Culto de latría
La latría es la adoración absoluta y suprema debida exclusivamente a Dios. La Iglesia dirige este culto al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, un solo Dios en tres Personas.
La latría reconoce a Dios como Creador, Señor, fuente de todo ser y fin último de la existencia. Ninguna criatura, por santa o excelsa que sea, puede recibir este tipo de culto. Atribuir a una criatura la adoración que corresponde a Dios constituiría idolatría.,
Jesucristo recibe culto de latría porque es verdadero Dios y verdadero hombre. La humanidad de Cristo, unida personalmente al Verbo eterno, no recibe un culto separado del culto debido al Hijo de Dios. La adoración cristiana de Jesús reconoce en Él al Verbo encarnado, muerto y resucitado para la salvación del mundo.
La Eucaristía constituye de modo eminente un acto de latría, porque bajo las especies de pan y vino está verdaderamente presente Jesucristo. La Misa, la adoración eucarística, la genuflexión ante el Santísimo Sacramento y las procesiones eucarísticas expresan la fe en esta presencia real.
Culto de dulía
La dulía es la veneración tributada a los santos, a los ángeles y a los mártires. No equivale a la adoración de Dios, pues reconoce en ellos criaturas que han recibido la santidad como don y que permanecen completamente subordinadas al Creador.
La Iglesia honra a los santos por la gracia de Dios que resplandece en sus vidas y por su fidelidad a Cristo. La veneración de los santos termina, en último término, en Dios, fuente de toda santidad. La santidad de una criatura no compite con la gloria divina; manifiesta la eficacia de la gracia.,
La dulía comprende:
- La veneración de la vida y del testimonio de los santos.
- La celebración litúrgica de sus memorias y fiestas.
- La petición de su intercesión.
- El respeto hacia sus reliquias.
- El honor tributado a sus imágenes.
La invocación de los santos no sustituye la mediación única de Jesucristo. Los fieles piden a los santos que intercedan ante Dios, del mismo modo que un cristiano puede pedir a otro que rece por él. Cristo permanece como único Mediador en sentido pleno, mientras que la intercesión de los santos participa de su única mediación.
Culto de hiperdulía
La hiperdulía es la veneración singular que la Iglesia tributa a la Virgen María. María es una criatura humana y, por tanto, no recibe culto de latría. Sin embargo, ocupa una posición única en la historia de la salvación como Madre de Dios, Madre del Salvador y primera entre los santos.
Santo Tomás de Aquino explica que María recibe una dulía superior a la tributada a los demás santos, precisamente por su dignidad excepcional como Madre de Dios. Esta veneración recibe el nombre de hiperdulía.
La hiperdulía incluye las fiestas marianas, el rezo del rosario, las antífonas marianas, las peregrinaciones, la consagración a María y la veneración de sus imágenes. Todas estas prácticas deben conducir a Cristo, pues la misión de María consiste en mostrar al Salvador y cooperar maternalmente con la vida de la Iglesia.