La ruptura con Roma
La persecución contra los católicos ingleses comenzó en el contexto de la ruptura entre la Corona inglesa y la Santa Sede. Enrique VIII promovió el cisma de Inglaterra y, mediante el Acta de Supremacía de 1534, atribuyó al monarca la autoridad suprema sobre la Iglesia en Inglaterra. Las reformas posteriores de Eduardo VI consolidaron cambios doctrinales y litúrgicos de inspiración protestante.1,3
El reinado de María Tudor produjo una restauración católica temporal, pero la subida al trono de Isabel I en 1558 abrió una nueva etapa de medidas anticatólicas. El Acta de Uniformidad de 1559 impuso el culto oficial y castigó la participación en la misa católica. Las disposiciones religiosas de la Corona presentaron la fidelidad a Roma como una forma de deslealtad política.3
Sacerdotes clandestinos y fieles católicos
A partir de la segunda mitad del siglo XVI, numerosos seminaristas ingleses recibieron formación sacerdotal en centros del continente europeo, especialmente en Douai, Valladolid y Roma. Muchos regresaron clandestinamente a Inglaterra para celebrar la misa, administrar los sacramentos y atender a las comunidades católicas que carecían de sacerdotes. El regreso al país podía implicar una condena a muerte.4,3
Las leyes promulgadas durante el reinado de Isabel I prohibieron el ministerio de los sacerdotes católicos y castigaron también a quienes les ofrecieran alojamiento o ayuda. La legislación llegó a equiparar la presencia de un sacerdote católico con un acto de alta traición. Después de la llegada de Jacobo I, los juramentos que negaban la autoridad del papa provocaron nuevas condenas contra quienes se negaban a prestarlos.3
Los mártires pertenecían a distintos estados de vida y estratos sociales. Entre ellos hubo sacerdotes diocesanos, jesuitas, benedictinos, cartujos, franciscanos, agustinos y brigidinos, además de hombres y mujeres laicos. Su testimonio incluyó la celebración clandestina de la misa, la protección de sacerdotes perseguidos, la negativa a reconocer la supremacía religiosa del monarca y la perseverancia en la comunión con Roma.4,5,6




