Crucifijo de San Damián

El Crucifijo de San Damián es un icono crucifero de estilo bizantino del siglo XII, venerado en la tradición católica por su conexión directa con San Francisco de Asís. Situado originalmente en la ermita de San Damián en Asís, este crucifijo fue testigo del momento en que Cristo habló al santo, llamándole a reparar la Iglesia. Hoy se conserva en la Basílica de Santa Clara de Asís, donde atrae a miles de peregrinos. Su significado trasciende lo artístico para convertirse en símbolo de conversión, obediencia y renovación eclesial, inspirando la espiritualidad franciscana y la devoción universal a la Pasión de Cristo.1,2,3,4,5
Tabla de contenido
Historia del Crucifijo de San Damián
Origen y características artísticas
El Crucifijo de San Damián es una pintura sobre madera de gran tamaño, típica del arte bizantino-románico del siglo XII, con una figura de Cristo crucificado en actitud de vida y triunfo, no de agonía. Mide aproximadamente 191 cm de alto por 134 cm de ancho, y destaca por su estilo hierático: Cristo tiene los ojos abiertos, mirando directamente al espectador, con el cuerpo recto y las manos abiertas en gesto de bendición. A los lados de la cruz se representan la Virgen María y el discípulo amado, San Juan Evangelista, junto con figuras de los ángeles y símbolos de la Pasión.
Esta obra, anónima, refleja la influencia oriental en la iconografía italiana medieval, donde el crucificado no aparece sufriente sino glorioso, recordando la victoria sobre la muerte. Su colocación en la pequeña iglesia de San Damián, en ruinas en el siglo XIII, subraya su rol como foco de oración en un lugar de retiro eremítico.6,7,4
La iglesia de San Damián en el contexto medieval
La ermita de San Damián, situada a las afueras de Asís, era un oratorio semiderruido en la época de San Francisco. Construida sobre restos romanos y dedicada a San Damián mártir, servía como lugar de oración para los pobres y marginados. Francisco, en su proceso de conversión alrededor de 1205, frecuentaba este sitio, atraído por su simplicidad. El crucifijo colgaba sobre el altar mayor, iluminado por una ventana que permitía su contemplación en la penumbra, fomentando una atmósfera de intimidad espiritual.2,3,5
El encuentro milagroso con San Francisco de Asís
El llamado divino a la reparación de la Iglesia
El episodio central de la historia del Crucifijo de San Damián ocurrió hacia 1205, cuando San Francisco, un joven de familia acomodada en proceso de conversión, oraba intensamente en la ermita. Según las fuentes hagiográficas, Cristo crucificado cobró vida y se dirigió a él tres veces con las palabras: «Francisco, ve y repara mi casa, que, como ves, está cayendo en ruinas».
Francisco interpretó inicialmente este mensaje de forma literal: vendió telas de su padre para financiar la restauración física de San Damián, lo que provocó un conflicto familiar y su renuncia pública a las riquezas ante el obispo de Asís. Sin embargo, el llamado tenía un doble sentido simbólico: la «casa en ruinas» representaba no solo el edificio, sino la Iglesia universal, afectada por la tibieza espiritual, el clero negligente y las herejías de la época.1,2,3,5
Este milagro marcó el inicio de la vocación franciscana, impulsando a Francisco a fundar la Orden de los Frailes Menores y a abrazar la pobreza evangélica. Fuentes como la Vida segunda de Tomás de Celano y las audiencias papales lo describen como un momento de profunda simbología, donde la voz del Crucificado inicia la renovación eclesial.2,3
Testimonios contemporáneos y tradición hagiográfica
La tradición franciscana, recogida en las Floretti y biografías tempranas, enfatiza la emoción de Francisco: cayó postrado, temblando de reverencia. Este suceso se propagó rápidamente en Asís, atrayendo seguidores. Papa Benedicto XVI lo interpretó como un llamado a la fidelidad evangélica en tiempos de crisis interna de la Iglesia.2,3
Significado teológico y espiritual
Símbolo de conversión y obediencia
El Crucifijo de San Damián encarna la teología de la Cruz franciscana: no un signo de derrota, sino de victoria y reconciliación. Invita a la adoración eucarística y a la imitación de Cristo humilde, como exhorta Benedicto XVI: fijar la mirada en el Crucificado para entrar en el amor de Dios.1
En la espiritualidad de Santa Clara, primera discípula de Francisco, el crucifijo se convierte en espejo del alma: sus ojos grandes fascinaron a la santa, quien lo contemplaba para examinar su vida.4
Influencia en la oración franciscana
Ante este crucifijo, Francisco compuso su famosa Oración ante el Crucifijo de San Damián: «Altísimo, glorioso Dios, ilumina las tinieblas de mi corazón y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta…». Esta plegaria, recitada en la liturgia de las Horas franciscana, pide las virtudes teologales para cumplir la voluntad divina.1
Papa León XIV, en 2026, alude a este crucifijo como fuente de paz y reconciliación en tiempos de conflicto.8
Traslado y conservación actual
Del traslado desde San Damián a la Basílica de Santa Clara
Tras la muerte de Francisco (1226), la comunidad de clarisas ocupó San Damián, donde Clara vivió hasta 1253. El crucifijo permaneció allí hasta 1257, cuando, ante amenazas de invasión, fue trasladado a la nueva Basílica de Santa Clara en Asís para su protección. Hoy se venera en una capilla dedicada, visible a los fieles, y restaurado en varias ocasiones para preservar su policromía original.4
Estado actual y restauraciones
El icono se mantiene en perfecto estado gracias a intervenciones conservadoras, como la de 1992. La Basílica de Santa Clara, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, recibe anualmente cientos de miles de visitantes atraídos por este tesoro franciscano.4
Devoción y peregrinaciones
El Crucifijo de San Damián es centro de peregrinaciones franciscanas, especialmente durante el Jubileo de 2026 por el octavo centenario de la muerte de Francisco. Grupos juveniles y familias lo visitan para pedir conversión personal y renovación eclesial. En la Jornada Mundial de la Juventud, ha sido invocado como símbolo de vocación.8,2
Fiestas litúrgicas asociadas incluyen la conmemoración de San Francisco (4 de octubre) y la de Santa Clara (11 de agosto), con procesiones y adoraciones especiales.
Representaciones en el arte, literatura y cultura
En el arte sacro
El Crucifijo inspiró innumerables copias y representaciones, como en frescos de Giotto en la Basílica de San Francisco. Artistas como El Greco y escultores barrocos lo reinterpretaron, enfatizando sus ojos penetrantes.7
En la literatura y música
Dante Alighieri alude indirectamente a Francisco en la Divina Comedia, vinculándolo a la cruz. Himnos franciscanos y oratorios modernos lo evocan. En la cultura popular, aparece en películas como Hermano Sol, Hermana Luna de Franco Zeffirelli.
Legado en la Iglesia contemporánea
El Crucifijo de San Damián sigue siendo un llamado profético a la reforma interior de la Iglesia, como recordaron Juan Pablo II y Benedicto XVI. En un mundo dividido, invita a construir puentes, como reza la oración de León XIV.8,9
Para los fieles, representa la presencia viva de Cristo, exhortando a la oración ante el Santísimo y la acción caritativa.1
Citas
Carta a los filipenses: Himno cristológico, Papa Benedicto XVI. Audiencia General del 27 de junio de 2012 (2012). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
San Francisco de Asís, Papa Benedicto XVI. Audiencia General del 27 de enero de 2010 (2010). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6
San Francisco de Asís, Papa Benedicto XVI. Audiencia General del 27 de enero de 2010: San Francisco de Asís (2010). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
Papa Benedicto XVI. Carta al Obispo de Asís-Nocera Umbra-Gualdo Tadino con motivo del «Año de Santa Clara» (1 de abril de 2012) (2012). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler: Tomo IV, § 27 (1990). ↩ ↩2 ↩3
Crucifijo de altar, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Crucifijo de altar (1913). ↩
Arqueología de la cruz y el crucifijo, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Arqueología de la cruz y el crucifijo (1913). ↩ ↩2
Carta del Santo Padre Leo XIV a los ministros generales de la Conferencia de la Familia Franciscana con motivo de la apertura del VIII centenario de la muerte de San Francisco de Asís [Asís, 10 de enero de 2026], Papa Leo XIV. Carta del Santo Padre Leo XIV a los Ministros Generales de la Conferencia de la Familia Franciscana con motivo de la apertura del VIII Centenario de la muerte de San Francisco de Asís, § 1 (7). ↩ ↩2 ↩3
Papa Juan Pablo II. 4 de junio de 1995: Misa para los miembros de la Congregación de los Sagrados Corazones en la Solemnidad de Pentecostés en Bruselas – Homilía (1995). ↩
