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De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam

De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam-«Sobre los exorcismos y ciertas súplicas»- es el ritual litúrgico de la Iglesia católica para la celebración del exorcismo mayor y para otras oraciones de liberación frente a la acción del Maligno. Promulgado en 1999 por la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, presenta el exorcismo como un sacramental, no como un sacramento, y regula su celebración con criterios de prudencia, discernimiento pastoral y sobriedad litúrgica.1

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreDe Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam
CategoríaObra
DescripciónRitual para la celebración del exorcismo mayor y otras oraciones de liberación frente al Maligno
Autoridad EclesiásticaCongregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos
Fecha de Aprobación1 de octubre de 1998
Fecha de Publicación1999
TemaExorcismo, suplicaciones, liberación espiritual
TipoDocumento, Ritual litúrgico, Sacramental, Exorcismo mayor

Tabla de contenido

Naturaleza y finalidad

El exorcismo pertenece a los sacramentales. La Iglesia entiende por sacramental un signo sagrado que expresa efectos principalmente espirituales y que obtiene gracias mediante la intercesión de la propia Iglesia. Por tanto, el exorcismo no comunica la gracia del mismo modo que los siete sacramentos ni sustituye al Bautismo, la Penitencia o la Eucaristía.2

La finalidad del exorcismo consiste en pedir a Dios la liberación de una persona, un lugar o una realidad sometida a una influencia extraordinaria del demonio. La Iglesia lo realiza públicamente y con autoridad espiritual en el nombre de Jesucristo, rogando que el Maligno abandone a la persona o deje de ejercer sobre ella una acción nociva.3

El rito no funciona como una fórmula mágica. Su eficacia depende de la autoridad de Cristo, de la fe de la Iglesia y de la súplica dirigida a Dios. La celebración debe manifestar la confianza cristiana en la victoria pascual de Jesucristo, no presentar al exorcista como poseedor de poderes personales.2,4

Historia y promulgación

La Iglesia practicó desde la época apostólica la oración contra el poder de los demonios. Los Hechos de los Apóstoles relatan diversas acciones de liberación, y la tradición cristiana conservó distintas formas de súplica y exorcismo dentro de la iniciación cristiana y de la atención pastoral a los fieles.3,5

El nuevo ritual revisó las normas y las fórmulas que hasta entonces pertenecían al título XII del Ritual romano. La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos promulgó la edición reformada en 1999, después de que el papa Juan Pablo II la aprobara el 1 de octubre de 1998. El nuevo libro debía sustituir las normas y fórmulas anteriores en aquello que regulaba la celebración del exorcismo.1

La reforma pretendió armonizar el rito con la renovación litúrgica promovida por el Concilio Vaticano II, especialmente con los principios relativos a la revisión de los sacramentales.1

Fundamento teológico

Dios, los ángeles y los demonios

La Iglesia confiesa a un solo Dios, creador de todo lo visible y lo invisible. Los ángeles fueron creados buenos, pero algunos rechazaron libremente a Dios y se convirtieron en espíritus malignos. Su naturaleza no cambió en otra especie: su maldad procede de su rebelión contra el Bien supremo.6

La tradición bíblica llama al demonio con diversos nombres: Satanás, Diablo, serpiente antigua, dragón, tentador, mentiroso y príncipe de este mundo. Estas expresiones describen su oposición a Dios, su actividad seductora y su intento de apartar al ser humano de la verdad y de la obediencia divina.7

La acción demoníaca no posee un poder ilimitado. Dios continúa gobernando la creación y el demonio no puede superar los límites que la providencia divina permite. La existencia del mal espiritual no introduce una segunda divinidad ni un principio eterno opuesto a Dios.2

La victoria de Jesucristo

El exorcismo encuentra su fundamento principal en la victoria de Jesucristo sobre el pecado, la muerte y Satanás. Durante su ministerio público, Jesús expulsó demonios, curó a personas oprimidas y manifestó así la llegada del Reino de Dios. La cruz y la resurrección llevaron esa victoria a su plenitud.5

Cristo concedió también a los apóstoles y a otros discípulos autoridad para expulsar espíritus inmundos. La Iglesia continúa esa misión, pero siempre como instrumento de Cristo y nunca como fuente autónoma de poder espiritual.5

La celebración del exorcismo recuerda que la libertad cristiana nace ante todo de la redención. El objetivo no consiste simplemente en eliminar fenómenos extraordinarios, sino en conducir a la persona hacia la libertad de los hijos de Dios y hacia una vida unida a Cristo.2,3

El exorcismo mayor

El exorcismo mayor, llamado también solemne o grande, constituye una celebración litúrgica destinada a liberar a una persona que padece una verdadera posesión demoníaca. La Iglesia lo considera una súplica solemne dirigida a Dios y ejercida con la autoridad espiritual confiada por Jesucristo a la Iglesia.2

El exorcismo mayor queda reservado al sacerdote que desempeña el ministerio de exorcista. El sacerdote no actúa en nombre propio, sino en nombre de la Iglesia y bajo la responsabilidad de la autoridad eclesiástica competente. En los casos difíciles, especialmente cuando afectan a personas no católicas, la cuestión debe remitirse al obispo diocesano.8

La celebración incluye súplicas a Dios, invocaciones del nombre de Jesucristo, proclamación de la fe, referencias a la Sagrada Escritura y peticiones de protección y liberación. Las fórmulas litúrgicas piden al Padre que libere al ser humano redimido por la sangre de Cristo y que destruya las insidias del demonio.9

El rito exige prudencia y dignidad. No debe convertirse en espectáculo, ni admitir una publicidad que exponga innecesariamente a la persona afectada. La acción litúrgica ha de expresar la fe de la Iglesia y excluir toda apariencia de magia o superstición.8

Exorcismos menores y oraciones de liberación

Los exorcismos menores forman parte principalmente del itinerario de iniciación cristiana. Durante el catecumenado, la Iglesia ora para que los catecúmenos sean liberados de las consecuencias del pecado, fortalecidos en su camino espiritual y preparados para recibir los dones del Salvador.3

También el rito del Bautismo incluye una oración de exorcismo. En ella, la Iglesia pide que el bautizado quede protegido frente a las seducciones del mundo y las insidias del demonio. El Bautismo incorpora a la persona a la victoria de Cristo sobre el pecado y la introduce en la gracia de la adopción filial.3

Las oraciones de liberación constituyen una categoría más amplia de súplicas pastorales. Pueden dirigirse por personas que sufren tentaciones, perturbaciones o formas de opresión espiritual sin que exista una posesión demoníaca. El ritual admite que un sacerdote que no sea exorcista, e incluso un diácono, ofrezca ayuda espiritual mediante oraciones y súplicas adecuadas.8

Conviene evitar la confusión terminológica. No toda oración contra el mal es un exorcismo mayor, y no toda experiencia de sufrimiento espiritual implica posesión demoníaca. El exorcismo mayor requiere un discernimiento específico y corresponde al sacerdote exorcista; las súplicas ordinarias de liberación pueden formar parte de la atención pastoral habitual, siempre dentro de la prudencia de la Iglesia.

Discernimiento previo

Necesidad de una investigación cuidadosa

El sacerdote exorcista no debe iniciar el exorcismo mayor sin alcanzar una certeza moral de que la persona está realmente poseída por el demonio. El ritual exige una investigación diligente y una valoración prudente de las circunstancias.8

Entre los signos tradicionalmente asociados a una posible posesión aparecen hablar o comprender una lengua desconocida, revelar hechos ocultos o manifestar una fuerza extraordinaria en relación con la edad y la condición física. Sin embargo, ninguno de esos fenómenos basta por sí solo para demostrar una acción demoníaca.8

El discernimiento también debe considerar signos de carácter moral y espiritual, como una aversión intensa hacia Dios, el nombre de Jesús, la Virgen María, los santos, la Iglesia, la Palabra de Dios, los sacramentos y las imágenes sagradas. El exorcista debe examinar todos esos elementos dentro de la historia personal y de la vida espiritual del afectado.8

Colaboración con la medicina y la psiquiatría

La Iglesia exige la colaboración con especialistas. El exorcista debe consultar, cuando resulte posible y necesario, a personas con experiencia espiritual y a profesionales de la medicina y de la psiquiatría que posean sensibilidad ante la dimensión espiritual de la persona.8

Esta colaboración protege a la persona contra diagnósticos precipitados y contra interpretaciones religiosas de trastornos que requieren tratamiento médico o psicológico. Una enfermedad mental, una alteración neurológica, una adicción, un trauma o una crisis emocional no deben confundirse automáticamente con una posesión demoníaca.

La atención pastoral tampoco debe reducir toda experiencia religiosa intensa a una enfermedad. El discernimiento católico procura integrar la dimensión espiritual, médica, psicológica, familiar y social, respetando la dignidad y la libertad del afectado. Cuando el caso presenta especial dificultad, el obispo diocesano puede solicitar la opinión de varios expertos antes de autorizar una decisión sobre el exorcismo.8

Consentimiento y secreto

El ritual considera conveniente que la persona afectada consienta el exorcismo cuando sus condiciones lo permitan. El exorcista debe respetar la dignidad del enfermo, evitar presiones y proteger rigurosamente el secreto de la confesión.8

La persona no debe convertirse en objeto de curiosidad pública. La celebración requiere discreción, protección de la intimidad y un entorno que favorezca la oración, la calma y la seguridad. El ritual rechaza expresamente cualquier forma de espectáculo.8

La celebración litúrgica

El exorcismo mayor posee carácter litúrgico. La Iglesia reúne en él la oración de súplica, la proclamación de la fe y la invocación de la autoridad de Jesucristo. La estructura ritual orienta la celebración hacia Dios y evita que la atención se concentre en las manifestaciones extraordinarias del demonio.

Las fórmulas invocan al Padre misericordioso, recuerdan la victoria de Cristo y piden la acción del Espíritu Santo. También pueden incluir la intercesión de la Virgen María, san Miguel Arcángel, los apóstoles y los santos.9

El sacerdote debe celebrar con sobriedad, evitando gestos innecesarios, dramatizaciones y cualquier conducta que fomente la sugestión colectiva. La finalidad consiste en pedir la liberación y fortalecer la fe, no en provocar reacciones visibles ni en obtener información sobre el mundo demoníaco.

Súplica comunitaria en circunstancias particulares

El ritual contiene también un formulario para ciertas circunstancias particulares. Cuando el obispo diocesano lo considera oportuno, puede convocar a los fieles a una reunión de oración dirigida y moderada por un sacerdote. En esas celebraciones pueden emplearse elementos de las súplicas previstas por el ritual.10

Esta forma comunitaria no equivale automáticamente al exorcismo mayor de una persona. Su finalidad consiste en pedir la protección de Dios frente a la acción del Maligno sobre personas, lugares, cosas o comunidades, siempre bajo la prudente dirección de la autoridad eclesial.10

Vida cristiana y protección frente al mal

El ritual sitúa el exorcismo dentro de la vida ordinaria de la Iglesia. Los cristianos afrontan tentaciones y combates espirituales, por lo que necesitan vigilancia, sobriedad, oración y firmeza en la fe. La participación en los sacramentos, especialmente la celebración frecuente de la Penitencia, fortalece el camino hacia la libertad cristiana.2

La protección frente al mal no depende de prácticas supersticiosas ni de objetos tratados como amuletos. Nace de la gracia de Dios, de la conversión, de la oración, de la vida sacramental y de la unión con Jesucristo. El exorcismo ocupa un lugar excepcional dentro de esa existencia cristiana y nunca sustituye la responsabilidad personal, la atención médica ni el acompañamiento pastoral.

Diferencias fundamentales

Exorcismo mayor

El exorcismo mayor es una celebración litúrgica solemne para casos de posesión demoníaca verdaderamente discernida. Corresponde al sacerdote exorcista y requiere investigación previa, prudencia y, cuando convenga, consulta médica, psiquiátrica y espiritual.8,2

Exorcismos menores

Los exorcismos menores acompañan especialmente el catecumenado y el Bautismo. Piden la liberación del pecado, la protección frente al demonio y la apertura a la gracia de Cristo.3

Oraciones de liberación

Las oraciones de liberación son súplicas pastorales dirigidas a Dios por quienes sufren tentaciones, opresión o perturbación espiritual. Pueden formar parte del ministerio de sacerdotes que no son exorcistas y de diáconos, siempre con fórmulas apropiadas y sin presentarlas como exorcismos mayores.8

Valoración católica

De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam presenta una visión equilibrada: reconoce la realidad de la acción demoníaca, proclama la victoria definitiva de Jesucristo y establece fuertes garantías contra la superstición, el sensacionalismo y los diagnósticos irresponsables. El exorcismo aparece así como un acto de culto y de intercesión eclesial, no como una técnica esotérica.

La Iglesia pide liberar a la persona del mal, pero también protegerla de toda forma de abuso espiritual. Por eso el ritual une fe, prudencia pastoral, discernimiento psicológico y médico, autoridad eclesiástica, respeto por la libertad y confianza en la gracia de Cristo.

Citas y referencias

  1. Congregatio de cultu divino et disciplina sacramentorum, Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y Otras Suplicaciones), 3 (1999). 2 3
  2. Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y Otras Suplicaciones), 10 (1999). 2 3 4 5 6 7
  3. II, Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y Otras Suplicaciones), 9 (1999). 2 3 4 5 6
  4. Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y Otras Suplicaciones), 6 (1999).
  5. Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y Otras Suplicaciones), 8 (1999). 2 3
  6. Praenotanda, Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y Otras Suplicaciones), 7 (1999).
  7. Prooemium, Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y Otras Suplicaciones), 5 (1999).
  8. Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y Otras Suplicaciones), 12 (1999). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12
  9. Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y Otras Suplicaciones), 35 (1999). 2
  10. I supplicatio et exorcismus qui adhiberi potest in peculiaribus adiunctis ecclesia, Sagrada Congregación para el Culto Divino. De Exorcismis et Supplicationibus Quibusdam (Exorcismos y Otras Suplicaciones), 69 (1999). 2
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