«La Eucaristía solo es un símbolo»
La Iglesia reconoce el carácter simbólico de la Eucaristía: el pan y el vino significan la vida entregada de Cristo, la alianza nueva, la unidad de la Iglesia y el banquete del Reino. Pero el símbolo sacramental no funciona como una imagen vacía. En los sacramentos, Cristo actúa y comunica la gracia que significan.
La Eucaristía es signo, pero también realidad sacramental. Reducirla a un símbolo puramente representativo contradice la enseñanza de Cristo sobre el Pan de vida, las palabras de la institución y la fe constante de la Iglesia. El magisterio católico rechaza interpretar las palabras de la institución como una figura meramente metafórica que negase la presencia real.,
«Jesús hablaba de forma figurada»
Jesús utilizó metáforas en numerosas ocasiones, pero el discurso eucarístico posee rasgos propios. La promesa del Pan de vida distingue entre el maná, que alimentó temporalmente a Israel, y el alimento que comunica la vida eterna. La referencia a comer la carne y beber la sangre aparece como el punto culminante de la enseñanza.
Además, la institución de la Eucaristía en la Última Cena confirma la interpretación sacramental. Jesús no solo habló de alimento espiritual: tomó pan y vino, pronunció sobre ellos sus palabras y ordenó repetir la acción.,
«La presencia depende de la fe del creyente»
La fe no fabrica la presencia de Cristo. La fe permite reconocerla y recibir sus frutos, pero Cristo está presente por la acción sacramental de la Iglesia, incluso cuando la persona que contempla la Eucaristía carece de fe.
La adoración eucarística, por tanto, no dirige la atención hacia un objeto simbólico vacío, sino hacia Jesucristo realmente presente bajo las especies consagradas.
«Comer la carne de Cristo implica canibalismo»
La doctrina católica no habla de consumir un cuerpo humano en estado natural. Cristo está presente de manera sacramental y gloriosa, no mediante una presencia física ordinaria perceptible por los sentidos. El fiel recibe verdaderamente a Cristo, pero bajo las especies sacramentales del pan y del vino.
La expresión «cuerpo y sangre» designa a la persona entera de Cristo entregada por la salvación del mundo. La comunión no destruye ni divide a Cristo, ni convierte la Eucaristía en un acto de violencia corporal.
«La misa vuelve a crucificar a Cristo»
La misa no vuelve a crucificar al Señor. Cristo murió una sola vez y su sacrificio posee un valor definitivo. La misa hace presente sacramentalmente ese único sacrificio y permite a la Iglesia participar en él.,
La diferencia entre repetición y actualización resulta decisiva. La repetición implicaría un nuevo sacrificio separado del Calvario; la actualización sacramental hace presente el mismo sacrificio redentor sin añadir otro.
«Todos los cristianos pueden consagrar»
El sacerdocio común de los fieles no equivale al sacerdocio ministerial. Cristo confió a los apóstoles y a sus sucesores el ministerio sacramental de la Eucaristía. La potestad de consagrar pertenece al obispo y al presbítero válidamente ordenados.,
Los diáconos, ministros extraordinarios y demás fieles pueden colaborar en la distribución de la comunión según las normas de la Iglesia, pero esa función no incluye la potestad de celebrar la consagración.