La situación de Tierra Santa
La cruzada nació dentro del proyecto tradicional de la cristiandad latina para recuperar Jerusalén y garantizar el acceso cristiano al Santo Sepulcro. La pérdida de Jerusalén ante Saladino en 1187 había dado lugar a la Tercera cruzada, que concluyó con una tregua entre Ricardo Corazón de León y Saladino en 1192, pero no con la recuperación de la ciudad santa. A finales del siglo XII, la cuestión de Tierra Santa continuaba ocupando un lugar central en la política pontificia.1
El papa Inocencio III, elegido en 1198, promovió una nueva expedición. Su concepción original no consistía en atacar un Estado cristiano, sino en organizar una campaña contra las potencias musulmanas que dominaban Jerusalén y buena parte de los antiguos territorios cruzados. La predicación de la cruzada contó con figuras como Foulque de Neuilly, clérigo francés que recibió facultades pontificias para predicarla y que consiguió la adhesión de numerosos nobles, especialmente en el norte de Francia.4
El Imperio bizantino y la dinastía de los Ángeles
La política bizantina atravesaba una etapa de inestabilidad. Tras la muerte del emperador Manuel I Comneno en 1180 y el breve gobierno de sus sucesores, la dinastía de los Ángeles alcanzó el poder con Isaac II Ángelo, que reinó entre 1185 y 1195 y nuevamente entre 1203 y 1204. Su hermano Alejo III Ángelo lo depuso en 1195 y ocupó el trono hasta 1203.
La distinción entre ambas dinastías resulta esencial para comprender los acontecimientos. Manuel I pertenecía a la dinastía Comneno, mientras que Isaac II, Alejo III, Alejo IV y Alejo V pertenecían al turbulento periodo de la dinastía de los Ángeles. El príncipe que acudió a Occidente para solicitar ayuda a los cruzados era Alejo Ángelo, hijo de Isaac II, no un miembro de la dinastía Comneno.3,5
Alejo III había arrebatado el poder a su hermano y mantenía encarcelado a Isaac II. El hijo de Isaac, Alejo, escapó hacia Occidente y buscó apoyo en su cuñado Felipe de Suabia y en diversos dirigentes cruzados. Prometió dinero, tropas y ayuda para la expedición a Tierra Santa; además, ofreció favorecer la reconciliación entre la Iglesia griega y la Iglesia latina bajo la autoridad del papa.3,6


