El profesor Giorgio Canuto, de la Universidad de Turín, aplicó al cuerpo vendajes coloidales aromáticos para frenar su deterioro. Mantuvo en una sola pieza el tronco, la pelvis y los muslos, y trató las partes desprendidas con laca de alcohol y resina de benjuí.
La mascarilla y la vestidura
Los salesianos colocaron el cuerpo sobre un lecho de terciopelo carmesí y lo revistieron con ornamentos sagrados, entre ellos una casulla procedente de Benedicto XV. El escultor Gaetano Cellini modeló la mascarilla del rostro y las manos, y el pintor Carlo Cussetti colorió la mascarilla. La mascarilla de cera y las manos que hoy contemplan los fieles no son, por tanto, el rostro y las manos originales de don Bosco.
La primera urna y la afluencia de peregrinos
Los salesianos depositaron el cuerpo en una urna de cristal, protegida después por una urna de madera dorada que talló la escuela profesional de San Benigno Canavese. Durante las semanas siguientes, miles de peregrinos desfilaron por Valsalice: en la fiesta de María Auxiliadora, el 24 de mayo, acudieron unas veinte mil personas.
El traslado a María Auxiliadora
El 9 de junio de 1929, una semana después de la beatificación, una procesión multitudinaria trasladó los restos al santuario de María Auxiliadora de Turín, donde permanecen. La tumba de Valsalice quedó como capilla conmemorativa del primer sepulcro del santo.
La urna actual
La urna actual, proyectada por el arquitecto Giulio Casanova, permite ver el cuerpo por delante y por detrás. Su estilo barroco sobrio incorpora querubines en las esquinas y escudos con el lema salesiano Da mihi animas, cetera tolle («Dame almas y llévate lo demás»). El arquitecto Ceradini diseñó el altar y un pequeño recinto de mármol de Siena, mármol de Candoglia y bronce dorado, cubierto por una cúpula de mosaico que representa el cielo, para que los fieles puedan acercarse a orar.