A lo largo de los siglos XII y XIII, se lanzaron varias Cruzadas importantes, cada una con sus propias características y resultados.
La Segunda Cruzada (1147-1149)
Esta Cruzada fue provocada por la reconquista de Edesa por parte de los musulmanes en 1144. Promovida por el celo de San Bernardo de Claraval, la Segunda Cruzada no logró sus objetivos y terminó con la reconquista de Jerusalén por parte de Saladino en 1187, un evento que conmocionó a la cristiandad occidental.
La Tercera Cruzada (1189-1192)
Conocida como la «Cruzada de los Reyes», contó con la participación de figuras como Federico Barbarroja, Ricardo Corazón de León y Felipe II de Francia. Durante esta Cruzada, Ricardo Corazón de León conquistó San Juan de Acre en 1191 y logró una tregua efímera con Saladino en 1192, aunque Jerusalén permaneció bajo control musulmán.
La Cuarta Cruzada (1202-1204)
Esta Cruzada tomó un desvío significativo de su objetivo original. En lugar de dirigirse a Tierra Santa, fue desviada hacia Constantinopla. Inicialmente, los cruzados restauraron al emperador bizantino Isaac II Ángelo en 1203, pero luego, motivados por el deseo de conquista de sus líderes, saquearon la ciudad en 1204, estableciendo el Imperio Latino y dañando gravemente las relaciones entre las Iglesias de Oriente y Occidente.
La Quinta Cruzada (1217-1221)
Declarada por el Cuarto Concilio de Letrán en 1215, esta Cruzada llevó a la conquista de Damieta en 1219, pero la ciudad tuvo que ser abandonada posteriormente tras una derrota humillante.
La Sexta Cruzada (1228-1229)
El emperador Federico II logró recuperar Jerusalén en 1229, no a través de la fuerza militar, sino mediante la diplomacia, lo que representó un enfoque diferente en la historia de las Cruzadas.
La Séptima Cruzada (1248-1254)
Esta Cruzada fue motivada por la reconquista islámica de Jerusalén en 1244. San Luis IX de Francia asumió el mando, reconquistando Damieta en 1249. Sin embargo, fue derrotado y capturado, teniendo que pagar un rescate para recuperar su libertad.
La Octava Cruzada (1270)
El mismo San Luis IX participó en la última gran Cruzada. Desembarcó en Túnez en 1270, pero falleció allí a causa de la peste en agosto de ese año.