Necesidad de una investigación cuidadosa
El sacerdote exorcista no debe iniciar el exorcismo mayor sin alcanzar una certeza moral de que la persona está realmente poseída por el demonio. El ritual exige una investigación diligente y una valoración prudente de las circunstancias.
Entre los signos tradicionalmente asociados a una posible posesión aparecen hablar o comprender una lengua desconocida, revelar hechos ocultos o manifestar una fuerza extraordinaria en relación con la edad y la condición física. Sin embargo, ninguno de esos fenómenos basta por sí solo para demostrar una acción demoníaca.
El discernimiento también debe considerar signos de carácter moral y espiritual, como una aversión intensa hacia Dios, el nombre de Jesús, la Virgen María, los santos, la Iglesia, la Palabra de Dios, los sacramentos y las imágenes sagradas. El exorcista debe examinar todos esos elementos dentro de la historia personal y de la vida espiritual del afectado.
Colaboración con la medicina y la psiquiatría
La Iglesia exige la colaboración con especialistas. El exorcista debe consultar, cuando resulte posible y necesario, a personas con experiencia espiritual y a profesionales de la medicina y de la psiquiatría que posean sensibilidad ante la dimensión espiritual de la persona.
Esta colaboración protege a la persona contra diagnósticos precipitados y contra interpretaciones religiosas de trastornos que requieren tratamiento médico o psicológico. Una enfermedad mental, una alteración neurológica, una adicción, un trauma o una crisis emocional no deben confundirse automáticamente con una posesión demoníaca.
La atención pastoral tampoco debe reducir toda experiencia religiosa intensa a una enfermedad. El discernimiento católico procura integrar la dimensión espiritual, médica, psicológica, familiar y social, respetando la dignidad y la libertad del afectado. Cuando el caso presenta especial dificultad, el obispo diocesano puede solicitar la opinión de varios expertos antes de autorizar una decisión sobre el exorcismo.
Consentimiento y secreto
El ritual considera conveniente que la persona afectada consienta el exorcismo cuando sus condiciones lo permitan. El exorcista debe respetar la dignidad del enfermo, evitar presiones y proteger rigurosamente el secreto de la confesión.
La persona no debe convertirse en objeto de curiosidad pública. La celebración requiere discreción, protección de la intimidad y un entorno que favorezca la oración, la calma y la seguridad. El ritual rechaza expresamente cualquier forma de espectáculo.