La posguerra española
Los Cursillos de Cristiandad surgieron en la España de la posguerra, una época marcada por profundas heridas sociales, dificultades económicas y una intensa preocupación por la renovación de la vida cristiana. En aquel contexto, numerosos jóvenes católicos buscaban formas nuevas de anunciar el Evangelio a sus contemporáneos, especialmente a quienes permanecían alejados de la práctica religiosa o vivían una fe meramente formal.
El movimiento nació en Mallorca. Juan Pablo II atribuyó su fundación a la acción pastoral del obispo Juan Hervás, entonces pastor de la diócesis de Mallorca, y reconoció también el papel de Eduardo Bonnín Aguiló y de otros jóvenes laicos que participaron en sus comienzos.1
La iniciativa respondió a una preocupación concreta: acercarse a otros jóvenes y ayudarles a descubrir que en su interior existían deseos de verdad, amor y sentido. El papa Francisco recordó que Bonnín, Hervás y los demás iniciadores percibieron durante los años cuarenta la necesidad de alcanzar a sus coetáneos mediante un anuncio capaz de tocar la experiencia personal.2
Laicos y sacerdotes en la fundación
La historia de los Cursillos no puede reducirse a la acción de un obispo o de un grupo sacerdotal. El protagonismo de los laicos forma parte de su identidad originaria. Jóvenes seglares participaron en la elaboración del método, en la evangelización de otros jóvenes y en la creación de comunidades cristianas estables.
La presencia sacerdotal resultó igualmente esencial. El ministerio de los sacerdotes aportó la predicación, la celebración sacramental, el acompañamiento espiritual y la integración del movimiento en la vida de la Iglesia. Esta colaboración entre sacerdotes y laicos no pretendía sustituir la acción pastoral ordinaria de las diócesis, sino impulsar una evangelización más cercana a los ambientes cotidianos.
Pablo VI describió la misión permanente del laico como la inserción del cristianismo en la vida mediante la amistad con Dios y la comunión con los hermanos. También vinculó la formación cristiana del seglar con la transformación responsable de las estructuras temporales en las que vive.3


