Origen y naturaleza de los demonios
La Iglesia enseña que Dios es el único creador de todo lo visible y lo invisible. Los demonios no constituyen un principio eterno opuesto a Dios ni una creación malvada desde el origen: son criaturas espirituales que Dios creó buenas y que, por su propia decisión, se hicieron malas. Su maldad procede de apartarse del bien al que debían permanecer unidos.,
El Catecismo define a Satanás, al diablo y a los demás demonios como ángeles caídos que rechazaron libremente servir a Dios y a su plan. Su elección contra Dios tiene carácter definitivo, y buscan arrastrar al ser humano a la rebelión.
La expresión ángeles caídos alude a su origen como criaturas espirituales y a su rechazo de Dios. No significa que el mal haya transformado su naturaleza en una realidad independiente del Creador. La doctrina católica sostiene que su condición procede de una voluntad creada que se apartó del bien.,
Satanás y los demonios
En el lenguaje cristiano, Satanás y diablo nombran al adversario y acusador; demonios designa a los espíritus malignos. La tradición distingue al diablo como jefe de los demás demonios, sin atribuirle una naturaleza distinta de la de ellos.,
La Biblia presenta estos nombres y figuras en diversos pasajes, no en un único tratado sistemático. Por ello, la interpretación católica considera el conjunto del testimonio bíblico dentro de la tradición teológica de la Iglesia. La Congregación para la Doctrina de la Fe rechazó reducir a Satanás y a los demonios a simples personificaciones míticas del mal: la enseñanza cristiana los presenta como realidades espirituales, aunque su existencia no ocupe el lugar central del anuncio del Evangelio.,
El mal y la libertad humana
La acción demoníaca no elimina la responsabilidad ni la libertad humanas. La doctrina católica relaciona la tentación con el mal uso de la libertad: el ser humano puede acoger o rechazar la sugestión del mal. La dignidad personal exige actuar mediante una elección consciente y libre.
La fe cristiana tampoco atribuye al demonio un poder ilimitado. La enseñanza litúrgica afirma que Dios mantiene bajo su providencia la creación y que el diablo no puede sobrepasar los límites que Dios le permite. Así, la existencia del mal no enfrenta dos poderes equivalentes: Dios es el creador y señor de todo, mientras que los demonios son criaturas rebeldes.,