El Espíritu Santo en la Trinidad
El Espíritu Santo es la Tercera Persona de la Santísima Trinidad, coigual y coeterno con el Padre y el Hijo1. Según la tradición patrística, procede del Padre y, en la teología occidental, también del Hijo por el filioque1. Esta doble procedencia refleja la unidad y la comunión interna de la divinidad2.
«El Espíritu Santo es la Persona divina que es igualmente adorada y glorificada con el Padre y el Hijo, procediendo del Padre y expresando la Palabra.»2
El Papa Juan Pablo II describió al Espíritu Santo como «Persona‑Amor; Persona‑Don» y como la fuente del amor que une al Padre y al Hijo3. En la encíclica Dominum et Vivificantem afirma que el Espíritu es «el amor supremo que une ambas Personas»4.
Acción del Espíritu Santo en la vida del creyente
El Espíritu Santo ilumina la fe, fortalece la caridad y concede los dones que hacen posible la santificación del hombre5. A través del Espíritu, la gracia de Cristo se infunde en el alma, sanando el pecado y elevando al creyente a la divinización (participación en la naturaleza divina)3. Los frutos del Espíritu – caridad, alegría, paz, paciencia, etc. – son el signo visible de esta transformación6,7.
El Espíritu también guía a la Iglesia a la verdad completa (cf. Juan 16:13) y une a los fieles en comunión (cf. 1 Cor 12:12‑13)8,9.

