Anuncio de la Palabra
La predicación ocupa un lugar central. El pastor debe anunciar íntegramente el Evangelio, explicar la fe de la Iglesia, llamar a la conversión y ayudar a los fieles a interpretar cristianamente la existencia.
La predicación incluye la homilía, la catequesis, la formación bíblica, la preparación sacramental y el acompañamiento de quienes buscan la fe. No consiste solo en transmitir información religiosa: pretende suscitar la respuesta de la fe y conducir a la incorporación plena a Cristo.
La legislación canónica ordena a los pastores procurar que la Palabra llegue también a quienes, por su condición de vida, carecen de atención pastoral ordinaria o la reciben de manera insuficiente. La responsabilidad misionera alcanza igualmente a los no creyentes que viven en el territorio pastoral.
Celebración de los sacramentos
La cura de almas encuentra su centro en los sacramentos, porque mediante ellos Cristo comunica su gracia y edifica la Iglesia.
La Eucaristía ocupa el lugar principal: constituye la fuente y la cumbre de la vida cristiana y edifica la comunidad. Sin la celebración eucarística, la comunidad cristiana pierde su raíz sacramental y su centro visible.
El sacerdote ejerce de modo propio la presidencia de la Eucaristía, la absolución sacramental y la administración de la Unción de los enfermos. El Bautismo puede ser administrado en determinadas circunstancias por otros ministros, pero siempre conforme a las normas de la Iglesia.
La celebración litúrgica no agota la pastoral, aunque constituye su centro. La predicación, la caridad, la catequesis y el acompañamiento deben conducir a los sacramentos y brotar de ellos.
Dirección y acompañamiento espiritual
La cura de almas incluye la atención personal. El pastor acompaña a los fieles en las decisiones importantes, ayuda a discernir la voluntad de Dios, orienta la vida de oración y sostiene a quienes atraviesan crisis, enfermedad, duelo o dificultades morales.
La dirección espiritual no equivale a la psicoterapia. Ambas pueden ocuparse de la persona concreta, pero tienen finalidades y métodos distintos:
- La dirección espiritual busca el crecimiento en la relación con Dios, la conversión, el discernimiento y la santidad.
- La psicología clínica estudia los procesos psíquicos y trata trastornos o dificultades mediante métodos científicos propios.
- La psiquiatría es una especialidad médica orientada al diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales.
Un sacerdote no debe presentar la dirección espiritual como sustituto de la atención médica o psicológica. Tampoco un profesional de la salud mental puede asumir automáticamente la autoridad propia de un director espiritual. La cooperación prudente entre ambos ámbitos beneficia a la persona cuando respeta sus competencias y evita confundir gracia, conciencia, enfermedad y responsabilidad moral.
La tradición pastoral insiste en la escucha paciente, el respeto por la singularidad de cada persona y el rechazo de las respuestas prefabricadas.
Atención a los enfermos y necesitados
La cura de almas alcanza a los enfermos, ancianos, presos, migrantes, personas solas, pobres y quienes atraviesan situaciones de exclusión. El pastor debe procurar que nadie quede apartado de la Palabra, de los sacramentos o de la comunidad cristiana.
La atención a los necesitados no constituye un añadido secundario. Forma parte de la misión del Buen Pastor, que reconoce en el sufrimiento humano una llamada concreta a la caridad. La predicación pierde credibilidad cuando no va acompañada de misericordia, justicia y servicio.
Formación de la conciencia
El pastor ayuda a formar la conciencia mediante la enseñanza de la doctrina cristiana, la explicación de la ley moral, el acompañamiento personal y la celebración del sacramento de la Reconciliación.
Formar la conciencia no significa imponer decisiones privadas ni sustituir la responsabilidad personal. El pastor ofrece la verdad del Evangelio, ayuda a valorar las circunstancias y orienta hacia una libertad ordenada al bien. El fiel, por su parte, debe buscar sinceramente la verdad y actuar con rectitud.