Deber de contribuir al bien común
El deber de contribuir al bien común es un principio fundamental de la doctrina social de la Iglesia católica, que obliga a todos los miembros de la sociedad —individuos, grupos y autoridades— a colaborar activamente en la creación de condiciones sociales que permitan a las personas alcanzar su plenitud humana. Este deber se enraíza en la dignidad de la persona humana, creada a imagen de Dios, y se orienta hacia el desarrollo integral de todos, priorizando a los más vulnerables. La enseñanza magisterial, desde el Catecismo de la Iglesia Católica hasta las encíclicas papales y el Compendio de la Doctrina Social, subraya que el bien común no es la suma de bienes individuales, sino un bien indivisible que exige solidaridad, justicia y amor, trascendiendo lo meramente material para incluir dimensiones espirituales y trascendentes.1,2
Tabla de contenido
Definición del bien común
El bien común se define como el conjunto de condiciones sociales que permiten a las personas, ya sea como individuos o en grupos, alcanzar su realización más plena y más fácilmente. No se trata de un mero agregado de intereses particulares, sino de un bien compartido e indivisible, accesible a todos y que beneficia a cada uno.3,1,2 Según esta concepción, el bien común presupone la dignidad inherente a todo ser humano y se orienta hacia su progreso integral: físico, espiritual, social y eterno.
Este principio, central en la doctrina social católica, distingue entre el bien privado y el público, recordando que la sociedad existe para servir al florecimiento de sus miembros. Como enseña la Iglesia, el orden de las cosas debe subordinarse al orden de las personas, fundado en la verdad, edificado en la justicia y animado por el amor.4
Elementos esenciales
La tradición católica identifica tres elementos clave del bien común:
Respeto y promoción de los derechos fundamentales de la persona.
Prosperidad o desarrollo de los bienes espirituales y temporales de la sociedad.
Estos componentes no son exhaustivos, pero ilustran cómo el bien común abarca tanto necesidades materiales como aspiraciones trascendentes, evitando reduccionismos materialistas.
Fundamentos teológicos y antropológicos
El deber de contribuir al bien común hunde sus raíces en la antropología cristiana: el ser humano es un ser social por naturaleza, creado para la comunión y orientado hacia Dios como fin último. Desde esta perspectiva, ignorar el bien común equivaldría a negar la vocación relacional del hombre.2,6
Teológicamente, este deber se inspira en el amor trinitario de Dios, que es comunión perfecta, y en el mandato evangélico de amar al prójimo como a uno mismo. La Iglesia enseña que el bien común de la sociedad no es un fin en sí mismo, sino un medio para alcanzar el bien universal de la creación, culminando en la Pascua de Jesús.6 Así, contribuir al bien común es un acto de caridad social, que extiende el amor divino a la esfera pública.
Enseñanza en el Magisterio de la Iglesia
La doctrina sobre el deber de contribuir al bien común ha sido desarrollada sistemáticamente en documentos magisteriales, desde el Concilio Vaticano II hasta intervenciones papales recientes.
Catecismo de la Iglesia Católica
El Catecismo dedica una sección específica a este principio en el marco de la vocación del hombre a la vida en el Espíritu. Afirma que el bien común concierne a la vida de todos y exige prudencia especialmente de quienes ejercen autoridad.1 Subraya su orientación hacia el progreso personal y colectivo, subordinando los bienes materiales a la dignidad humana.4
Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia
Este documento del Pontificio Consejo para la Justicia y la Paz detalla que nadie está exento de cooperar en la consecución del bien común, según las posibilidades de cada uno. Rechaza visiones reduccionistas que lo subordinan a intereses particulares y lo presenta como el «instinto más alto del ser humano», que requiere esfuerzo constante por el bien ajeno como propio.7,2
Además, vincula el bien común con la solidaridad, la igualdad y la paz, enfatizando su dimensión moral y comunitaria.8 La comunidad política tiene la tarea de promoverlo sin olvidar su raíz trascendente en Dios.6
Encíclicas y documentos papales
San Juan Pablo II, en Centesimus Annus, insiste en que el Estado debe defender bienes comunes como el medio ambiente, reconociendo límites al mercado cuando no satisface necesidades humanas básicas. El deber de justicia exige no dejar insatisfechas necesidades fundamentales, promoviendo la participación de los marginados en el desarrollo económico.9,10
Papa Francisco, en catequesis y discursos, ha actualizado este deber ante desafíos como la pandemia y la globalización. Destaca que el bien común es un bien público interdependiente, que exige amor sin barreras y políticas centradas en la persona. Critica el egoísmo que prioriza lo individual sobre lo colectivo, llamando a una «civilización del amor» mediante la caridad social.11
Otros documentos, como Mensuram Bonam de la Pontificia Academia de Ciencias Sociales, lo relacionan con el desarrollo integral y la ecología, afirmando que el bien común es sinónimo de desarrollo humano íntegro.12
Responsabilidad individual y colectiva
Todo ciudadano tiene el deber de contribuir al bien común, según su capacidad y posición. Esto implica no solo abstenerse de dañar, sino actuar positivamente: desde gestos cotidianos en la familia o el barrio hasta compromisos políticos.7,11 Santo Tomás de Aquino lo consideraba un deber de justicia para cada uno.
Los laicos, en particular, están llamados a impregnar la vida social con este principio, mostrando que la buena política es posible al priorizar el bien común sobre intereses partidistas.11 La Iglesia, por su parte, ejerce obras de misericordia —hospitales, escuelas— como contribución eclesial al bien común, incluso en sociedades plurales.13
Rol de la autoridad política y la sociedad
La autoridad tiene una responsabilidad mayor: promover el bien común mediante leyes justas y políticas inclusivas. No debe idolatrar el mercado ni imponer ideologías, sino orientar la economía hacia el desarrollo humano.9,14 En contextos globales, exige coordinación internacional para atender a los pobres y excluidos.14
La Iglesia advierte contra nacionalismos agresivos que ignoran el bien común universal, promoviendo en su lugar cooperación internacional y respeto a la diversidad cultural.15
Relación con otros principios de la doctrina social
El deber de contribuir al bien común se entrelaza con la solidaridad (compromiso por el bien del prójimo), la destinación universal de los bienes y la dignidad de la persona. Forma parte de una ética social que rechaza tanto el individualismo liberal como el colectivismo totalitario.8,16
En la era digital y ecológica, se extiende al «bien común en la era digital» y a la «ecología integral», donde tecnología y naturaleza deben servir al desarrollo humano.17,12
Aplicaciones contemporáneas
Hoy, este deber se aplica a crisis como la pobreza, migraciones, cambio climático y desigualdades económicas. La pandemia de COVID-19 reveló su urgencia: la salud es un bien común que exige solidaridad global.11 Invertir en energías renovables, erradicar el hambre y reformar la economía global son imperativos éticos.18
La Iglesia invita a científicos, inversores y políticos a medir sus acciones por el bien común, priorizando a los vulnerables.12,18
Citas
Sección sobre la vocación del hombre en el Espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1906 (1992). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
A. Significado e implicaciones principales, Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, § 164 (2004). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Sección sobre la vocación del hombre en el Espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1924 (1992). ↩
Sección sobre la vocación del hombre en el Espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1912 (1992). ↩ ↩2
Sección sobre la vocación del hombre en el Espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1925 (1992). ↩
C. Tareas de la comunidad política, Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, § 170 (2004). ↩ ↩2 ↩3
B. Responsabilidad de todos por el bien común, Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, § 167 (2004). ↩ ↩2
C. Solidaridad y el desarrollo común de la humanidad, Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz. Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, § 194 (2004). ↩ ↩2
IV. Propiedad privada y destino universal de los bienes materiales, Papa Juan Pablo II. Centesimus Annus, § 40 (1991). ↩ ↩2
IV. Propiedad privada y destino universal de los bienes materiales, Papa Juan Pablo II. Centesimus Annus, § 34 (1991). ↩
Papa Francisco. Audiencia general del 9 de septiembre de 2020 - Catequesis «Sanando el mundo»: 6. Amor y el bien común (2020). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Capítulo I. Los principios para mensuram bonam - Enseñanza social católica (cst). Buenas medidas para la orientación y práctica de los inversores. - El bien común, Academia Pontificia de Ciencias Sociales. «Mens Mensuram Bonam». Medidas basadas en la fe para inversores católicos: Un punto de partida y llamado a la acción, § 23. ↩ ↩2 ↩3
Bruce D. Marshall. Catolicismo y democracia en América, § 9 (2019). ↩
VI. El hombre es el camino de la Iglesia, Papa Juan Pablo II. Centesimus Annus, § 58 (1991). ↩ ↩2
Papa Francisco. A los participantes de la sesión plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias Sociales (2 de mayo de 2019). ↩
Parte I - Formando conciencias para una ciudadanía fiel: La reflexión de los obispos de EE. UU. sobre la enseñanza católica y la vida política - ¿Qué dice la Iglesia acerca de la enseñanza social católica en la plaza pública? — cuatro principios de la enseñanza social católica - El bien común, Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Formando conciencias para una ciudadanía fiel, § 48 (2015). ↩
Papa Francisco. Discurso de Su Santidad el Papa Francisco «El bien común en la era digital» (2019). ↩
Papa Francisco. A los participantes de la sesión plenaria de la Academia Pontificia de Ciencias (12 de noviembre de 2018). ↩ ↩2
