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Decreto de Ciro y regreso del exilio

El decreto de Ciro permitió a numerosos judíos deportados a Babilonia regresar a Jerusalén y emprender la reconstrucción del templo. El acontecimiento, situado tradicionalmente en el año 538 a. C., marcó el comienzo de la restauración de Judá bajo soberanía persa y ocupa un lugar central en la teología bíblica de la fidelidad de Dios a sus promesas.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreDecreto de Ciro y regreso del exilio
CategoríaObra
Descripción538 a.C.
AutorCiro II
ContenidoAutoriza el regreso de los judíos, la reconstrucción del templo, brinda ayuda material, restitución de objetos sagrados y permite ofrendas voluntarias
Contexto HistóricoTras la conquista persa de Babilonia (539 a.C.) y el exilio de los judíos bajo dominio babilónico, Ciro permitió la restauración de Judá bajo soberanía persa
ImportanciaMarca el inicio de la restauración de Judá y es interpretado teológicamente como cumplimiento de la profecía y manifestación de la providencia divina
LugarImperio Persa (Babilonia)
Objeto principalRegreso a Jerusalén y reconstrucción del templo; legitimación de Ciro y restauración de santuarios babilónicos
Referencia a JerusalénExplícita
Referencia al Dios de IsraelExplícita
TipoDecreto, Decreto real, proclamado oralmente y por escrito

Tabla de contenido

Contexto histórico

La destrucción de Jerusalén y la deportación

El Imperio babilónico conquistó Jerusalén, destruyó su templo y deportó a una parte importante de la población de Judá. La deportación no eliminó por completo la identidad del pueblo: los exiliados conservaron sus genealogías, sus tradiciones religiosas y la esperanza de regresar a la tierra de sus antepasados.

La experiencia del exilio adquirió una interpretación religiosa. La pérdida de Jerusalén y del templo aparecía como consecuencia de la infidelidad de Israel, pero también como una etapa dentro de la acción providente de Dios. El libro de las Crónicas relaciona la duración de la devastación con los «setenta años» anunciados por Jeremías y presenta el decreto de Ciro como la culminación de esa palabra profética.1

La conquista persa de Babilonia

Ciro II, rey de Persia, extendió su dominio por el Próximo Oriente. Después de someter el poder medo y conquistar amplios territorios de Asia Menor, dirigió sus fuerzas contra Babilonia. La ciudad cayó en el año 539 a. C., y Ciro asumió el título de rey de Babilonia. Las fuentes antiguas describen la entrada persa como una conquista con escasa resistencia dentro de la ciudad.2

La Crónica de Nabónido sitúa la entrada de Ciro en Babilonia poco después de la caída de la ciudad y describe la proclamación de la paz. También presenta al nuevo monarca como restaurador del orden político y religioso.3

El decreto de Ciro en el libro de Esdras

El primer año de Ciro

El libro de Esdras comienza con una interpretación teológica del acontecimiento:

«En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor pronunciada por boca de Jeremías, el Señor suscitó el espíritu de Ciro, rey de Persia».4

La fecha corresponde normalmente al año 538 a. C., el primer año completo del reinado de Ciro sobre Babilonia. El relato no presenta el regreso como una simple concesión política. Dios actúa en la historia y mueve el corazón de un soberano extranjero para cumplir su promesa de restauración.

Contenido del decreto

Esdras 1,2-4 resume las disposiciones de Ciro. El rey reconoce que el «Dios del cielo» le ha entregado los reinos de la tierra y le ha encargado construir una casa en Jerusalén. Por eso autoriza a los judíos de su imperio a subir a Jerusalén y reconstruir el templo del Dios de Israel.4

El decreto comprende varios elementos:

  • Autorización del regreso de los miembros del pueblo judío que quisieran marchar a Jerusalén.
  • Reconstrucción del templo de Jerusalén.
  • Ayuda económica y material de las comunidades donde vivían los exiliados.
  • Donaciones voluntarias destinadas al culto.
  • Restitución de los objetos sagrados que Nabucodonosor había llevado a Babilonia.

Ciro ordena que los israelitas reciban plata, oro, bienes, animales y ofrendas voluntarias. El mandato no obliga a todos los judíos a regresar, sino que permite la marcha a quienes quieran participar en la restauración.4

La devolución de los vasos sagrados

El rey entrega los utensilios del templo de Jerusalén que Nabucodonosor había depositado en el templo de sus dioses. Mitrídates, tesorero real, los cuenta y los entrega a Sesbasar, llamado «príncipe de Judá».4

El inventario incluye recipientes de oro y plata, cuchillos, copas y otros objetos. Esdras ofrece una cifra total de 5.400 vasos de oro y plata, que Sesbasar lleva consigo cuando los exiliados regresan de Babilonia a Jerusalén.4

La restitución posee un valor religioso y político. Los objetos no representan un botín cualquiera: pertenecen al culto del Dios de Israel y vinculan la nueva comunidad con el templo destruido por los babilonios.

Edicto oral y documento administrativo babilónico

La proclamación pública de Esdras

Esdras 1,1 distingue dos formas de comunicación del mandato real. Ciro envía un heraldo por todo su reino y, además, formula el decreto por escrito. El heraldo hace pública la autorización; el documento escrito proporciona una base administrativa para su aplicación.4

El relato bíblico conserva el contenido teológico y jurídico de la proclamación: Ciro reconoce al Dios de Israel, autoriza el regreso y dispone la reconstrucción del templo. La expresión «por todo su reino» indica que el mensaje debía alcanzar a las comunidades judías dispersas en las provincias persas.

El documento administrativo hallado en Babilonia

El llamado Cilindro de Ciro, hallado en Babilonia, constituye un documento real de naturaleza diferente. La inscripción presenta la conquista desde la perspectiva de la ideología imperial babilónica: Marduk, dios principal de Babilonia, habría elegido a Ciro, le habría entregado la ciudad y le habría confiado la restauración de los santuarios y de las imágenes divinas.5

El cilindro no contiene una copia del decreto de Esdras ni menciona expresamente a los judíos, Jerusalén o el templo de Yahvé. Su objetivo consiste en legitimar el poder de Ciro ante la población babilónica y presentarlo como restaurador del culto tradicional después de la política religiosa de Nabónido. La inscripción confirma, sin embargo, que Ciro empleó un lenguaje de restauración religiosa y que devolvió objetos e imágenes a diversos santuarios.5

Por tanto, conviene distinguir ambos documentos:

ElementoDecreto de EsdrasCilindro de Ciro
NaturalezaProclamación real transmitida oralmente y por escritoInscripción administrativa y propagandística
DestinatariosJudíos del Imperio persaPoblación y autoridades de Babilonia
Objeto principalRegreso a Jerusalén y reconstrucción del temploLegitimación de Ciro y restauración de santuarios babilónicos
Referencia a JerusalénExplícitaAusente
Referencia al Dios de IsraelExplícita en el relato bíblicoAusente
Relación históricaFuente bíblica directa del retornoTestimonio del programa general de restauración persa

La inscripción babilónica aporta un contexto histórico para la política de Ciro, pero no sustituye al decreto narrado por Esdras. La Biblia presenta una disposición concreta para Judá; el cilindro refleja la política general del monarca en Babilonia.

El regreso de los exiliados

Los principales dirigentes

Los primeros repatriados aparecen dirigidos por Sesbasar, mientras que otros pasajes de Esdras y Ageo presentan a Zorobabel como autoridad civil de la comunidad. La identificación exacta entre ambos personajes ha suscitado discusión. La tradición exegética antigua y algunos estudiosos los consideran la misma persona; otros distinguen entre Sesbasar, primer responsable de la expedición, y Zorobabel, gobernador posterior.6

Zorobabel pertenecía a la descendencia de David, pero ejerció como gobernador de una provincia persa, no como rey independiente de Judá. Esta circunstancia muestra el carácter limitado de la restauración política: la comunidad recuperó su centro religioso, pero permaneció bajo la autoridad del Imperio persa.6

Junto a Zorobabel aparece Josué, hijo de Josadac, sumo sacerdote y principal autoridad religiosa. La restauración necesitaba simultáneamente una dirección civil y una reorganización sacerdotal.

La composición del grupo

Los repatriados procedían sobre todo de Judá y Benjamín, además de las familias sacerdotales y levíticas. Esdras 1,5 presenta la respuesta al decreto como fruto de una moción interior de Dios: los jefes de familia y los ministros del culto se preparan porque Dios suscita su espíritu.4

Esdras 2,64-65 ofrece una cifra aproximada de cincuenta mil personas, incluidos hombres, mujeres y niños. La tradición histórica también transmite la cifra de 42.360 miembros de la comunidad, a la que añade servidores y cantores; las diferencias dependen de la forma de contabilizar los grupos y de la transmisión de las listas.7

El grupo no representaba a todos los israelitas descendientes de las antiguas tribus. Muchos judíos permanecieron en Babilonia y en otras regiones del imperio. El retorno fue, por tanto, parcial y progresivo, no una repatriación total de la población deportada.

El asentamiento en Judá

Los repatriados se establecieron en Jerusalén y en diversas localidades de Judá. El libro de Esdras afirma que cada familia se dirigió a su propia ciudad, expresión que puede aludir tanto a antiguos lugares de origen como a nuevos asentamientos organizados por la administración persa.6

La provincia presentaba una situación difícil. Jerusalén había sufrido una grave destrucción y el territorio contaba con poblaciones que habían permanecido allí o que se habían instalado durante el dominio babilónico. La comunidad retornada tuvo que reconstruir viviendas, reorganizar la vida económica y establecer relaciones complejas con los pueblos vecinos.

La reconstrucción del templo

El altar y el culto

El primer objetivo religioso consistió en restablecer el altar y las ofrendas. La comunidad no esperó a que el templo estuviera terminado para reanudar el culto. La tradición histórica sitúa la celebración de la fiesta de las Tiendas poco después del regreso, en el año 537 a. C.7

Este orden posee un significado teológico: la restauración de Israel comienza con la adoración de Dios. La comunidad no se define únicamente por la posesión de un territorio o por una estructura política, sino por la alianza, el sacrificio y la presencia cultual del Señor.

Los cimientos del segundo templo

La construcción comenzó con la colocación de los cimientos del segundo templo. La obra sufrió posteriormente interrupciones y dificultades. Las tensiones con grupos vecinos, junto con la pérdida de entusiasmo de parte de la población, retrasaron la finalización durante varios años.7

Los profetas Ageo y Zacarías reavivaron la esperanza de la comunidad hacia el año 520 a. C. Sus mensajes exhortaron a reconstruir la casa de Dios y relacionaron la restauración del templo con la renovación espiritual de Israel. La ayuda de la comunidad judía de Babilonia y el apoyo persa permitieron reanudar el proyecto. El templo quedó solemnemente dedicado hacia el año 515 a. C.7

Interpretación profética

Jeremías y los setenta años

El libro de Esdras interpreta el regreso como cumplimiento de la profecía de Jeremías. Jeremías 25,11-12 anuncia que Judá y las naciones servirían al rey de Babilonia durante setenta años; Jeremías 29,10 promete que, cumplido ese plazo, Dios visitaría a su pueblo y lo devolvería a Jerusalén.

La cifra de setenta años puede entenderse como un período teológico de duración completa, además de su posible relación con la cronología de la destrucción de Jerusalén y la caída de Babilonia. La finalidad principal del relato consiste en mostrar que la restauración no contradice el juicio divino: el mismo Dios que permitió el exilio cumple después su promesa de retorno.

Isaías y Ciro

Isaías 44,28 presenta a Ciro como el pastor que cumplirá la voluntad de Dios y ordenará la reconstrucción de Jerusalén y del templo. Isaías 45,1 lo llama «ungido» -en hebreo, mesías- en sentido instrumental: Dios lo elige para derribar poderes, abrir caminos y liberar a Israel.1

El título no convierte a Ciro en rey davídico ni en miembro del pueblo de la alianza. La profecía utiliza una categoría propia de la teología de Israel para expresar que Dios puede servirse de un soberano pagano en favor de sus designios. Isaías 45,4 insiste en que Ciro no conocía a Yahvé, aunque Yahvé lo llamara por su nombre para proteger a Jacob e Israel.1

Ciro como instrumento de la providencia

La perspectiva bíblica y la perspectiva política no se excluyen. El Imperio persa podía favorecer el regreso por razones administrativas: una población local agradecida podía reforzar la estabilidad de las provincias occidentales y proteger la frontera frente a Egipto. La política persa tendía a restaurar cultos y tradiciones locales cuando esa estrategia favorecía la paz imperial.5

La fe bíblica interpreta esa política dentro de la providencia divina. Ciro actúa como gobernante persa con intereses propios, pero Dios utiliza su decisión para realizar la restauración de Israel. La Escritura no necesita presentar al monarca como adorador exclusivo del Dios de Israel para reconocer su papel providencial.

Alcance político y religioso

Una comunidad bajo soberanía persa

El regreso no restableció el antiguo reino de Judá. La provincia permaneció integrada en el Imperio persa y gobernada por autoridades vinculadas a la administración imperial. Zorobabel ejerció una función de gobernador, no de monarca independiente.6

La comunidad disfrutó de cierto margen de autonomía en sus asuntos internos, especialmente en materia religiosa y comunitaria, pero careció de plena independencia política. Esta situación explica la importancia creciente del templo, del sacerdocio y de la Ley como elementos centrales de la identidad colectiva.

La centralidad del templo

El templo reconstruido no era solamente un edificio. Representaba la continuidad de la alianza, la legitimidad de Jerusalén y la posibilidad de reanudar el culto sacrificial. La restauración del santuario daba forma visible a la esperanza de que Dios volvía a habitar en medio de su pueblo.

La devolución de los vasos sagrados reforzaba esa continuidad. El segundo templo no aparecía como una fundación religiosa completamente nueva, sino como la recuperación del culto interrumpido por la conquista babilónica.

La Ley y la reorganización de la comunidad

La restauración alcanzó una fase posterior con la misión de Esdras, sacerdote y escriba experto en la Ley de Moisés. El rey persa le concedió autoridad para organizar jueces y magistrados, y ordenó que las autoridades de la región ayudasen a su misión.8

La tradición bíblica presenta así dos etapas complementarias:

  • Zorobabel y Josué impulsan la recuperación política y cultual inicial.
  • Esdras fortalece la identidad religiosa mediante la enseñanza y aplicación de la Ley.
  • Nehemías, en una etapa posterior, contribuye a la reorganización civil y defensiva de Jerusalén.

La cronología exacta de las misiones de Esdras y Nehemías continúa siendo objeto de debate exegético. La tradición que sigue el orden actual de los libros coloca primero a Esdras; otros estudiosos sitúan antes la misión de Nehemías por razones relacionadas con la reconstrucción de las murallas y la secuencia narrativa.8

El sentido teológico del regreso

Del juicio a la restauración

El exilio manifiesta la gravedad de la infidelidad de Israel, pero el regreso manifiesta que el juicio no constituye la última palabra de Dios. La restauración confirma la misericordia divina y la fidelidad a la alianza.

El libro de Esdras insiste en la iniciativa de Dios: el Señor cumple la palabra anunciada por Jeremías, mueve el espíritu de Ciro y suscita el espíritu de los dirigentes y de las familias que regresan. La acción humana -viajar, reconstruir, organizar el culto- responde a una gracia previa.

La universalidad de la providencia

Ciro no pertenece al pueblo de Israel, pero aparece como instrumento de Dios. Esta figura amplía la visión bíblica de la historia: el Señor no gobierna únicamente los acontecimientos internos de Judá, sino también el destino de los grandes imperios.

Isaías expresa esta soberanía con especial fuerza. Yahvé llama a Ciro, le abre las puertas de las naciones y lo utiliza para favorecer a Israel, aunque el monarca no conozca plenamente al Dios que lo dirige.1

La restauración como camino

El regreso no elimina inmediatamente todas las dificultades. La comunidad afronta pobreza, oposición, desánimo, tensiones territoriales y dependencia política. La promesa divina comienza a cumplirse mediante un proceso histórico prolongado.

Por esa razón, la restauración del año 538 a. C. no equivale todavía a la plena renovación esperada por todos los profetas. El templo vuelve a levantarse, Jerusalén recupera población y el culto renace, pero la comunidad continúa sometida a poderes extranjeros. La esperanza bíblica permanece abierta hacia una restauración más profunda.

Importancia para la tradición cristiana

La tradición cristiana lee el regreso del exilio dentro de la historia de la salvación. La liberación de Babilonia constituye un precedente de otras liberaciones bíblicas y ofrece un marco para comprender la acción de Dios que reúne a su pueblo.

La figura de Ciro posee también una relevancia cristológica indirecta. Isaías lo llama «ungido» en cuanto instrumento histórico de liberación, mientras que Jesucristo realiza de modo pleno la salvación anunciada por las figuras y acontecimientos del Antiguo Testamento. La comparación exige mantener la diferencia: Ciro libera de una dominación política concreta; Cristo libera del pecado y conduce a la comunión definitiva con Dios.

El templo reconstruido conserva también un valor tipológico. La restauración del santuario anticipa la revelación de la presencia divina en Cristo y, en la teología cristiana, la constitución de la Iglesia como pueblo reunido por Dios.

Valor histórico y bíblico

El decreto de Ciro reúne tres dimensiones inseparables:

  1. Dimensión histórica: el cambio de poder entre Babilonia y Persia permitió una nueva política hacia los pueblos sometidos.
  2. Dimensión administrativa: el imperio favoreció el regreso de comunidades y la restauración de santuarios locales como instrumento de estabilidad.
  3. Dimensión teológica: la Escritura interpreta el acontecimiento como cumplimiento de Jeremías y de Isaías, y como manifestación de la providencia divina.

El Cilindro de Ciro confirma el marco imperial de restauración religiosa, pero no constituye el decreto judío narrado por Esdras. La Biblia conserva el testimonio específico sobre Jerusalén, el templo y los utensilios sagrados; la arqueología ilumina el contexto político y cultural en el que aquel retorno pudo realizarse. Ambos ámbitos aportan conocimientos distintos y complementarios.

Conclusión

El decreto de Ciro inauguró la restauración de Judá después del exilio babilónico. Permitió el regreso de una parte de los deportados, devolvió los objetos del templo y autorizó la reconstrucción del santuario de Jerusalén. Zorobabel, Josué, Esdras y Nehemías guiaron las distintas etapas de la reorganización comunitaria.

La Biblia contempla esta decisión persa como una obra de la providencia: Ciro actuó como soberano imperial, pero Dios lo utilizó para cumplir la palabra anunciada por Jeremías y por Isaías. El regreso no recuperó la independencia política de Judá, aunque restableció el templo, el culto y la identidad religiosa que prepararían la historia posterior de Israel.

Citas y referencias

  1. T. Larriba. Historia y Doctrina en el Libro de Daniel, XXVII (1973). 2 3 4
  2. Media y Medos. Enciclopedia Católica, Media y Medos (1913).
  3. T. Larriba. Historia y Doctrina en el Libro de Daniel, XXVI (1973).
  4. The New Revised Standard Version, Catholic Edition (NRSV-CE). La Santa Biblia, Esdras I (1993). 2 3 4 5 6 7
  5. F. Varo. El marco histórico del Antiguo Testamento. Perspectivas actuales, XXVII (1995). 2 3
  6. Cautiverios de los israelitas. Enciclopedia Católica, Cautiverios de los israelitas (1913). 2 3 4
  7. Historia de los judíos. Enciclopedia Católica, Historia de los judíos (1913). 2 3 4
  8. Esdras. Enciclopedia Católica, Esdras (1913). 2
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