Dar de comer al hambriento
Dar de comer al hambriento es una de las principales obras de misericordia corporal según la doctrina católica, que insta a los fieles a aliviar el sufrimiento físico de los necesitados mediante la provisión de alimento. Esta práctica, arraigada en el Evangelio y el Magisterio de la Iglesia, no solo responde a una exigencia de caridad fraterna, sino que también refleja el juicio final descrito por Jesús en Mateo 25:31-46, donde se identifica con los más pobres. A lo largo de la historia, ha inspirado innumerables iniciativas eclesiales y movimientos sociales, subrayando la conexión inseparable entre fe y justicia social.1,2
Tabla de contenido
Fundamento bíblico
La base scriptural de dar de comer al hambriento se encuentra en múltiples pasajes del Antiguo y Nuevo Testamento, que enfatizan la solidaridad con los menesterosos como un mandato divino.
En el Antiguo Testamento
Los profetas ya denunciaban la indiferencia ante el hambre como un pecado grave. Isaías 58:6-7 llama a compartir el pan con el hambriento como expresión auténtica de ayuno agradable a Dios.1 Tobías 4:5-11 y Eclesiástico 17:22 exaltan la limosna como acto de justicia que agrada al Señor.1 Estos textos establecen que el hambre no es solo un problema material, sino un signo de la fragilidad humana derivada del pecado original.3
En el Evangelio
Jesús eleva esta obligación a criterio de salvación eterna. En la parábola del juicio final (Mateo 25:31-46), el Hijo del Hombre separa a las ovejas de los cabritos según si dieron de comer al hambriento: «Porque tuve hambre, y me disteis de comer».1,4 Esta identificación de Cristo con el pobre —«Lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis»— hace de esta obra un encuentro personal con el Señor.5,4 Además, el ejemplo de Jesús, que multiplicó los panes y alimentó a las multitudes, inspira la práctica cotidiana de la caridad.6
Enseñanza del Magisterio
El Magisterio de la Iglesia ha desarrollado esta obra como pilar de la vida cristiana, integrándola en la moral social y la liturgia.
Catecismo de la Iglesia Católica
El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) enumera dar de comer al hambriento entre las obras de misericordia corporal, junto a dar de beber al sediento, vestir al desnudo y otras.1 Se presenta como testigo de la caridad fraterna y acto de justicia: «Dar limosna a los pobres es uno de los principales testimonios de la caridad fraterna: es también una obra de justicia que agrada a Dios».2 Los cristianos son administradores de los bienes del Señor, llamados a compartirlos con los necesitados.7 Esta enseñanza se extiende a formas modernas de pobreza cultural y espiritual.6
En el contexto eucarístico, desde los primeros cristianos se recogían dones para los pobres junto al pan y vino, imitando a Cristo que se hizo pobre para enriquecernos.8
Encíclicas y documentos papales
Los pontífices han reiterado esta obligación con urgencia profética. Pío XI en Casti Connubii afirma que la caridad cristiana exige proveer lo necesario a los pobres, advirtiendo que retener los bienes ante el hambre contradice el amor de Dios.9 En Divini Redemptoris, denuncia el contraste entre el lujo y la miseria, citando Mateo 25 como consuelo y terror en el Juicio Final.4
Juan Pablo II en Sollicitudo Rei Socialis evoca la tradición patrística: la Iglesia debe aliviar la miseria incluso vendiendo ornamentos superfluos para alimentar a los hambrientos, priorizando el «ser» sobre el «tener».10
Benedicto XVI en Caritas in Veritate califica dar de comer al hambriento como imperativo ético universal, vinculándolo a la paz global y exigiendo instituciones que garanticen acceso a alimentos.11 En Deus Caritas Est, distingue la caridad cristiana de la mera asistencia social, enfatizando la humanidad y el corazón en el servicio.5
Francisco, en Laudato Si', une esta obra a la ecología integral: ignorar el hambre mientras se protege el medio ambiente es incoherente.12 Destaca la «ecología social» que integra el clamor de la tierra y de los pobres.13 En Fratelli Tutti, urge eliminar el hambre como prioridad política, llamándola «derecho inalienable» y escándalo ante el despilfarro.14 Reafirma el destino universal de los bienes, con un «hipoteca social» sobre la propiedad privada.15
Como obra de misericordia corporal
Dar de comer al hambriento forma parte de las siete obras de misericordia corporal, que responden a las necesidades corporales del prójimo.1 No se limita a la limosna esporádica, sino que implica un estilo de vida: trabajar para poder dar (Efesios 4:28).6
| Obra de misericordia corporal | Descripción breve | Referencia bíblica principal |
|---|---|---|
| Dar de comer al hambriento | Proveer alimento a quienes carecen de él | Mt 25:351 |
| Dar de beber al sediento | Saciar la sed de los necesitados | Mt 25:35 |
| Vestir al desnudo | Cubrir la desnudez | Mt 25:36 |
| Visitar a los enfermos | Cuidar a los postrados | Mt 25:36 |
| Visitar a los encarcelados | Consolar a los presos | Mt 25:36 |
| Dar posada al peregrino | Acoger al forastero | Mt 25:35 |
| Enterrar a los muertos | Honrar a los difuntos | Tob 1:17-19 |
Esta tabla ilustra su lugar en el conjunto, inspirado en la tradición apostólica (Hechos 4:32).7
Importancia en la doctrina social de la Iglesia
En la Doctrina Social de la Iglesia, dar de comer al hambriento combate las desigualdades estructurales. Pío XI critica el gasto frívolo ante la miseria.4 Pablo VI y Juan Pablo II ven en el hambre un problema de recursos sociales, no solo materiales.11,10
Francisco denuncia la «globalización de la indiferencia» y la especulación alimentaria, que condena a millones mientras se desechan toneladas de comida.16,14 Propone limitar el consumo en países ricos para ayudar a los pobres, reconociendo deudas ecológicas y responsabilidades diferenciadas.16
La Iglesia prioriza a los pobres con «amor preferencial», trabajando por su liberación desde sus orígenes.3
Práctica en la Iglesia y la vida cotidiana
Desde los primeros siglos, las comunidades cristianas practicaban colectas para los pobres.8 Hoy, organizaciones como Cáritas realizan esta obra a escala global, combinando ayuda inmediata con desarrollo sostenible.5
En la vida diaria, implica:
Donaciones regulares a comedores sociales.
Reducción del despilfarro alimentario.
Consumo responsable, priorizando productos justos.
Oración y educación, fomentando la conciencia social.
Los fieles están llamados a ver en cada hambriento a Cristo, transformando la caridad en encuentro transformador.5
Conclusión
Dar de comer al hambriento sintetiza la esencia del cristianismo: amor concreto al prójimo como a Dios. En un mundo de desigualdades crecientes, esta obra desafía a la Iglesia y a cada bautizado a ser instrumentos de justicia y paz, anticipando el Reino donde «no habrá más hambre» (Apocalipsis 7:16). Su práctica fiel asegura la bienaventuranza eterna prometida por Cristo.1,4
Citas
Sección II Los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2447 (1992). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7 ↩8
Sección II Los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2462 (1992). ↩ ↩2
Sección II Los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2448 (1992). ↩ ↩2
Parte II: «Caritas, la práctica del amor por la Iglesia como ‘comunidad de amor’» - La singularidad de la actividad caritativa de la Iglesia, Papa Benedicto XVI. Deus Caritas Est, § 31. ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Sección II Los diez mandamientos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2444 (1992). ↩ ↩2 ↩3
Sección II I. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 952 (1992). ↩ ↩2
Sección II Los siete sacramentos de la Iglesia, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1351 (1992). ↩ ↩2
IV. Desarrollo humano auténtico, Papa Juan Pablo II. Sollicitudo Rei Socialis, § 31 (1987). ↩ ↩2
Capítulo II - Desarrollo humano en nuestro tiempo, Papa Benedicto XVI. Caritas in Veritate, § 27 (2009). ↩ ↩2
Capítulo II - V. Una comunión universal, Papa Francisco. Laudato Si, § 91 (2015). ↩
Capítulo I - V. Desigualdad global, Papa Francisco. Laudato Si, § 49 (2015). ↩
Capítulo V - El ejercicio del amor político - Sacrificios nacidos del amor, Papa Francisco. Fratelli Tutti, § 189 (2020). ↩ ↩2
Capítulo II - VI. El destino común de los bienes, Papa Francisco. Laudato Si, § 93 (2015). ↩
Capítulo I - V. Desigualdad global, Papa Francisco. Laudato Si, § 52 (2015). ↩ ↩2
