Institución de la Eucaristía
Jesucristo instituyó la Eucaristía durante la Última Cena, la víspera de su pasión. Tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y lo entregó a sus discípulos con las palabras: «Esto es mi cuerpo». Después tomó el cáliz y declaró que contenía su sangre, derramada por muchos para el perdón de los pecados.
La institución eucarística hace presente sacramentalmente el sacrificio de Cristo y entrega a la Iglesia el memorial de su muerte y resurrección. La Eucaristía posee, por tanto, una triple dimensión inseparable:
- Sacrificio, porque hace presente sacramentalmente el único sacrificio de la cruz.
- Banquete, porque Cristo ofrece su cuerpo y su sangre como alimento espiritual.
- Presencia permanente, porque el Señor permanece bajo las especies consagradas.
La presencia real
La Iglesia confiesa que, durante la celebración eucarística, el pan y el vino se convierten en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo por la acción del Espíritu Santo y mediante el ministerio sacerdotal. Cristo queda verdaderamente presente bajo las apariencias de pan y vino.
La expresión presencia real no significa únicamente que Cristo esté presente de manera simbólica, afectiva o psicológica. Significa que está presente de modo verdadero y sustancial. La eficacia de la Eucaristía como sacrificio y como sacramento de comunión depende de esta realidad, no de un simple simbolismo.
La transubstanciación
La Iglesia denomina transubstanciación al cambio por el que la sustancia del pan pasa a ser el Cuerpo de Cristo y la sustancia del vino pasa a ser su Sangre, mientras permanecen las apariencias sensibles de pan y vino.
La transubstanciación no describe una transformación física observable mediante los sentidos. La vista, el gusto, el tacto y los demás sentidos perciben pan y vino; la fe, fundada en las palabras de Cristo y en la enseñanza de la Iglesia, reconoce bajo esas apariencias la presencia sacramental del Señor.
Por esta razón, no conviene reducir la Eucaristía a un signo que únicamente recuerda a Cristo. El simbolismo eucarístico expresa la unidad del Cuerpo místico, pero no explica por sí solo la naturaleza propia del sacramento. La comunión eclesial brota de la presencia real y sustancial de Cristo en la Eucaristía.
Cristo entero bajo cada especie
Cristo está presente entero bajo la especie de pan y entero bajo la especie de vino. La separación sacramental de las especies manifiesta el carácter sacrificial de la Eucaristía, pero Cristo no queda dividido. El Señor está presente con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad.
La recepción de una sola especie permite recibir a Cristo entero. La distribución de la comunión bajo las dos especies expresa de manera más completa el signo del banquete y del sacrificio, pero no añade una parte de Cristo que estuviera ausente bajo una sola especie.