Los demonios son, en esencia, ángeles caídos1,2. Fueron creados por Dios como seres espirituales, dotados de inteligencia y libre albedrío, y en un estado de gracia y bondad3,4,5,6. Sin embargo, por su propia elección libre e irrevocable, se rebelaron contra Dios y su plan divino1,5,7. Esta rebelión, que la Escritura describe como un «pecado de los ángeles», consistió en un rechazo radical y definitivo de Dios y su reinado7. El líder de estos ángeles caídos es Satanás, también conocido como el diablo1,2,4,5.
La Caída de los Ángeles
La caída de los ángeles no fue una imposición divina, sino el resultado de su libre albedrío5,6. San Juan Damasceno explica que el ángel que fue puesto a cargo del reino terrenal «no fue hecho malo por naturaleza, sino que era bueno, y hecho para buenos fines, y no recibió de su Creador ningún rastro de mal en sí mismo. Pero no mantuvo el brillo y el honor que el Creador le había otorgado, y por su libre elección cambió de lo que estaba en armonía a lo que estaba en desacuerdo con su naturaleza, y se levantó contra Dios que lo creó, y decidió rebelarse contra Él»6. Junto con Satanás, una multitud innumerable de ángeles le siguieron en su caída, transformándose de buenos a malvados por su propia elección6.
El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que «Satanás o el diablo y los otros demonios son ángeles caídos que han rechazado libremente y definitivamente a Dios y su plan. Su elección contra Dios es definitiva»1. Esta enseñanza es consistente con el Cuarto Concilio de Letrán, que declaró que «el Diablo y los otros demonios fueron creados por Dios buenos en su naturaleza, pero ellos por sí mismos se hicieron malos»4.
Distinción entre Diablo y Demonio
Aunque los términos «diablo» y «demonio» a menudo se usan indistintamente en el lenguaje común, la teología católica establece una distinción. El término diablo (del griego diabolos, que significa «calumniador» o «acusador») se refiere principalmente a Satanás, el jefe de los ángeles caídos2,4. Los demonios (del griego daimon o daemonium) son los ángeles subordinados que le siguieron en su rebelión2. La frase del Cuarto Concilio de Letrán «Diabolus enim et alii daemones» (el diablo y los otros demonios) ilustra esta distinción, indicando que todos son demonios, y el diablo es el principal de ellos2. No obstante, esta distinción no implica una diferencia en la naturaleza, ya que Satanás también es considerado un demonio2.

