El cautiverio babilónico
Tras la caída de Jerusalén en 586 a.C., la mayor parte de la población judía fue deportada a Babilonia, donde permaneció como siervos del imperio hasta la conquista persa de la región. Este exilio se interpretó como castigo divino por la idolatría y la desobediencia del pueblo (2 Crónicas 36:21‑22)1.
Ascenso de Ciro y la política persa
Ciro II, fundador del Imperio Persa, conquistó Babilonia en 539 a.C. y adoptó una política de tolerancia religiosa que buscaba integrar a los pueblos conquistados mediante la restitución de sus cultos y la devolución de sus lugares sagrados. La providencia divina «movió el espíritu» de Ciro para que emitiera un edicto a favor de los judíos (2 Crónicas 36:23)1.
