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Cuatro semanas de los Ejercicios ignacianos

Las cuatro semanas de los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola forman un itinerario de oración y discernimiento cristiano. Conducen desde el reconocimiento del pecado y la misericordia de Dios hasta el seguimiento de Cristo, la contemplación de su Pasión y la alegría de su Resurrección, para ordenar la vida al servicio y al amor de Dios.

Exercitia Spiritualia 1ed2
Ver información de la imagenExercitia spiritualia. , c. 1548. 1.a ed., San Ignacio de Loyola, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreCuatro semanas de los Ejercicios ignacianos
CategoríaTérmino
DescripciónItinerario de oración y discernimiento cristiano dividido en cuatro partes basado en los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola
Escritos RelacionadosEjercicios espirituales
Fecha de Publicación1548
Personas relacionadasSan Ignacio de Loyola
TipoDevoción

Tabla de contenido

Naturaleza y estructura de las cuatro semanas

Ignacio divide los Ejercicios en cuatro partes: la consideración y contemplación de los pecados; la vida de Cristo hasta el Domingo de Ramos; la Pasión; y la Resurrección y la Ascensión, junto con diversos modos de orar. Las denomina «semanas», aunque no exige que cada una dure exactamente siete días: la duración se adapta al progreso espiritual y a las necesidades de quien los realiza. En conjunto, el retiro suele ocupar alrededor de treinta días, con alguna variación.1

Las semanas constituyen etapas de un proceso, no compartimentos rígidos. El itinerario busca que la persona reordene su vida a la luz de Dios y responda a la llamada de Cristo. El papa Francisco describió la espiritualidad de los Ejercicios como un proceso que comienza en el corazón y moviliza los afectos, el deseo y la práctica de la vida cristiana.2

Primera semana: el pecado y la misericordia

El principio y fundamento

La primera semana parte del «principio y fundamento»: la persona humana ha sido creada para alabar, reverenciar y servir a Dios, y las demás realidades creadas pueden ayudarla a alcanzar ese fin. Ignacio invita a cultivar la indiferencia, término que aquí no significa frialdad ni falta de interés, sino libertad interior ante los bienes creados: no aferrarse a la salud, la riqueza o el honor como fines absolutos, sino preferir aquello que más conduzca al fin para el que la persona ha sido creada.3

Este fundamento establece el criterio de discernimiento para todo el retiro. Las decisiones no dependen solo de la conveniencia inmediata, sino de cómo contribuyen al servicio de Dios y al bien espiritual de la persona.

Examen de la vida y contemplación del pecado

Las meditaciones de esta semana llevan a revisar la propia vida, reconocer las faltas y considerar sus consecuencias. Ignacio propone contemplar el pecado en la historia humana y en la propia biografía, atendiendo a las relaciones, los lugares y las ocupaciones de cada etapa vital. La reflexión no termina en la acusación de uno mismo: concluye con un coloquio de misericordia, gratitud por la vida recibida y propósito de enmienda con la gracia de Dios.3

La finalidad es alcanzar una contrición sincera y abrirse al perdón. El reconocimiento del pecado prepara para recibir la salvación como don y para orientar de nuevo la libertad hacia Dios. Por eso, la primera semana no consiste en detenerse en la culpa, sino en afrontar la verdad de la propia vida ante la misericordia divina.

Segunda semana: la vida de Cristo y la elección

Contemplar a Cristo

La segunda semana centra la oración en la vida de Jesús. Quien realiza los Ejercicios contempla los misterios de la Encarnación y de la vida pública de Cristo, procurando conocerle interiormente para amarle y seguirle. Ignacio propone imaginar las escenas evangélicas y atender a las personas, sus palabras y sus acciones, para extraer fruto espiritual de la contemplación.4

La contemplación no consiste solo en recordar acontecimientos. Busca que el Evangelio interpеле a la persona y suscite una respuesta concreta: seguir a Jesús con mayor fidelidad. En esta etapa, la figura de Cristo ocupa el centro del discernimiento.

Las dos banderas y la llamada del Rey

Entre las meditaciones características de esta semana figuran las «dos banderas»: la de Cristo y la de Lucifer. La comparación representa dos modos opuestos de orientar la vida. La meditación contrapone el camino de Cristo a la búsqueda de riquezas, honores y orgullo, que Ignacio presenta como una secuencia de tentaciones; invita, en cambio, a pedir conocimiento del engaño y gracia para imitar la vida de Jesús.4

La «llamada del Rey» presenta a Cristo como quien convoca a colaborar en su misión. La respuesta cristiana exige disponibilidad para no permanecer indiferente ante esa llamada y para cumplir la voluntad de Dios.4

Discernir y elegir

La segunda semana tiene una relación particular con la elección de estado de vida o con otras decisiones importantes. Ignacio describe varios modos de elegir: una certeza interior que mueve a la voluntad; el discernimiento de las consolaciones y desolaciones; o una deliberación serena, realizada con libertad interior y teniendo presente el fin para el que la persona ha sido creada.4

El discernimiento no equivale a buscar una señal aislada ni a justificar de antemano una preferencia. Consiste en examinar los movimientos interiores y valorar las opciones a la luz del seguimiento de Cristo y del servicio a Dios.

Tercera semana: la Pasión de Cristo

Acompañar a Jesús en su Pasión

La tercera semana contempla los acontecimientos de la Pasión. El ejercitante acompaña a Jesús desde la Última Cena hasta la crucifixión y la sepultura, distribuyendo las escenas en meditaciones que pueden ajustarse para prolongar o abreviar la contemplación. Ignacio propone, entre otras posibilidades, detenerse en distintos episodios de la Pasión o contemplar el conjunto en una jornada.5

La oración de esta semana procura unir a la persona con Cristo sufriente. No busca el dolor por sí mismo: invita a mirar el amor de Jesús y a responder con fidelidad, especialmente cuando seguir el Evangelio implica sacrificio.

La soledad de María y de los discípulos

La contemplación alcanza también el momento posterior a la muerte de Jesús. Ignacio invita a considerar el cuerpo de Cristo separado de su alma y depositado en el sepulcro, así como la soledad de María y la de los discípulos.5

Este tiempo prepara la esperanza pascual sin omitir la realidad de la muerte y el duelo. La tercera semana enseña a permanecer junto a Cristo incluso cuando no aparece una solución inmediata y el sentido de los acontecimientos todavía no se manifiesta plenamente.

Cuarta semana: la Resurrección y el amor

La alegría pascual

La cuarta semana contempla a Cristo resucitado y orienta la oración hacia la alegría de la Pascua. La división general de los Ejercicios incluye en esta etapa la Resurrección y la Ascensión.1

Tras acompañar a Jesús en la Pasión, el ejercitante contempla la vida nueva del Resucitado. El movimiento espiritual pasa del dolor a la alegría, y de la compañía de Cristo crucificado a la esperanza fundada en su victoria. La Resurrección no borra la Pasión: manifiesta que el amor de Dios es más fuerte que la muerte.

La contemplación para alcanzar amor

La semana concluye con la «contemplación para alcanzar amor», que invita a reconocer los dones recibidos de Dios y a responder con gratitud. Ignacio explica que el amor debe expresarse más en las obras que en las palabras y que implica comunicación recíproca entre quienes se aman. La oración considera la creación, la redención y los dones particulares, y lleva a ofrecer a Dios la libertad, la memoria, el entendimiento, la voluntad y cuanto la persona posee.6

Esta contemplación no presenta el amor como un sentimiento separado de la vida. El amor a Dios se traduce en servicio y en una disposición generosa a poner los propios dones al servicio del bien. Así, el retiro concluye con una respuesta agradecida y concreta.

Método de oración y acompañamiento

A lo largo de las cuatro semanas, Ignacio propone una oración ordenada, con preparación, contemplación o meditación y diálogo final con Dios. La persona puede aplicar la imaginación a las escenas evangélicas, detenerse en los detalles y pedir la gracia que corresponda al misterio contemplado. La estructura sirve a la oración: no sustituye la relación personal con Dios ni determina por adelantado lo que cada ejercitante experimentará.3,4

El itinerario también atiende a las consolaciones y desolaciones, es decir, a los movimientos interiores que afectan a la vida espiritual. Ignacio pide que quien acompaña los Ejercicios actúe con cuidado: si la persona atraviesa una desolación, debe ofrecerle ánimo y ayuda; si necesita discernimiento, el acompañante puede explicarle las reglas apropiadas a su situación.1

Las cuatro semanas, por tanto, articulan memoria, imaginación, afectos, discernimiento y decisión. La finalidad no es adquirir conocimientos teóricos, sino ordenar la vida y responder a la llamada de Dios. El recorrido completo conduce desde la conversión hasta una forma de amar que se expresa en el servicio.

Citas y referencias

  1. Anotaciones - Para dar alguna comprensión de los ejercicios espirituales que siguen, y para habilitar tanto al que los da como al que los recibe para ayudarse a sí mismos, Íñigo López de Oñaz y Loyola (San Ignacio de Loyola). Ejercicios espirituales, Anotaciones (1548). 2 3
  2. Capítulo uno - Fuego, Papa Francisco. Dilexit nos (24 de octubre de 2024) - Encíclica, 24 (2024).
  3. Primera semana - Principio y fundamento, Íñigo López de Oñaz y Loyola (San Ignacio de Loyola). Ejercicios espirituales, Primera semana (1548). 2 3
  4. Segunda semana - Tres tiempos para hacer, en cualquiera de ellos, una sana y buena elección, Íñigo López de Oñaz y Loyola (San Ignacio de Loyola). Ejercicios espirituales, Segunda semana (1548). 2 3 4 5
  5. Tercera semana - Segundo día - Segunda contemplación por la mañana, será desde la cena hasta el huerto inclusive, Íñigo López de Oñaz y Loyola (San Ignacio de Loyola). Ejercicios espirituales, Tercera semana (1548). 2
  6. Cuarta semana - Contemplación para alcanzar amor, Íñigo López de Oñaz y Loyola (San Ignacio de Loyola). Ejercicios espirituales, Cuarta semana (1548).
Modificado el 6 de octubre de 2026 • FideScore™ 9.33 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/hn8d6t301

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