Dar buen consejo al que lo necesita
En la tradición católica, dar buen consejo al que lo necesita se presenta como una obra de misericordia espiritual esencial, que implica ofrecer orientación sabia y prudente a quienes enfrentan dilemas morales, decisiones difíciles o confusiones en su vida cotidiana. Esta práctica, arraigada en la virtud cardinal de la prudencia, no solo ayuda al prójimo a discernir el bien verdadero, sino que también fortalece la comunidad cristiana al promover la aplicación recta de los principios evangélicos. Fundamentada en la Escritura, el Magisterio y la teología tomista, esta obra exige discernimiento, caridad y responsabilidad, distinguiéndose de consejos superficiales o interesadas manipulaciones.
Tabla de contenido
Definición y fundamento en la doctrina católica
Dar buen consejo al que lo necesita forma parte de las siete obras de misericordia espirituales, que la Iglesia propone como caminos concretos para imitar la misericordia divina en la vida ordinaria.1,2 Esta obra se centra en brindar asesoramiento moral y espiritual a quien lo solicita o lo requiere por su situación de vulnerabilidad, ayudándole a elegir el camino recto hacia el bien. No se trata de imponer opiniones personales, sino de guiar con razón recta iluminada por la fe, evitando errores que podrían llevar al alma a la perdición.
La base teológica radica en la intersección entre la caridad fraterna y la prudencia, virtudes que se complementan mutuamente. Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, la prudencia es la virtud que permite discernir el verdadero bien en toda circunstancia y escoger los medios adecuados para alcanzarlo.3 El hombre prudente «mira por dónde va», aplicando principios morales a casos particulares sin incurrir en errores.3 Así, dar buen consejo es un acto de prudencia en acción, que implica tres momentos clave: deliberar, juzgar y decidir.4
La virtud de la prudencia como pilar del buen consejo
En la tradición tomista y aristotélica
Santo Tomás de Aquino, siguiendo a Aristóteles, define la prudencia como «recta ratio agibilium», es decir, la razón recta aplicada a las acciones humanas.3,5,4 Esta virtud, conocida como auriga virtutum (el auriga de las virtudes), dirige a las demás hacia su fin propio.3,6 En concreto, la prudencia realiza tres funciones esenciales para dar buen consejo:
Consultar: Examinar los medios idóneos para resolver el problema planteado.4
Juzgar: Evaluar con solidez la conveniencia de esas opciones a la luz de la ley divina y natural.4
Mandar: Imperar la ejecución de lo decidido, con diligencia y sin remisión.4
El Aquinate distingue esta prudencia auténtica de la falsa prudencia, que persigue fines viciosos con astucia carnal, condenada en la Escritura como «sabiduría de la carne» (Rm 8,6).4 En la vida cristiana, la prudencia infusa —otorgada por la gracia— eleva este don al ámbito sobrenatural, orientando hacia la salvación eterna.4
Enseñanza del Magisterio reciente
Papa Francisco, en su catequesis sobre las virtudes, subraya que la prudencia no es timidez ni mera cautela, sino la capacidad de razonar creativamente, evaluando la complejidad de las situaciones sin dejarse llevar por emociones o presiones.5 El prudente conoce lo que quiere, pesa opciones, busca consejo ajeno y decide con libertad interior, evitando errores graves.5 Jesús mismo la ejemplifica en parábolas como la casa sobre la roca (Mt 7,24-27) o las vírgenes prudentes (Mt 25,1-13), exhortando a ser «astutos como serpientes e inocentes como palomas» (Mt 10,16).5
El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia detalla los pasos prudenciales: reflexión y consulta, evaluación a la luz del plan divino y decisión responsable.7 Esta virtud asegura decisiones coherentes y realistas, rechazando equívocos como la astucia utilitaria o la indecisión.8
Contexto bíblico y patrístico
La Sagrada Escritura abundan en llamadas a dar buen consejo. El Sabio proclama: «El prudente mira por dónde va» (Pr 14,15), y San Pedro urge: «Manteneos sensatos para la oración» (1 Pe 4,7).3 En el Antiguo Testamento, figuras como Natán aconsejando a David (2 Sam 12) o la reina de Saba probando la sabiduría de Salomón ilustran esta práctica.
Los Padres de la Iglesia, como San Ambrosio, la llaman «cochero de las virtudes», esencial para formar conciencias rectas.6 La prudencia guía el juicio de la conciencia, permitiendo oír la voz de Dios en ella.9
Aplicación práctica en la vida cristiana
Dar buen consejo exige discernimiento espiritual y humildad. No todo fiel está llamado a aconsejar en toda materia; se requiere competencia y estado de gracia.10 En contextos pastorales, clérigos y laicos deben actuar con cautela y celo, como exhorta León XIII, adaptándose a las necesidades sin relajar la disciplina.11
En la vida social y política, la prudencia informa decisiones colectivas, harmonizando puntos de vista para el bien común.12,5 Los obispos estadounidenses enfatizan su rol en formar conciencias para la ciudadanía fiel, deliberando alternativas y actuando con coraje moral.6
Pasos prácticos para dar buen consejo:
Escuchar activamente la situación del necesitado.
Consultar fuentes doctrinales (Escritura, Magisterio).
Evaluar opciones conforme a la ley moral.
Ofrecer el consejo con caridad, sin juzgar.
Acompañar en la ejecución, orando por frutos.
Evitar excesos: el perfeccionismo puede ser «enemigo del bien», generando conflictos.5
Ejemplos en la vida de los santos
Santos como San Vicente de Paúl, padre de los afligidos, ejemplifican el buen consejo combinado con caridad práctica, sin descuidar su santificación personal.11 Santa Catalina de Alejandría, patrona de filósofos y secretarios por su elocuencia, convirtió a sabios con argumentos prudentes.13,14
Alberto Magno y Tomás de Aquino, patronos de académicos, integraron razón y fe para aconsejar con universalidad docta.13,15
Desafíos contemporáneos y exhortación
En una era de información superficial y presiones ideológicas, dar buen consejo combate la «sabiduría mundana» con prudencia evangélica.5,4 La Iglesia insta a los fieles a cultivarla mediante oración, sacramentos y formación doctrinal, especialmente en consejos familiares, laborales o éticos.
En resumen, dar buen consejo al que lo necesita es un imperativo misericordioso que, sostenido por la prudencia, edifica el Reino de Dios. Cultivémosla para ser «santos inteligentes», guiando almas con verdad y amor.
Citas
Sección la vocación del hombre en la vida del espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1805 (1992). ↩
Sección la vocación del hombre en la vida del espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1834 (1992). ↩
Sección la vocación del hombre en la vida del espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1806 (1992). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
Prudencia, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Prudencia (1913). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7 ↩8
Resumen de las palabras del santo padre, Papa Francisco. Audiencia General del 20 de marzo de 2024 - Ciclo de Catequesis. Vicios y Virtudes. 12. Prudencia (2024). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7
Parte I - Formar conciencias para una ciudadanía fiel: La reflexión de los obispos de EE. UU. sobre la enseñanza católica y la vida política - ¿Cómo ayuda la Iglesia a los fieles católicos a pronunciarse sobre cuestiones políticas y sociales? - La virtud de la prudencia, Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Formar conciencias para una ciudadanía fiel, § 19 (2015). ↩ ↩2 ↩3
C. Actuar con prudencia, Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, § 547 (2004). ↩
C. Actuar con prudencia, Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, § 548 (2004). ↩
Sección la vocación del hombre en la vida del espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1777 (1992). ↩
Sección la vocación del hombre en la vida del espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1788 (1992). ↩
Papa León XIII. Graves de Communi Re, § 24. ↩ ↩2
Orden en el universo - V. Exhortaciones pastorales - Filosofías y movimientos históricos, Papa Juan XXIII. Pacem in Terris, § 160. ↩
Filósofos - Alberto Magno, Boecio, Catalina de Alejandría, Magisterio IA. Santos patronos en la Iglesia Católica, §Filósofos. ↩ ↩2
Secretarios - Catalina de Alejandría, Claudio, Magisterio IA. Santos patronos en la Iglesia Católica, §Secretarios. ↩
Académicos - Tomás de Aquino, Alberto el Grande, Magisterio IA. Santos patronos en la Iglesia Católica, §Académicos. ↩
