«El Padre es mayor que yo»
Las palabras de Cristo «el Padre es mayor que yo» pueden parecer incompatibles con la igualdad divina del Padre y del Hijo. La teología católica distingue aquí entre la naturaleza divina del Hijo y su condición humana asumida en la Encarnación.
El Hijo eterno posee la misma divinidad que el Padre. Como hombre, recibe del Padre, obedece, ora y cumple una misión. La subordinación propia de su misión histórica no significa inferioridad de esencia divina. Santo Tomás incluye esta objeción entre las dificultades clásicas contra la fe trinitaria y la trata dentro de la distinción entre la igualdad divina y el orden de la misión.,
La oración de Cristo al Padre
Cristo ora al Padre porque el Hijo encarnado posee una verdadera naturaleza humana y cumple como hombre la obra redentora. La oración manifiesta la relación filial y la obediencia de la humanidad de Cristo, no una inferioridad del Hijo respecto al Padre en cuanto Dios.
La distinción entre Persona divina y naturaleza humana permite confesar que Cristo es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre sin convertir su oración en prueba de una divinidad inferior.
«El Padre es el único Dios verdadero»
Cuando Cristo llama al Padre «el único Dios verdadero», no excluye al Hijo ni al Espíritu Santo de la divinidad. La afirmación proclama la unicidad del Dios verdadero frente a los ídolos y a toda divinidad falsa. El Hijo comparte la misma esencia divina y el Espíritu Santo pertenece igualmente a la única divinidad.
La expresión no debe interpretarse de manera aislada contra el conjunto de la fe católica, que confiesa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo como un solo Dios.,
El conocimiento del día y la hora
La afirmación evangélica de que el Hijo no conoce el día y la hora plantea otra dificultad. La respuesta católica distingue la divinidad eterna del Hijo y su humanidad verdadera. Cristo posee una inteligencia humana real, sometida a las condiciones propias de la existencia humana, sin que ello disminuya su naturaleza divina.
La dificultad afecta al modo de entender la Encarnación y las dos naturalezas de Cristo; no demuestra que el Hijo sea una criatura ni que posea una esencia inferior a la del Padre.