Aparición legendaria
La tradición local atribuye el origen de la Cruz de Caravaca a un milagro acaecido en el siglo XIII, durante la presencia de los Templarios en la región. Según la leyenda, en el año 1231, durante una misa celebrada por el sacerdote Ginés Pérez, un ángel habría depositado la cruz sobre el altar, permitiendo la continuación del sacrificio eucarístico ante la falta de elementos litúrgicos. Esta narración, aunque piadosa, subraya la profunda devoción a la Santa Cruz característica de Caravaca y sus alrededores, como ha sido destacada en documentos eclesiásticos.1
Contexto histórico en la comarca
Caravaca de la Cruz ha sido un enclave de fervor religioso, reflejado en su nombre mismo, que evoca la centralidad de la cruz en su identidad espiritual. En el siglo XVI, Santa Teresa de Jesús fundó un convento de monjas carmelitas descalzas en la villa en 1576, como parte de su obra de reforma carmelita. Este establecimiento, narrado en su Libro de las Fundaciones, enfrentó oposiciones pero atrajo almas generosas a la vida austera, integrándose en la tradición local de veneración cruz.3,2
