Las primeras prácticas de ayuno
Los cristianos de los primeros siglos no observaron un único periodo de ayuno anterior a la Pascua. Un testimonio atribuido a san Ireneo, de finales del siglo II, describe prácticas diversas: algunas comunidades ayunaban un día, otras dos o varios, y otras seguían un cómputo distinto. La duración y la forma de la preparación pascual fueron desarrollándose gradualmente.
Por este motivo, no resulta históricamente seguro atribuir la observancia de cuarenta días a una disposición apostólica uniforme desde los orígenes. Algunos autores cristianos antiguos defendieron ese origen, pero los testimonios conservados de los primeros siglos muestran una variedad de costumbres y una evolución progresiva.
La consolidación de la Cuaresma
Con el tiempo, la preparación para la Pascua adquirió una duración y una organización más definidas. En sus primeros desarrollos, la Cuaresma tuvo una relación estrecha con la preparación de los catecúmenos, que recibían el Bautismo y los demás sacramentos de iniciación cristiana en la celebración pascual. También estuvo vinculada a la penitencia de quienes buscaban reconciliarse con la comunidad. Más adelante, toda la comunidad cristiana pasó a vivir este tiempo como una renovación espiritual común.,
La práctica cuaresmal se configuró, por tanto, mediante un desarrollo histórico. La preparación bautismal, la penitencia y la celebración de la Pascua contribuyeron a darle su carácter propio, centrado en la conversión y en la participación de toda la Iglesia en el misterio de Cristo.,