Las bodas de Caná
El episodio de las bodas de Caná constituye el principal fundamento bíblico explícito de la intercesión de María. El Evangelio de san Juan narra que faltó el vino y que María presentó a Jesús aquella necesidad: «No tienen vino» (Jn 2,3). Aunque Jesús todavía no había manifestado públicamente su hora, realizó el primer signo y convirtió el agua en vino.
La intervención de María no consiste en ordenar a Jesús ni en ejercer un poder independiente. Ella expone ante su Hijo la necesidad humana y orienta después a los servidores hacia la obediencia: «Haced lo que Él os diga». De este modo, María presenta las necesidades de los hombres a Cristo y conduce a los hombres hacia la voluntad de Cristo.
La Iglesia interpreta Caná como una manifestación de la mediación intercesora de María. El Concilio Vaticano II enseña que, movida por la compasión, María obtuvo mediante su intercesión el comienzo de los signos de Jesús. Juan Pablo II resume el episodio afirmando que, gracias a la intercesión de María y a la obediencia de los servidores, Jesús comenzó su «hora», y que la fe de María contribuyó a despertar la fe de los discípulos.
Caná muestra, por tanto, los elementos esenciales de la intercesión mariana:
- María percibe una necesidad concreta.
- Presenta esa necesidad a Jesús.
- Confía en el poder salvador de su Hijo.
- Invita a los hombres a obedecer a Cristo.
- El resultado final procede de Jesús y manifiesta su gloria.
María al pie de la cruz
La presencia de María junto a la cruz completa el significado de su maternidad espiritual. María permanece unida a su Hijo durante la Pasión y participa maternalmente en su sacrificio mediante su compasión y su consentimiento amoroso. Allí Jesús la entrega como madre al discípulo amado: «Mujer, ahí tienes a tu hijo» (Jn 19,26).
La tradición católica ve en el discípulo amado una figura de los discípulos de Cristo. Por ello, la maternidad confiada a María en el Calvario posee una dimensión eclesial: María recibe una misión maternal respecto de quienes pertenecen a Cristo. Esta maternidad no reemplaza la filiación divina recibida por la gracia, sino que expresa el modo maternal mediante el cual María acompaña a los miembros del Cuerpo de Cristo.
El Catecismo relaciona estrechamente Caná y el Calvario. En Caná, María intercede por las necesidades de una familia; al pie de la cruz, aparece como la Mujer y la nueva Eva, asociada a la maternidad espiritual de los vivientes.
María en oración con la Iglesia
Los Hechos de los Apóstoles presentan a María reunida con los discípulos en oración antes de Pentecostés (Hch 1,14). Este pasaje muestra a la Virgen dentro de la comunidad orante y no al margen de ella. María acompaña la oración de la Iglesia desde los comienzos de su misión pública.
La doctrina católica contempla una continuidad entre aquella oración junto a los Apóstoles y la intercesión de María glorificada. Quien vivió plenamente unida a Cristo y sirvió a la Iglesia durante su peregrinación terrena continúa ejerciendo, desde el cielo, un servicio maternal mediante su oración.