La Cuaresma, conocida en latín como Quadragesima, es un período de preparación intensa para la Pascua, el cual ha sido una parte fundamental de la vida cristiana desde los primeros siglos1. Su duración de cuarenta días tiene un profundo significado bíblico, evocando eventos cruciales en la historia de la salvación2,3,4:
Los cuarenta días del diluvio universal, que culminaron en la alianza de Dios con Noé y la humanidad3,4.
Los cuarenta años de peregrinación de Israel por el desierto, un tiempo de prueba y de «primer amor» con Dios, antes de llegar a la Tierra Prometida2,3,5.
Los cuarenta días que Moisés pasó en el Monte Sinaí, donde recibió las Tablas de la Ley3,4.
Los cuarenta días que Jesús pasó en el desierto, orando y ayunando, antes de comenzar su ministerio público y enfrentar las tentaciones, lo que sirve de modelo para la observancia cuaresmal6,2,3,7,8,5,4,9.
Este período no solo conmemora el ayuno de Cristo, sino que también busca que los fieles participen misteriosamente en su experiencia de ayuno y tentación8. La Iglesia, desde sus inicios, ha asignado a este tiempo el significado de preparación para la Pascua en memoria de la muerte salvífica y resurrección de Jesús7.

