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Cruz

Dar de beber al sediento

Dar de beber al sediento es una de las siete obras de misericordia corporales tradicionales de la doctrina católica, que invita a los fieles a aliviar la sed física de los necesitados como expresión concreta de la caridad cristiana. Esta práctica, arraigada en el Evangelio de Mateo (25,35), se extiende a una dimensión espiritual que simboliza la oferta del agua viva de Cristo, tal como se describe en el encuentro con la samaritana (Juan 4,7-15). En la tradición de la Iglesia, se presenta como un acto de justicia y amor al prójimo, enfatizado en el Catecismo de la Iglesia Católica y en las enseñanzas del Magisterio, desde los Padres de la Iglesia hasta los papas contemporáneos, recordándonos que servir al sediento es servir a Cristo mismo.1,2,3

Tabla de contenido

Fundamento bíblico

La raíz de esta obra de misericordia se encuentra en las Sagradas Escrituras, donde la sed y el acto de dar de beber se convierten en imágenes poderosas de la providencia divina y la compasión humana.

En el Evangelio de Mateo, Jesús pronuncia las palabras clave durante el juicio final: «Tuve sed y me disteis de beber» (Mt 25,35), integrándola en el criterio escatológico para la salvación. Este pasaje, parte del discurso sobre el Juicio Final, equipara el servicio a los más necesitados con el servicio directo al Señor, subrayando que la omisión de tales actos conlleva graves consecuencias eternas.1,4

Otro texto fundamental es el Evangelio de Juan, en el episodio de la samaritana junto al pozo. Jesús, fatigado por el camino, pide: «Dame de beber» (Jn 4,7), revelando su sed no solo física, sino espiritual, y ofreciendo a cambio «agua viva» que sacia para siempre (Jn 4,10-14). Este diálogo ilustra cómo dar de beber puede convertirse en un encuentro transformador con Dios, donde el sediento divino invita al humano a participar en su misión salvífica.5,6,7

En el Antiguo Testamento, se hallan ecos en profetas como Isaías (58,6-7) y Jeremías (2,13), que contrastan las «cisternas rotas» humanas con la fuente de aguas vivas que es Dios. Además, el mandato de caridad en el Deuteronomio y los Salmos refuerza la obligación de socorrer al prójimo en sus necesidades básicas, incluyendo la sed.5,1

Estos pasajes bíblicos no solo prescriben una acción material, sino que la elevan a símbolo de la gracia divina, recordando que Cristo en la cruz clama: «Tengo sed» (Jn 19,28), manifestando su entrega total por la humanidad.5,8

Las obras de misericordia en la doctrina católica

Las siete obras de misericordia corporales

La Iglesia Católica sistematiza dar de beber al sediento como la segunda de las siete obras de misericordia corporales, junto a dar de comer al hambriento, vestir al desnudo, dar posada al peregrino, visitar a los enfermos, visitar a los encarcelados y enterrar a los muertos.1,9,10

El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) las define como «acciones caritativas por las que venimos en ayuda de nuestro prójimo en sus necesidades espirituales y corporales», citando explícitamente Mt 25,31-46.1 En el CIC 2462, se destaca que dar limosna al pobre, incluyendo bebida al sediento, es un testimonio de caridad fraterna y un acto de justicia que agrada a Dios.2

El Catecismo del Concilio de Trento, promulgado por Pío V, amplía esta enseñanza al vincularla con el quinto mandamiento («No matarás»), interpretándolo como llamada a la paciencia, beneficencia y mansedumbre. Allí se exhorta a «dar de beber al sediento», proporcionando liberality proporcional a las necesidades, incluso hacia enemigos, citando Rm 12,20.9

San Tomás de Aquino, en la Suma Teológica (II-II, q. 32, a. 2), clasifica las limosnas corporales, incluyendo dar de beber, como respuesta a las necesidades del cuerpo, motivadas por la misericordia, que es efecto de la caridad.10

Dimensión espiritual complementaria

Paralelamente, existen siete obras de misericordia espirituales, pero dar de beber al sediento trasciende lo corporal al evocar la sed del alma. El CIC 2561 relaciona la oración de petición con la sed de Dios por el hombre, respondiendo a su llamado como fuente de aguas vivas.5

Enseñanza del Magisterio de la Iglesia

Los pontífices han insistido repetidamente en esta obra como remedio a las injusticias sociales.

Papa Francisco, en su audiencia general del 19 de octubre de 2016, dedicó un espacio específico a «dar de beber al sediento», lamentando cómo el «bienestar» cierra corazones a las necesidades ajenas, especialmente en poblaciones afectadas por escasez de agua, con graves impactos en niños. Exhortó a enfrentar la realidad sin dejarse engañar por ideales efímeros.3

Benedicto XVI, en Deus caritas est (n. 19), vincula la caridad trinitaria con el servicio a las necesidades materiales, recordando que «si ves la caridad, ves la Trinidad» (S. Agustín). En Caritas in veritate (n. 2), afirma que la caridad es síntesis de la Ley y principio de relaciones sociales.11,12

Pío XI, en Caritate Christi compulsi (1932), llamó a la caridad frente a crisis económicas que generan sed y hambre, y en Divini Redemptoris (n. 47), criticó el despilfarro ante la miseria, citando Mt 25 como juicio divino.13,4

Juan Pablo II, en la beatificación de mártires españoles (1999), presentó a los santos como «fuentes desbordantes» que sacian la sed ajena gracias al amor de Dios derramado por el Espíritu.14

Estos documentos subrayan que practicar esta obra no es opcional, sino esencial para la identidad cristiana.

Significado teológico y simbólico

Teológicamente, dar de beber al sediento integra justicia y caridad. Aquino distingue: es acto de justicia como satisfacción por pecados (Dn 4,24 Vulgata), pero sacrificio cuando se hace por Dios, mediado por la misericordia.10

S. Agustín, en sus Exposiciones sobre los Salmos (Sal 62,5), interpreta la sed de Cristo como anhelo por convertir almas, bebiendo la fe de los creyentes como la samaritana.8 En De moribus ecclesiae catholicae (cap. 27), aclara que la compasión no implica pasión desordenada, sino benevolencia serena al dar bebida.15

En la espiritualidad, evoca el Bautismo (CIC 1284), donde el agua simboliza vida nueva, y la Eucaristía como agua viva.16,6

Hoy, en contextos de crisis hídricas globales, se aplica a acceso al agua potable, vinculándose a la doctrina social de la Iglesia.

Práctica en la vida cristiana contemporánea

Aplicar esta obra exige creatividad: desde donar agua en refugios, apoyar pozos en misiones, hasta gestos cotidianos como ofrecer bebida a jornaleros o ancianos.

Organizaciones católicas como Cáritas promueven proyectos hidráulicos en países en desarrollo. En parroquias, se fomenta en Cuaresma o Círculos de San Pedro.

Ejemplos históricos: Santos como San Benito José Labre o contemporáneos misioneros en África encarnan esta virtud.

Para los laicos, implica examinar conciencias: ¿Desperdicio agua mientras otros mueren de sed? Papa Francisco urge superar el individualismo del «bienestar».3

En la familia, enseñar a niños compartiendo bebidas fomenta solidaridad.

Conclusión

Dar de beber al sediento resume la esencia de la caridad evangélica: un acto simple que revela el rostro de Cristo en el sufrido. Desde su base bíblica hasta su eco en el Magisterio, invita a los católicos a ser «fuentes de agua viva» en un mundo sediento de Dios y dignidad humana. Practicarla transforma sociedades y asegura el mandato del Juicio Final.1,4

Citas

  1. Sección II. Los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2447 (1992). 2 3 4 5 6

  2. Sección II. Los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2462 (1992). 2

  3. B33. Alimentar a los hambrientos, dar de beber a los sedientos, Papa Francisco. Audiencia General del 19 de octubre de 2016. 33. Alimentar a los hambrientos, dar de beber a los sedientos (2016). 2 3

  4. Papa Pío XI. Divini Redemptoris, § 47. 2 3

  5. Sección I. Oración en la vida cristiana, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2561 (1992). 2 3 4

  6. Capítulo V – Ecos en la historia de la espiritualidad – Ser una fuente de la cual otros pueden beber, Papa Francisco. Dilexit nos (24 de octubre 2024) – Encíclica, § 174 (2024). 2

  7. Viaje apostólico a Panamá: Misa solemne con la dedicación del altar de la catedral basílica de Santa María la Antigua con sacerdotes, personas consagradas y movimientos laicos – Dame de beber, Papa Francisco. Viaje apostólico a Panamá: Misa solemne con la dedicación del altar de la Basílica Catedral de Santa María la Antigua con sacerdotes, personas consagradas y movimientos laicos (26 de enero de 2019) (2019).

  8. Agustín de Hipona. Exposiciones sobre los Salmos – Salmo 62, § 5. 2

  9. Los diez mandamientos – El quinto mandamiento – Paciencia, beneficencia y mansedumbre ordenadas, Papa Pío V. Catecismo del Concilio de Trento, §Los diez mandamientos – El quinto mandamiento. 2

  10. Reinhard Hütter. La sabiduría de la cruz es la sabiduría de la caridad: Soteriología de Tomás de Aquino — una refutación anticipada del neo‑pelagianismo y del neo‑gnosticismo, § 25 (2021). 2 3

  11. Parte II: «Caritas, la práctica del amor por la Iglesia como ‘comunidad de amor’» – La actividad caritativa de la Iglesia como manifestación del amor trinitario, Papa Benedicto XVI. Deus Caritas Est, § 19.

  12. Papa Benedicto XVI. Caritas in Veritate, § 2 (2009).

  13. Pío XI. Caritate Christi Compulsi (1932).

  14. Papa Juan Pablo II. 7 de marzo de 1999, Beatificación de ocho mártires españoles, § 2 (1999).

  15. Sobre el bien al cuerpo de nuestro prójimo, Agustín de Hipona. De la moral de la Iglesia Católica, §Capítulo XXVII. 53 (388).

  16. Sección II. Los siete sacramentos de la Iglesia, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1284 (1992).