El Credo Niceno‑Constantinopolitano
El Credo, formulado en el Concilio de Nicea (325) y completado en el Concilio de Constantinopla I (381), declara que Jesús «es el Hijo único, engendrado del Padre, verdadero Dios de verdadero Dios… y que resucitó al tercer día según las Escrituras»1. La frase «que resucitó» subraya la culminación del misterio pascual y la confirmación de la plena divinidad del Verbo encarnado2.
Desarrollo doctrinal sobre la Resurrección
Desde los Padres de la Iglesia hasta el Concilio de Calcedonia (451), la Resurrección se ha entendido como el acto que valida tanto la naturaleza humana como la divina de Cristo. La Mysterium Filii Dei enfatiza que la resurrección «es la gloriosa exaltación del Hijo por quien todas las cosas fueron hechas» y que «el mismo cuerpo que padeció la muerte fue transformado y glorificado»3. El Enchiridión Symbolorum repite la fórmula completa del Credo, incluyendo la resurrección como elemento indispensable de la fe cristiana4.

