1

El Dios de la fe cristiana es el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Dios de Israel y, definitivamente, el Padre de Jesucristo. La revelación alcanza su plenitud en el Hijo eterno hecho hombre, que permite conocer con claridad el rostro paterno de Dios.2

«Padre»

La paternidad eterna en la Trinidad

El nombre Padre designa, en primer lugar, una relación eterna dentro de la vida divina. El Padre engendra eternamente al Hijo, y el Espíritu Santo procede del Padre. Esta paternidad no comienza con la creación ni depende de la existencia de las criaturas. El Padre es eternamente Padre porque eternamente posee al Hijo.5

La paternidad divina no debe entenderse como una proyección de la paternidad humana. Las experiencias humanas de la familia pueden ayudar a comprender algo del amor paterno, pero ninguna agota el misterio de Dios. El amor del Padre celestial supera infinitamente todo amor humano y permanece fiel incluso ante el pecado y la fragilidad.6

Dios como Padre de la humanidad

Dios también recibe el nombre de Padre en relación con las criaturas. Él da la existencia, conserva el mundo y acompaña a los seres humanos con providencia. Además, mediante Jesucristo, concede a los bautizados una filiación adoptiva y les permite dirigirse a Él como Padre.6

Conviene mantener la distinción entre ambos planos:

  • En la Trinidad, Dios Padre es Padre eternamente por su relación con el Hijo.
  • Respecto a la creación, Dios es Padre porque da la existencia y cuida de sus criaturas.
  • En la vida de la gracia, los seres humanos reciben una filiación adoptiva mediante Cristo.

La filiación humana no convierte a la humanidad en una parte de la sustancia divina. La criatura permanece criatura; la adopción filial expresa un don gratuito de participación en la vida de Dios.

«Todopoderoso»

El sentido de la omnipotencia divina

La omnipotencia significa que Dios posee poder absoluto sobre todo cuanto existe fuera de Él. Nada creado puede limitar su señorío ni obligarle a actuar. Dios crea libremente, conserva el universo y gobierna la historia según su sabiduría.7,4

Sin embargo, la omnipotencia no equivale a un poder irracional o arbitrario. Dios no actúa contra su propia verdad, bondad o sabiduría. Su poder es el poder de un Dios infinitamente perfecto: la omnipotencia divina siempre actúa en armonía con la sabiduría y el bien. Dios no quiere algo bueno simplemente porque lo imponga una voluntad sin medida; su voluntad es buena porque pertenece al Dios que es la plenitud del ser, de la verdad y del amor.

Dios crea porque quiere crear, pero su voluntad creadora no responde a capricho ni a necesidad. La creación procede de una libertad sabia y de un amor eterno.7

Omnipotencia y misterio del mal

La afirmación de que Dios es todopoderoso no significa que el mal posea una fuerza rival semejante a la de Dios. El mal no constituye un principio eterno enfrentado al Creador. La fe cristiana sostiene que Dios es el único Dios y que toda criatura depende de Él.

La presencia del sufrimiento y del pecado plantea un misterio que la omnipotencia, entendida cristianamente, no elimina mediante explicaciones simplistas. Dios permite el mal sin aprobarlo y orienta la historia hacia la victoria definitiva del bien. En Jesucristo, el Padre revela que su poder alcanza su expresión suprema en el amor que salva, no en la violencia o en la imposición.

«Creador del cielo y de la tierra»

Dios, origen de todo lo visible y lo invisible

Dios creó «el cielo y la tierra», es decir, todo el universo material y toda la realidad espiritual. Nada queda fuera de su señorío creador. La creación comprende tanto las realidades que pueden percibirse mediante los sentidos como las criaturas espirituales, cuya existencia depende igualmente de Dios.1,5

Dios no forma parte del universo como un elemento más. Él trasciende el mundo y permanece realmente distinto de él. El Concilio Vaticano I confiesa que Dios es distinto de la creación por su misma realidad y esencia, y que posee en sí la plenitud de la felicidad y de toda perfección.3

Creación ex nihilo

La Iglesia enseña que Dios crea ex nihilo, expresión latina que significa «de la nada». Esto no describe una materia previa a la que Dios habría dado forma. Significa que Dios produce libremente el ser de las criaturas sin utilizar un material eterno independiente de Él. Antes de la acción creadora no existía una realidad creada que pudiera servir como fundamento autónomo del universo.7,4

La creación ex nihilo implica tres verdades:

  1. Dios es el único principio absoluto de todo lo creado.
  2. La criatura depende radicalmente de Dios para existir.
  3. El universo no es divino, porque recibe el ser de Dios y no posee en sí mismo la plenitud del ser.

La creación no constituye un acontecimiento limitado al comienzo temporal del universo. Dios conserva continuamente en la existencia todo cuanto ha creado. Si Dios dejara de comunicar el ser, la criatura dejaría de existir. Por eso, la dependencia de la creación respecto al Creador es permanente.

Creación y emanación

La creación ex nihilo debe distinguirse de la emanación. En un sistema emanacionista, las realidades inferiores proceden necesariamente de una realidad superior como una especie de desbordamiento o derivación de su propia sustancia. Tal concepción tiende a presentar el mundo como una extensión de Dios o como una realidad que brota necesariamente de la divinidad.

La doctrina cristiana rechaza esa identificación entre Dios y el mundo. Dios no se transforma en el universo, ni el universo constituye una parte de Dios. El Creador y la criatura poseen un modo de ser radicalmente distinto: Dios existe por sí mismo; la criatura recibe el ser.3

La creación tampoco resulta necesaria para Dios. Dios es eternamente perfecto y no necesita producir el mundo para alcanzar una plenitud que antes le faltara. La creación nace de una decisión libre y amorosa de Dios, no de una necesidad interna ni de una pérdida de sustancia divina.7

Creación, conservación y providencia

Dios conserva el universo

La acción creadora no queda encerrada en el pasado. Dios mantiene en la existencia todas las cosas y gobierna el mundo con sabiduría. La fe cristiana contempla el universo como una realidad dependiente de Dios en cada instante, aunque posea una consistencia y unas leyes propias.4

La conservación divina no elimina la actividad de las criaturas. Dios concede a los seres creados capacidades verdaderas y permite que actúen como causas subordinadas. La autonomía de la creación nunca significa independencia absoluta respecto a Dios.

Dios es Señor de la historia

Al crear el universo y a la humanidad, Dios inaugura también la historia. Su señorío no consiste en una dominación externa y arbitraria, sino en la acción del Creador que sostiene y conduce sus obras. La historia humana permanece abierta a la libertad, la responsabilidad y la respuesta al amor divino.7

La providencia alcanza su plenitud en la salvación. El Padre no abandona a la humanidad después de crearla, sino que la llama a la comunión con Él y entrega a su Hijo para liberar del pecado. En Cristo, la creación y la redención forman parte de un único designio de amor.6,2

Consecuencias para la vida cristiana

Adoración y confianza

Confesar a Dios como Padre todopoderoso y creador conduce a la adoración. La criatura reconoce que no constituye el origen de sí misma y que todo bien recibido procede, en último término, de Dios. Esta verdad alimenta la humildad, la gratitud y la confianza.

La omnipotencia divina permite afrontar la incertidumbre sin convertir a Dios en un instrumento para satisfacer cualquier deseo. El creyente confía en un Padre sabio y bueno, incluso cuando no comprende sus caminos.

Dignidad de la creación

Todo cuanto Dios crea posee una bondad recibida. La creación no es divina, pero tampoco carece de valor. El mundo merece respeto porque procede de la voluntad sabia y amorosa del Creador. La persona humana posee una dignidad singular, aunque permanezca siempre criatura y no pueda confundirse con Dios.

Responsabilidad humana

La fe en el Creador fundamenta la responsabilidad. El ser humano no puede tratar el mundo como propiedad absoluta ni utilizarlo arbitrariamente. Ha recibido la creación como don y tarea. La administración de los bienes, el cuidado de la vida y la búsqueda de la justicia forman parte de una respuesta coherente al reconocimiento de Dios como Señor de todo.

Síntesis teológica

El primer artículo del Credo contiene una visión completa de Dios y del mundo:

  • Un solo Dios, distinto de toda criatura.
  • Padre eterno, que engendra al Hijo y, con el Hijo, es principio del Espíritu Santo según la fe trinitaria.
  • Padre de la humanidad, porque da la existencia y ofrece la filiación adoptiva en Cristo.
  • Todopoderoso, con un poder inseparable de la sabiduría, la bondad y el amor.
  • Creador, que llama libremente a todas las cosas a la existencia ex nihilo.
  • Conservador y Señor de la historia, que sostiene la creación y la conduce hacia su plenitud.

Confesar «Creo en Dios Padre todopoderoso y creador» significa reconocer el origen, el fundamento y el destino último de toda realidad. El mundo no procede del azar absoluto ni de una emanación necesaria de Dios: procede de la libertad amorosa del Padre, permanece sostenido por su providencia y encuentra en Jesucristo el camino de retorno a la comunión divina.

Citas y referencias

  1. Capítulo uno: creo en Dios Padre, Catecismo de la Iglesia Católica, 198 (1992). 2 3 4
  2. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 24 de julio de 1985, 1 (1985). 2 3 4
  3. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 4 de septiembre de 1985, 1 (1985). 2 3
  4. El credo - Artículo 1 - Significado de este artículo, Papa Pío V. Catecismo del Concilio de Trento, El Credo - Artículo 1 (1566). 2 3 4 5
  5. Primera parte - La fe de la Iglesia - II. Creemos en la Trinidad, una en esencia y indivisible - A. Creemos en Dios Padre, Sínodo de la Iglesia Greco-Católica Ucraniana. Catecismo de la Iglesia Católica Ucraniana: Cristo, nuestra Pascua, 74 (2016). 2
  6. Creo en Dios, Padre todopoderoso, Papa Benedicto XVI. Audiencia general del 30 de enero de 2013: Creo en Dios, Padre todopoderoso, 1 (2013). 2 3
  7. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 18 de septiembre de 1985, 1 (1985). 2 3 4 5
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