El Catecismo de la Iglesia Católica y el Compendio
El CIC detalla los deberes en la vida en Cristo. Los trabajadores han de cumplir su labor de manera concienzuda, competente y dedicada, resolviendo controversias mediante el diálogo. La huelga no violenta es legítima si busca un beneficio proporcional y considera el bien común.
Además, se exige evitar demandas innecesarias que impidan el descanso dominical, promoviendo la temperancia en el ocio. Los laicos, por su Bautismo, tienen el deber de evangelizar en el trabajo, haciendo efectiva la acción pastoral.
El Compendio del Catecismo resume: los trabajadores contribuyen al bien común mediante su esfuerzo solidario en la distribución de bienes y la búsqueda de justicia social.
Encíclicas sociales papales
La moderna doctrina social inicia con Rerum Novarum (1891) de León XIII, que enumera deberes precisos: realizar fiel y plenamente el trabajo acordado de forma equitativa; no dañar la propiedad ni la persona del empleador; abstenerse de violencia, disturbios o alianzas con principios perversos. Los trabajadores deben rechazar promesas engañosas que fomentan falsas esperanzas.
Pío XI en Quadragesimo Anno (1931) y Divini Redemptoris reafirma estos principios, adaptándolos a la propiedad privada y la colaboración capital-trabajo., Juan XXIII en Mater et Magistra (1961) insiste en regular relaciones laborales por individuos o, subsidiariamente, por el Estado para el bien común.
León XIII en Graves de Communi Re (1901) y Pío X en Singulari quadam (1912) vinculan estos deberes a la obediencia al Magisterio, protegiendo la moral y la religión.,
Documentos episcopales y de Juan Pablo II
La Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos, en Forming Consciences for Faithful Citizenship (2015 y 2023), destaca: ofrecer un jornal justo por jornal justo, respetar a empleadores y compañeros, y trabajar por la justicia económica.,
Juan Pablo II, en su visita a Malta (1990), proclama el Evangelio del trabajo: trabajar bien para edificar la sociedad, con integridad y competencia, como servicio al Señor (Col 3,23-24). Los trabajadores tienen deberes solemnes hacia el bien común, ampliando su horizonte a la salvación eterna.,