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Cuarenta mártires de Inglaterra y Gales

Los Cuarenta mártires de Inglaterra y Gales son un grupo de santos católicos -sacerdotes, religiosos y laicos- que dieron la vida por su fidelidad a la Iglesia católica y al papa durante las persecuciones religiosas desarrolladas en Inglaterra y Gales entre los siglos XVI y XVII. El papa Pablo VI los canonizó el 25 de octubre de 1970, en la basílica de San Pedro de Roma.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCuarenta mártires de Inglaterra y Gales
CategoríaPersona
DescripciónGrupo de santos católicos -sacerdotes, religiosos y laicos- que dieron la vida por su fidelidad a la Iglesia católica y al papa durante las persecuciones religiosas desarrolladas en Inglaterra y Gales entre los siglos XVI y XVII
NacionalidadInglaterra y Gales
Contexto HistóricoPersecuciones religiosas en Inglaterra y Gales entre los siglos XVI y XVII, iniciadas con la ruptura entre la Corona inglesa y la Santa Sede bajo Enrique VIII.
Fecha de Canonización25 de octubre de 1970
Importancia EclesialTestimonio de la unidad visible de la Iglesia, la sucesión apostólica y la cooperación entre sacerdotes y laicos en tiempos de persecución.
Lugar de SepulturaBasílica de San Pedro de Roma
Personas relacionadas
TipoSanto, Grupo de santos, Siglos XVI y XVII

Tabla de contenido

Contexto histórico

La ruptura con Roma

La persecución contra los católicos ingleses comenzó en el contexto de la ruptura entre la Corona inglesa y la Santa Sede. Enrique VIII promovió el cisma de Inglaterra y, mediante el Acta de Supremacía de 1534, atribuyó al monarca la autoridad suprema sobre la Iglesia en Inglaterra. Las reformas posteriores de Eduardo VI consolidaron cambios doctrinales y litúrgicos de inspiración protestante.1,3

El reinado de María Tudor produjo una restauración católica temporal, pero la subida al trono de Isabel I en 1558 abrió una nueva etapa de medidas anticatólicas. El Acta de Uniformidad de 1559 impuso el culto oficial y castigó la participación en la misa católica. Las disposiciones religiosas de la Corona presentaron la fidelidad a Roma como una forma de deslealtad política.3

Sacerdotes clandestinos y fieles católicos

A partir de la segunda mitad del siglo XVI, numerosos seminaristas ingleses recibieron formación sacerdotal en centros del continente europeo, especialmente en Douai, Valladolid y Roma. Muchos regresaron clandestinamente a Inglaterra para celebrar la misa, administrar los sacramentos y atender a las comunidades católicas que carecían de sacerdotes. El regreso al país podía implicar una condena a muerte.4,3

Las leyes promulgadas durante el reinado de Isabel I prohibieron el ministerio de los sacerdotes católicos y castigaron también a quienes les ofrecieran alojamiento o ayuda. La legislación llegó a equiparar la presencia de un sacerdote católico con un acto de alta traición. Después de la llegada de Jacobo I, los juramentos que negaban la autoridad del papa provocaron nuevas condenas contra quienes se negaban a prestarlos.3

Los mártires pertenecían a distintos estados de vida y estratos sociales. Entre ellos hubo sacerdotes diocesanos, jesuitas, benedictinos, cartujos, franciscanos, agustinos y brigidinos, además de hombres y mujeres laicos. Su testimonio incluyó la celebración clandestina de la misa, la protección de sacerdotes perseguidos, la negativa a reconocer la supremacía religiosa del monarca y la perseverancia en la comunión con Roma.4,5,6

El martirio

Las autoridades condenaron a muchos sacerdotes y laicos por ejercer el ministerio católico, acoger a misioneros o negarse a prestar juramentos contrarios a la fe católica. Las ejecuciones podían incluir ahorcamiento, destripamiento y descuartizamiento. Algunas personas sufrieron la muerte en prisión o padecieron torturas antes de morir.1,7

La legislación represiva no afectó solo a los sacerdotes. Los laicos desempeñaron un papel decisivo al esconderlos, proporcionarles alimento, facilitar la celebración de la misa y mantener vivas las comunidades católicas. Los documentos pontificios presentan a sacerdotes y laicos como colaboradores en una misma misión: conservar la fe y sostener la vida sacramental.6,8

Entre los mártires destacan algunas figuras especialmente conocidas:

  • Margarita Clitherow, madre de familia de York, acogió sacerdotes católicos en su casa. Murió aplastada bajo un peso de piedras después de negarse a presentar una defensa que pudiera implicar a su familia y a otros católicos.8
  • Edmundo Campion, sacerdote jesuita, regresó a Inglaterra para predicar y administrar los sacramentos. Su figura quedó vinculada a la defensa pública de la fe católica y a la misión clandestina de los sacerdotes formados en el continente.4,5
  • Nicolás Owen, religioso jesuita, construyó escondites para sacerdotes en distintas partes de Inglaterra. Murió en la Torre de Londres después de sufrir torturas sin revelar información sobre otros católicos.8
  • Ricardo Gwyn, maestro laico galés, rechazó reconocer a la reina como cabeza de la Iglesia en Inglaterra y murió en Wrexham después de varios años de prisión.8
  • Felipe Howard, conde de Arundel, pertenecía a una familia noble y había ocupado una posición destacada en la corte. Tras reconciliarse con la Iglesia católica, sufrió prisión y murió en la Torre de Londres.8
  • Juan Plessington, sacerdote jesuita, ejerció durante más de treinta años su ministerio en el sur de Gales antes de morir en Usk en 1679.8

Los cuarenta mártires

La canonización reunió a hombres y mujeres pertenecientes a diversas comunidades religiosas y a diferentes grupos sociales. La lista incluye treinta sacerdotes seculares, religiosos de varias órdenes y diez laicos, entre ellos tres mujeres. Las fuentes litúrgicas conservan para cada mártir una memoria propia, aunque el grupo completo celebra conjuntamente su canonización.5

Sacerdotes y religiosos

  1. Juan Houghton, sacerdote cartujo.
  2. Roberto Lawrence, sacerdote cartujo.
  3. Agustín Webster, sacerdote cartujo.
  4. Ricardo Reynolds, sacerdote brigidino.
  5. Juan Stone, sacerdote agustino.
  6. Cuthbert Mayne, sacerdote.
  7. Edmundo Campion, sacerdote jesuita.
  8. Ralph Sherwin, sacerdote.
  9. Alejandro Briant, sacerdote jesuita.
  10. Juan Payne, sacerdote.
  11. Lucas Kirby, sacerdote.
  12. Edmundo Gennings, sacerdote.
  13. Eustaquio White, sacerdote.
  14. Polidoro Plasden, sacerdote.
  15. Juan Boste, sacerdote.
  16. Roberto Southwell, sacerdote jesuita.
  17. Enrique Walpole, sacerdote jesuita.
  18. Juan Jones, sacerdote franciscano.
  19. Juan Roberts, sacerdote benedictino.
  20. Juan Almond, sacerdote.
  21. Edmundo Arrowsmith, sacerdote jesuita.
  22. Ambrosio Eduardo Barlow, sacerdote benedictino.
  23. Alban Roe, sacerdote benedictino.
  24. Enrique Morse, sacerdote jesuita.
  25. Juan Southworth, sacerdote.
  26. Juan Plessington, sacerdote.
  27. Felipe Evans, sacerdote jesuita.
  28. Juan Lloyd, sacerdote.
  29. Juan Wall, sacerdote franciscano.
  30. David Lewis, sacerdote jesuita.
  31. Nicolás Owen, religioso jesuita.
  32. Tomás Garnet, sacerdote jesuita.5

Laicos

  1. Ricardo Gwyn, maestro y laico galés.
  2. Margarita Clitherow, madre de familia.
  3. Margarita Ward, laica.
  4. Swithun Wells, laico.
  5. Felipe Howard, conde de Arundel.
  6. Juan Rigby, laico.
  7. Ana Line, laica.
  8. Juan Kemble, identificado en la lista litúrgica como sacerdote; la tradición del grupo lo incluye entre los testigos de la persecución católica en Inglaterra y Gales.5

La relación litúrgica distingue expresamente a varios miembros por su estado de vida, incluyendo sacerdotes, religiosos y laicos. Juan Kemble aparece clasificado como sacerdote, por lo que no corresponde incluirlo entre los laicos, aunque su nombre figure junto a ellos en algunas enumeraciones resumidas.5

Canonización

La persecución anticatólica produjo miles de víctimas durante aproximadamente ciento cincuenta años. La restauración de la jerarquía católica en Inglaterra en 1850 permitió impulsar de forma más sistemática los procesos de beatificación. En 1874, el arzobispo de Westminster remitió a Roma una relación de 360 mártires acompañada de documentación sobre cada caso. Desde 1886, diversos grupos de mártires ingleses y galeses fueron beatificados por los papas.1

Pablo VI canonizó a los Cuarenta mártires el 25 de octubre de 1970 en la basílica de San Pedro. La celebración presentó su testimonio como una expresión de fidelidad a Cristo, a la Iglesia católica y al ministerio del sucesor de Pedro.1,2

La canonización tuvo también una dimensión ecuménica. Pablo VI pidió interpretar la memoria de los mártires no como una legitimación de la violencia religiosa, sino como una ocasión para reconocer las heridas de la división entre cristianos y trabajar por la unidad mediante la conversión, la oración y el diálogo.4,7

Espiritualidad y significado eclesial

Fidelidad a la Iglesia y al papa

El rasgo común de los Cuarenta mártires fue la fidelidad a la comunión católica, especialmente al papa como sucesor de Pedro. Muchos prefirieron afrontar la prisión, la tortura o la muerte antes que negar la autoridad espiritual del pontífice o aceptar una supremacía religiosa incompatible con la fe católica.6,7

La Iglesia contempla su martirio como un testimonio de la unidad visible de la Iglesia y de la importancia de la sucesión apostólica. Su fidelidad no tuvo un carácter meramente político: nació de la convicción religiosa de que la misa, los sacramentos y la comunión con Roma pertenecían al núcleo de la vida cristiana.6

Sacerdotes y laicos

Los mártires muestran la cooperación entre sacerdotes y laicos en una situación de persecución. Los sacerdotes arriesgaron la vida para llevar la palabra de Dios y la Eucaristía a las comunidades católicas; los laicos protegieron a los sacerdotes, organizaron redes de acogida y mantuvieron la práctica religiosa en sus hogares.6

Esta colaboración aparece particularmente en las historias de Margarita Clitherow, Swithun Wells, Ana Line, Nicolás Owen y otros fieles que facilitaron la presencia clandestina de sacerdotes. El martirio del grupo no corresponde, por tanto, solo a la historia del clero misionero, sino también a la perseverancia cotidiana de familias y comunidades católicas.5,8

La misa y los sacramentos

Los sacerdotes perseguidos consideraban su ministerio sacramental un servicio esencial a los católicos. La celebración de la misa, la predicación y la administración de los sacramentos exigían una disposición permanente al riesgo. Los laicos compartieron ese amor a la Eucaristía y aceptaron peligros graves para conservarla en sus comunidades.6

La tradición de los mártires relaciona así el testimonio de sangre con la vida sacramental de la Iglesia. Su sacrificio no aparece aislado de la comunidad cristiana, sino unido a la celebración eucarística, a la reconciliación y a la transmisión de la fe.4,6

Memoria litúrgica

Los Cuarenta mártires no tienen una única fecha litúrgica común indicada en la relación de celebraciones individuales. Cada mártir cuenta con una memoria propia, distribuida a lo largo del año. Entre las fechas figuran el 4 de mayo para Juan Houghton, Roberto Lawrence, Agustín Webster y Ricardo Reynolds; el 1 de diciembre para Edmundo Campion, Ralph Sherwin y Alejandro Briant; y el 10 de diciembre para Edmundo Gennings, Swithun Wells, Eustaquio White y Polidoro Plasden.5

Otras memorias corresponden a Margarita Clitherow, el 25 de marzo; Ana Line, el 27 de febrero; Nicolás Owen, el 2 de marzo; Felipe Howard, el 19 de octubre; Juan Plessington, el 19 de julio; Felipe Evans y Juan Lloyd, el 22 de julio; y David Lewis, el 27 de agosto.5

Valor ecuménico

La Iglesia católica recuerda a estos mártires dentro de una perspectiva de reconciliación entre los cristianos. Pablo VI presentó su canonización como una oportunidad para lamentar las divisiones históricas, reconocer los errores cometidos y agradecer los avances contemporáneos hacia la unidad cristiana.7,2

La memoria de los mártires no pretende justificar la violencia religiosa ni perpetuar la hostilidad entre católicos y anglicanos. Su significado cristiano apunta a la fidelidad a la verdad, al rechazo de la coerción religiosa y a la esperanza de una comunión plena entre los discípulos de Cristo.4,7

Legado

Los Cuarenta mártires de Inglaterra y Gales representan la continuidad de la fe católica en un periodo de persecución, clandestinidad y ruptura institucional. Su legado reúne la valentía de los sacerdotes misioneros, la fortaleza de los religiosos, la fidelidad de los nobles y la entrega silenciosa de hombres y mujeres laicos.

La Iglesia propone su ejemplo como una llamada a vivir la fe con coherencia, a custodiar la comunión eclesial y a servir a los demás incluso en circunstancias adversas. Pablo VI los presentó como modelos de vida cristiana para sacerdotes, religiosos y laicos, y como testigos cuya entrega contribuyó a conservar la fe católica en Inglaterra y Gales.4,9

Citas y referencias

  1. Resumen biográfico, El Dicasterio para las Causas de los Santos. 40 mártires de Inglaterra y Gales (1535-1679) - Biografía, 1 (1970). 2 3 4 5
  2. Canonización de cuarenta mártires de Inglaterra y Gales, Papa Pablo VI. 25 de octubre de 1970: Canonización de cuarenta mártires de Inglaterra y Gales, 1 (1970). 2 3
  3. Resumen, Dicasterio para las Causas de los Santos. 85 Mártires Ingleses: Biografía (22 de noviembre de 1987), 1 (1987). 2 3 4
  4. Prefacio, Papa Pablo VI. 40 mártires de Inglaterra y Gales (1535-1679) - Homilía, 1. 2 3 4 5 6 7
  5. El Dicasterio para las Causas de los Santos. 40 mártires de Inglaterra y Gales (1535-1679) - Los Mártires, 1 (1970). 2 3 4 5 6 7 8 9
  6. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 6, junio, 1988, 21 (1988). 2 3 4 5 6 7
  7. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 4, abril, 1972, 4 (1972). 2 3 4 5
  8. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 4, abril, 1972, 9 (1972). 2 3 4 5 6 7
  9. Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 11, noviembre, 1970, 16 (1970).
Modificado el 19 de septiembre de 2026 • FideScore™ 9.15Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/4wscs6mrf

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