La riqueza del Crucifijo de San Damián no depende solo de la figura de Jesús. Los personajes secundarios forman una verdadera lectura teológica de la escena.
Cristo crucificado
Cristo ocupa el eje vertical de la composición. Su cabeza aparece inclinada, aunque conserva una expresión serena y majestuosa. El nimbo crucífero identifica su condición divina. En él aparecen las letras griegas que proclaman su identidad: Ὁ ὬΝ, «El que es», una alusión al nombre divino revelado en la Escritura.
El rostro combina humanidad y gloria. Jesús lleva la corona de espinas, pero también manifiesta la dignidad del Señor resucitado. El paño de pureza y las heridas recuerdan su verdadera humanidad y la realidad corporal de la pasión.
La inscripción superior
En la parte superior aparece Cristo resucitado ascendiendo hacia el Padre. La mano divina, representada en lo alto, acoge al Hijo y expresa la comunión entre el Padre y el Crucificado.
Junto a esta zona figura la inscripción latina IHS NAZARE REX IUDEORUM, abreviatura de «Jesús Nazareno, Rey de los Judíos». La inscripción alude al título colocado sobre la cruz por orden de Poncio Pilato y presenta a Jesús como rey, no en sentido político, sino como Mesías y Señor.
María y san Juan
A ambos lados del cuerpo de Cristo aparecen la Virgen María y san Juan Evangelista. María contempla a su Hijo con actitud de dolor contenido y de fe. San Juan, situado junto a ella, representa al discípulo amado y a todos los discípulos que permanecen junto a Cristo en la hora de la pasión.
La proximidad entre María y Juan recuerda las palabras de Jesús en el Evangelio de san Juan: Cristo entrega su madre al discípulo y el discípulo a María. La escena posee, por tanto, una dimensión eclesial: junto a la cruz nace una comunidad reunida alrededor del Señor.
María Magdalena
María Magdalena aparece junto a la Virgen y san Juan. Su presencia evoca su fidelidad a Jesús durante la pasión y su papel como primera testigo de la resurrección.
En el icono, Magdalena no representa solo el arrepentimiento personal. También encarna la respuesta amorosa del discípulo que permanece junto a Cristo cuando muchos huyen. Su figura enlaza la muerte de Jesús con el anuncio pascual.
María de Cleofás
La tradición identifica otra de las figuras femeninas como María de Cleofás. Su inclusión amplía el grupo de las mujeres que acompañaron a Jesús hasta el Calvario.
La presencia de varias mujeres junto a la cruz manifiesta que la pasión no aparece como una experiencia aislada de Cristo, sino como un acontecimiento contemplado por una comunidad de testigos. Ellas simbolizan la fidelidad, la compasión y la perseverancia de la Iglesia.
El centurión y su hijo
En la parte inferior del grupo de testigos aparece el centurión romano que reconoce la identidad de Jesús. Según la tradición iconográfica, también figura su hijo, que levanta la mano en un gesto de reconocimiento.
El centurión representa a los pueblos paganos llamados a la fe. La cruz no queda reservada a Israel: desde ella Cristo atrae a toda la humanidad. La confesión del soldado anticipa la expansión universal del Evangelio.
Longinos
Otra figura masculina corresponde tradicionalmente a Longinos, el soldado que atraviesa el costado de Jesús con una lanza. La sangre y el agua que brotan del costado de Cristo evocan el bautismo y la Eucaristía, así como el nacimiento de la Iglesia.
Longinos aparece mirando a Cristo. Su gesto convierte al agresor en testigo: quien participa en la muerte del Señor llega a reconocer quién es Jesús.
Estéfanos
En el lado opuesto suele identificarse a Estéfanos, el soldado que ofreció a Jesús una esponja empapada en vinagre. Su pequeño tamaño responde a la perspectiva jerárquica medieval, que concede mayor importancia visual a las figuras vinculadas directamente con el misterio de la salvación.
Los ángeles
Varios ángeles rodean a Cristo y dialogan entre sí. Sus gestos dirigen la atención hacia las heridas del Señor y hacia el significado glorioso de la pasión.
Los ángeles actúan como intérpretes de la escena. No contemplan una derrota, sino la manifestación del amor redentor de Dios. Su presencia transforma el Calvario en una liturgia celestial.
Los santos patronos de Asís
En la parte inferior aparecen san Damián y san Rufino, patronos vinculados a la iglesia y a la ciudad de Asís. Su presencia conecta el acontecimiento evangélico con la comunidad cristiana local.
La representación de estos santos expresa que la cruz de Cristo continúa actuando en la historia de la Iglesia. El misterio del Calvario no pertenece solo al pasado: alcanza a la comunidad que venera el icono.
El gallo
En la zona inferior aparece el gallo relacionado con la negación de san Pedro. Este detalle recuerda la fragilidad humana y la necesidad de la conversión.
El gallo también introduce una tensión espiritual en la imagen: junto al triunfo de Cristo aparece la infidelidad del discípulo. La obra proclama la victoria del Señor, pero no oculta el pecado ni la debilidad de quienes lo siguen.
Los pequeños personajes inferiores
Bajo los pies de Cristo aparecen pequeñas figuras, tradicionalmente interpretadas como santos o como testigos de la gloria. Su tamaño reducido expresa su condición subordinada frente a Cristo, centro absoluto de la composición.
Algunas interpretaciones han relacionado estas figuras con la comunidad de los redimidos. La lectura general mantiene una idea coherente: todos los santos reciben su vida de la cruz y participan del triunfo del Salvador.