El Libro de los Proverbios, atribuido en gran parte al rey Salomón, es un compendio de sabiduría práctica y teológica que busca instruir en el temor del Señor, base de la verdadera inteligencia.2 En este marco, las «damas» de la sabiduría y la necedad emergen como personificaciones poéticas, comunes en la literatura sapiencial del Antiguo Testamento. No son mujeres históricas, sino arquetipos que dramatizan la elección moral: la sabiduría construye la casa, mientras que la necedad la destruye.4
Estas figuras se concentran en Proverbios 9, donde ambas salen al encuentro de los «simplecitos» o inexpertos, simbolizando la bifurcación de los caminos humanos. La tradición sapiencial judía y cristiana ve en ellas ecos de la creación divina: la sabiduría como reflejo de la ley inscrita en el corazón y principio de moralidad.5 Paralelamente, textos como Proverbios 31:10-31 exaltan a la mujer virtuosa —"más preciosa que las joyas"—, que encarna virtudes prácticas y espirituales, mientras que Proverbios 14:1 advierte: «La mujer sabia edifica su casa, mas la necia con sus manos la derriba».3,4
En libros deuterocanónicos como Sirácida (Eclesiástico), se amplía este contraste: la esposa modesta y temerosa de Dios versus la mujer desvergonzada o ruidosa.6,7

