La visión de Daniel 7
La figura más célebre del libro aparece en la visión de Daniel 7. Después de contemplar cuatro bestias, el profeta ve «uno como hijo de hombre» que llega sobre las nubes del cielo hasta el Anciano de días. A esta figura recibe poder, gloria y reino, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirven. Su dominio es eterno y su reino no será destruido.
La expresión aramea utilizada en Daniel puede significar literalmente «como un hijo de hombre», es decir, una figura semejante a un ser humano en contraste con las bestias que simbolizan los imperios. La interpretación de la visión relaciona esta figura con los santos del Altísimo, que reciben el reino. El texto mantiene, por tanto, una relación profunda entre una figura individual y el pueblo santo.,
Interpretación mesiánica
La tradición cristiana leyó al Hijo del Hombre como una figura mesiánica. San Jerónimo identificó en él al Mesías personal, no solo a un reino colectivo o a un símbolo de Israel. En su interpretación, el Hijo del Hombre representa al Hijo de Dios triunfante, cuyo reino sucede a la destrucción de los poderes terrenos.
Esta interpretación no elimina la dimensión comunitaria de la visión. El Mesías recibe el reino y, unido a él, el pueblo de los santos participa de su victoria. La persona del Hijo del Hombre y la comunidad santa forman una unidad teológica: él representa al pueblo, pero también lo trasciende y ejerce una autoridad universal.
El Hijo del Hombre en el Nuevo Testamento
Jesús utiliza con frecuencia el título Hijo del Hombre para hablar de sí mismo. La tradición cristiana entiende que sus palabras evocan directamente la visión de Daniel 7. Jesús no se limita a anunciar una futura figura celestial: aplica a su propia persona la autoridad para perdonar pecados, juzgar a las naciones, padecer, morir y resucitar.
El título sirve así de puente entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. En Daniel, el Hijo del Hombre recibe un reino eterno; en los Evangelios, Jesús anuncia que el Hijo del Hombre llegará con gloria y manifiesta que su reino ya comienza en medio de la historia. La tradición cristiana contempla en Cristo la unión de humanidad y divinidad anunciada de forma velada en la visión de Daniel.,
La catequesis cristiana también relaciona el Hijo del Hombre con la pasión. Jesús emplea el título no solo en contextos de gloria escatológica, sino también al anunciar su sufrimiento y su muerte. El Mesías de Daniel recibe el reino, pero el camino hacia la glorificación pasa por la humillación, el servicio y la cruz.