La doctrina social de la Iglesia valora el sistema democrático en la medida en que asegura la participación de los ciudadanos en las decisiones políticas y garantiza a los gobernados la posibilidad de elegir y responsabilizar a quienes los gobiernan, así como de reemplazarlos por medios pacíficos. Sin embargo, esta valoración está condicionada a ciertos principios esenciales:
La Democracia como Estado de Derecho y Fundamento en la Persona Humana
Una auténtica democracia solo es posible en un Estado de derecho y se basa en una correcta concepción de la persona humana,. Esto implica el reconocimiento explícito de los derechos humanos fundamentales. El Estado debe garantizar la seguridad, la libertad individual y la propiedad privada, así como servicios públicos eficientes, para que quienes trabajan puedan disfrutar de los frutos de su labor. La ley debe ser soberana, no la voluntad arbitraria de los individuos.
Democracia y Valores Morales
La Iglesia advierte que una democracia sin valores puede convertirse fácilmente en un totalitarismo abierto o encubierto,. Los principios de verdad y los criterios morales objetivos son indispensables para el florecimiento de un Estado de derecho, una democracia genuina y una economía bien ordenada. Si no hay una verdad última que guíe la actividad política, las ideas y convicciones pueden ser manipuladas por razones de poder. La promoción incansable de la verdad sobre la persona es lo único que puede infundir los valores correctos en la democracia.
La Dignidad Trascendente de la Persona Humana
La doctrina social de la Iglesia condena todas las formas de totalitarismo porque niegan la dignidad trascendente de la persona humana. La persona humana es el fundamento y el fin de toda organización social. Los derechos fundamentales, como el derecho a la vida en todas sus etapas, los derechos de la familia, la justicia en las relaciones laborales, y la libertad religiosa, son inalienables y no pueden ser vulnerados por una verdadera democracia,. La Iglesia, al reafirmar la dignidad trascendente de la persona, siempre actúa con respeto por la libertad.
Participación y Subsidiariedad
La democracia implica la participación de los ciudadanos y el reconocimiento del papel esencial de las personas, las familias y los diversos grupos que componen la sociedad civil, de acuerdo con el principio de subsidiariedad,. Este principio establece que las decisiones deben tomarse al nivel más bajo posible, más cercano a los ciudadanos, reservando al Estado solo aquellas funciones que los individuos o grupos más pequeños no pueden realizar eficazmente por sí mismos.
Libertad y Verdad
La libertad alcanza su pleno desarrollo solo al aceptar la verdad. En un mundo sin verdad, la libertad pierde su fundamento y el ser humano queda expuesto a la violencia de la pasión y a la manipulación. La Iglesia defiende la libertad y la sirve, ofreciendo la verdad que ha conocido a los demás, en consonancia con su vocación misionera. Esto no es una imposición, sino una propuesta en diálogo, reconociendo que la vida humana se realiza en la historia en condiciones diversas e imperfectas.