Contemplar a Cristo
La segunda semana centra la oración en la vida de Jesús. Quien realiza los Ejercicios contempla los misterios de la Encarnación y de la vida pública de Cristo, procurando conocerle interiormente para amarle y seguirle. Ignacio propone imaginar las escenas evangélicas y atender a las personas, sus palabras y sus acciones, para extraer fruto espiritual de la contemplación.
La contemplación no consiste solo en recordar acontecimientos. Busca que el Evangelio interpеле a la persona y suscite una respuesta concreta: seguir a Jesús con mayor fidelidad. En esta etapa, la figura de Cristo ocupa el centro del discernimiento.
Las dos banderas y la llamada del Rey
Entre las meditaciones características de esta semana figuran las «dos banderas»: la de Cristo y la de Lucifer. La comparación representa dos modos opuestos de orientar la vida. La meditación contrapone el camino de Cristo a la búsqueda de riquezas, honores y orgullo, que Ignacio presenta como una secuencia de tentaciones; invita, en cambio, a pedir conocimiento del engaño y gracia para imitar la vida de Jesús.
La «llamada del Rey» presenta a Cristo como quien convoca a colaborar en su misión. La respuesta cristiana exige disponibilidad para no permanecer indiferente ante esa llamada y para cumplir la voluntad de Dios.
Discernir y elegir
La segunda semana tiene una relación particular con la elección de estado de vida o con otras decisiones importantes. Ignacio describe varios modos de elegir: una certeza interior que mueve a la voluntad; el discernimiento de las consolaciones y desolaciones; o una deliberación serena, realizada con libertad interior y teniendo presente el fin para el que la persona ha sido creada.
El discernimiento no equivale a buscar una señal aislada ni a justificar de antemano una preferencia. Consiste en examinar los movimientos interiores y valorar las opciones a la luz del seguimiento de Cristo y del servicio a Dios.