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Decálogo

El Decálogo, también llamado los Diez Mandamientos o las Diez Palabras, es el conjunto de preceptos que la tradición bíblica sitúa en la alianza de Dios con Israel en el monte Sinaí. Para la fe católica, expresa deberes fundamentales hacia Dios y hacia el prójimo; Jesucristo lo lleva a su plenitud y lo reúne en el amor a Dios y al prójimo.1,2

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreDecálogo
CategoríaTérmino
Nombre Completo
  • Diez Mandamientos
  • Diez Palabras
DescripciónConjunto de preceptos que la tradición bíblica sitúa en el marco de la alianza de Dios con Israel en el monte Sinaí. Expresa deberes fundamentales hacia Dios y hacia el prójimo; Jesucristo lo lleva a su plenitud y lo reúne en el amor a Dios y al prójimo
ReferenciasÉxodo 20, 1-17 y Deuteronomio 5, 6-21
Contexto HistóricoDespués de la liberación de Israel de Egipto y dentro de la alianza
Enseñanzas PrincipalesAmar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a sí mismo
Interpretación TradicionalLa Iglesia católica sigue la división asociada a san Agustín: integra la prohibición de los ídolos en el primer mandamiento y distingue dos mandamientos sobre la codicia al final.
OrigenTradición bíblica en el monte Sinaí
Personas RelacionadasMoisés, Jesucristo, san Agustín
TipoDoctrina

Tabla de contenido

Nombre y significado

La palabra Decálogo procede del griego déka, «diez», y lógos, «palabra» o «dicho». La expresión «diez palabras» designa los mandamientos como palabras de Dios dirigidas a su pueblo. La tradición bíblica los vincula con las tablas de piedra entregadas a Moisés, y los presenta en los libros del Éxodo y del Deuteronomio.1,2

El Decálogo no aparece como una lista aislada de normas: el relato lo sitúa después de la liberación de Israel de Egipto y dentro de la alianza. Así, sus mandamientos expresan tanto la iniciativa de Dios como la respuesta del pueblo llamado a vivir en fidelidad.3,4

Relatos bíblicos

El Decálogo figura en dos pasajes del Pentateuco: Éxodo 20, 1-17 y Deuteronomio 5, 6-21. Ambos presentan los preceptos en un orden esencialmente coincidente, aunque introducen algunas diferencias de formulación y de motivos. Entre ellas destaca la explicación del descanso: el Éxodo lo relaciona con la creación, mientras que el Deuteronomio lo vincula también con la liberación de la esclavitud.2,5,6

La expresión «diez palabras» ya aparece en otros libros bíblicos, y el Nuevo Testamento cristiano ofrece la clave para comprender su alcance pleno: la vida y la enseñanza de Jesucristo. En la lectura católica, los mandamientos no pierden su valor con la llegada de la nueva alianza, sino que reciben en Cristo su interpretación y plenitud.2,4

Numeración católica y formulación tradicional

Los libros del Éxodo y del Deuteronomio contienen las prescripciones, pero no numeran cada una con una cifra explícita. La tradición cristiana ha ordenado de distintas maneras algunos pasajes, en especial la prohibición de los ídolos y los mandatos relativos a la codicia. La Iglesia católica sigue la división asociada a san Agustín: integra la prohibición de los ídolos en el primer mandamiento y distingue dos mandamientos sobre la codicia al final.1,6

La formulación catequética tradicional católica es la siguiente:5

  1. Amarás a Dios sobre todas las cosas.
  2. No tomarás el nombre de Dios en vano.
  3. Santificarás las fiestas.
  4. Honrarás a tu padre y a tu madre.
  5. No matarás.
  6. No cometerás actos impuros.
  7. No robarás.
  8. No darás falso testimonio ni mentirás.
  9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
  10. No codiciarás los bienes ajenos.

Las expresiones breves de esta lista resumen preceptos más amplios. En particular, el texto bíblico incluye la prohibición de adorar otros dioses y de rendir culto a los ídolos; la tradición católica considera ambas formulaciones dentro del primer mandamiento.1,5

Contenido de los mandamientos

Deberes hacia Dios

Los tres primeros mandamientos ordenan la relación con Dios. El primero reclama reconocer a Dios como único Señor y rechazar la idolatría; el segundo prohíbe usar su nombre de manera irreverente o falsa; el tercero prescribe dedicar a Dios un tiempo sagrado. La formulación bíblica del descanso corresponde al sábado, mientras que la tradición cristiana trasladó la celebración semanal al domingo, día del Señor.1,5

Deberes hacia el prójimo

Los otros siete mandamientos regulan las relaciones con los demás y, en los dos últimos, las disposiciones interiores que afectan a esas relaciones. La lista comprende el respeto a los padres, la prohibición de matar, de cometer adulterio, de robar y de dar falso testimonio, así como la prohibición de codiciar la mujer y los bienes del prójimo.5

La división entre los mandamientos relativos a Dios y los relativos al prójimo no los convierte en ámbitos separados. El Decálogo forma una unidad: la fidelidad a Dios está ligada al trato justo con las personas, y el amor al prójimo no puede desligarse del reconocimiento de Dios como creador.7

Interpretación cristiana

Jesucristo recoge los mandamientos y resume su orientación en el doble precepto del amor a Dios y al prójimo. Además, enseña a comprenderlos desde la intención del corazón: no limita la prohibición del homicidio al acto externo, sino que aborda también el odio; tampoco reduce la fidelidad matrimonial a la conducta visible, pues trata los deseos desordenados.1

La moral cristiana entiende, por tanto, que cumplir el Decálogo no consiste solo en evitar determinados actos. Los mandamientos llaman a una vida orientada al bien, arraigada en el amor y en el seguimiento de Cristo. La gracia y la ley no aparecen como realidades enfrentadas: el Decálogo ofrece una guía para la vida moral cristiana, que halla en Cristo su plenitud.8,4

Esta lectura tampoco reduce los mandamientos a ideales generales. Su orientación al amor exige decisiones y acciones concretas, a la vez que considera la responsabilidad personal y la intención interior. Las Bienaventuranzas y el Decálogo expresan aspectos complementarios de la vocación cristiana: no pueden separarse como si la vida moral consistiera solo en cumplir normas externas o, por el contrario, en cultivar disposiciones sin consecuencias prácticas.4,9

El Decálogo en la vida católica

La Iglesia católica conserva el Decálogo como guía fundamental de la conducta moral cristiana. Su exposición catequética presenta cada mandamiento en relación con las verdades de fe y con las exigencias concretas de la vida, y no solo como una enumeración de prohibiciones.1,8

En la práctica cristiana, los mandamientos orientan el examen de conciencia y la formación moral. Su lectura conjunta ayuda a discernir cómo las decisiones personales repercuten tanto en la relación con Dios como en la convivencia con los demás. La caridad da unidad a esa vida moral, sin eliminar los preceptos particulares que la concretan.4,7

Citas y referencias

  1. Los diez mandamientos, Enciclopedia Católica, Los diez mandamientos (1913). 2 3 4 5 6 7
  2. En resumen, Catecismo de la Iglesia Católica, 2056 (1992). 2 3 4
  3. B2. El don de la alianza en el Antiguo Testamento y las normas de la conducta humana - 2.2. Las diversas expresiones de la alianza (enfoque canónico) - 2.2.3.1 el decálogo, Pontificia Comisión Bíblica. La Biblia y la moral: Raíces bíblicas de la conducta cristiana, 25 (2008).
  4. A. Sarmiento. Vocación y moralidad cristianas, 12 (1993). 2 3 4 5
  5. Capítulo tres la salvación de Dios: Ley y gracia, Catecismo de la Iglesia Católica, 2051 (1992). 2 3 4 5
  6. Decálogo, Enciclopedia Católica, Decálogo (1913). 2
  7. A. Quirós-Herruzo. Sobre los Mandamientos, 11 (1993). 2
  8. B1, A. Quirós-Herruzo. Sobre los Mandamientos, 2 (1993). 2
  9. A. Quirós-Herruzo. Sobre los Mandamientos, 13 (1993).
Modificado el 11 de octubre de 2026 • FideScore™ 9.12 • 66 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/4q04tk7wn

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