La dignidad humana y el mandamiento de la vida
La dignidad de la persona humana se basa en su creación a imagen y semejanza de Dios, lo que la hace objeto de un amor y una protección absoluta. El Catecismo de la Iglesia Católica afirma que «cada vida humana, desde la concepción hasta la muerte, es sagrada porque el ser humano ha sido creado para sí mismo y para Dios»1. La encíclica Evangelium Vitae refuerza esta enseñanza al declarar que la vida es un «don de Dios que debe ser defendido y promovido en todas sus etapas»2.
El magisterio y la enseñanza magisterial
El magisterio ha reiterado la obligación de proteger la vida en numerosos documentos. En Ecclesia in Asia el Papa Juan Pablo II subraya que «la vida es un gran regalo confiado a nosotros por Dios; somos guardianes, no propietarios»3. La Congregación para la Doctrina de la Fe, en la carta Samaritanus bonus, recalca que la vida es «un bien primero porque constituye la base para el disfrute de todos los demás bienes»4. Los documentos de la Conferencia de los Obispos de EE. UU. (USCCB) también destacan que la defensa de la vida es la condición indispensable para cualquier proyecto de desarrollo humano y social5,6.
