Dios, origen de todo lo visible y lo invisible
Dios creó «el cielo y la tierra», es decir, todo el universo material y toda la realidad espiritual. Nada queda fuera de su señorío creador. La creación comprende tanto las realidades que pueden percibirse mediante los sentidos como las criaturas espirituales, cuya existencia depende igualmente de Dios.,
Dios no forma parte del universo como un elemento más. Él trasciende el mundo y permanece realmente distinto de él. El Concilio Vaticano I confiesa que Dios es distinto de la creación por su misma realidad y esencia, y que posee en sí la plenitud de la felicidad y de toda perfección.
Creación ex nihilo
La Iglesia enseña que Dios crea ex nihilo, expresión latina que significa «de la nada». Esto no describe una materia previa a la que Dios habría dado forma. Significa que Dios produce libremente el ser de las criaturas sin utilizar un material eterno independiente de Él. Antes de la acción creadora no existía una realidad creada que pudiera servir como fundamento autónomo del universo.,
La creación ex nihilo implica tres verdades:
- Dios es el único principio absoluto de todo lo creado.
- La criatura depende radicalmente de Dios para existir.
- El universo no es divino, porque recibe el ser de Dios y no posee en sí mismo la plenitud del ser.
La creación no constituye un acontecimiento limitado al comienzo temporal del universo. Dios conserva continuamente en la existencia todo cuanto ha creado. Si Dios dejara de comunicar el ser, la criatura dejaría de existir. Por eso, la dependencia de la creación respecto al Creador es permanente.
Creación y emanación
La creación ex nihilo debe distinguirse de la emanación. En un sistema emanacionista, las realidades inferiores proceden necesariamente de una realidad superior como una especie de desbordamiento o derivación de su propia sustancia. Tal concepción tiende a presentar el mundo como una extensión de Dios o como una realidad que brota necesariamente de la divinidad.
La doctrina cristiana rechaza esa identificación entre Dios y el mundo. Dios no se transforma en el universo, ni el universo constituye una parte de Dios. El Creador y la criatura poseen un modo de ser radicalmente distinto: Dios existe por sí mismo; la criatura recibe el ser.
La creación tampoco resulta necesaria para Dios. Dios es eternamente perfecto y no necesita producir el mundo para alcanzar una plenitud que antes le faltara. La creación nace de una decisión libre y amorosa de Dios, no de una necesidad interna ni de una pérdida de sustancia divina.