La Anunciación: el consentimiento de María
El anuncio del ángel y la respuesta de María constituyen el primer fundamento bíblico de su maternidad eclesial. Con su consentimiento, María aceptó colaborar en el cumplimiento del plan mesiánico. La llegada del Mesías implica también el comienzo de la comunidad que él reúne y salva.
La respuesta de María no fue una aceptación pasiva. Su fe, su obediencia y su disponibilidad permitieron que el Hijo de Dios asumiera la naturaleza humana en su seno. La tradición cristiana contempla en este acto una correspondencia con la fe de Abraham: así como Abraham aparece como padre de los creyentes, María recibe una misión maternal respecto de quienes reciben la vida de la gracia mediante la fe.
Caná: María y la fe de los discípulos
El episodio de las bodas de Caná manifiesta otra dimensión de la maternidad espiritual de María. Ante la necesidad de los esposos, María presenta la situación a Jesús y orienta a los servidores hacia la obediencia: «Haced lo que él os diga».
El signo realizado por Cristo fortalece la fe de los discípulos. Juan Pablo II interpreta esta intervención como una contribución fundamental de María a la formación de la primera comunidad creyente. En Caná, María no ocupa el lugar de Cristo; conduce hacia él y favorece la adhesión de los discípulos a su revelación.
Su actitud contiene el rasgo esencial de toda maternidad cristiana: engendrar y acompañar la fe, orientar hacia Jesucristo y ayudar a reconocer su voluntad.
El Calvario: «Ahí tienes a tu hijo»
El texto decisivo para la doctrina católica aparece en Juan 19,25-27. Desde la cruz, Jesús dice a su Madre: «Mujer, ahí tienes a tu hijo», y al discípulo amado: «Ahí tienes a tu madre».
La interpretación católica ve en el discípulo amado una figura representativa de todos los discípulos. Por tanto, las palabras de Jesús no conciernen únicamente a una relación privada entre María y Juan, sino que manifiestan una maternidad espiritual con alcance eclesial. El discípulo recibe a María como madre y María recibe al discípulo como hijo.,
Juan presenta la muerte de Cristo como el acontecimiento que reúne a los hijos de Dios dispersos. La maternidad de María queda vinculada así al sacrificio redentor: ella permanece junto a la cruz, participa interiormente en la entrega de su Hijo y acepta maternalmente a los discípulos que Cristo le confía. Juan Pablo II describió esta cooperación como una participación maternal en el nacimiento de la nueva humanidad.
La Iglesia no interpreta este pasaje como si María añadiera una redención paralela a la de Cristo. Su cooperación depende enteramente de la gracia recibida y de la voluntad de su Hijo. María está junto a la cruz porque Cristo la asocia libremente a su obra salvadora.
Pentecostés: María en el nacimiento visible de la Iglesia
Los Hechos de los Apóstoles presentan a María reunida con los Apóstoles y los demás discípulos en oración antes de Pentecostés. Su presencia en la comunidad naciente recuerda su presencia junto a Jesús en el comienzo de su vida terrena.
Lucas muestra así la continuidad entre dos momentos: María estuvo presente cuando el Espíritu Santo obró la Encarnación del Verbo y permanece presente cuando el Espíritu Santo desciende sobre la Iglesia naciente. La tradición teológica ha visto en esta correspondencia un fundamento de su maternidad respecto de la Iglesia.,
María no causa el envío del Espíritu Santo como si tuviera poder divino propio. Su oración expresa una cooperación subordinada: la Iglesia nace por la acción de Cristo resucitado y del Espíritu Santo, mientras María acompaña maternalmente ese nacimiento.