Desarrollo como proceso, no como punto final
Una característica repetida en el discurso católico sobre sostenibilidad es que no se trata de un objetivo alcanzado una vez y para siempre, sino de un proceso que exige esfuerzo constante y visión a largo plazo. Un futuro sostenible debe construirse sobre el cuidado de la casa común y sobre el desarrollo integral de cada persona.
Se subraya que los programas de desarrollo son verdaderamente sostenibles cuando se enraízan en una ética global de solidaridad y cooperación al servicio del desarrollo integral de todo hombre, mujer y niño, y de la protección del entorno.
Instrumentos y marcos internacionales
Aunque la sostenibilidad es un imperativo moral, se desarrolla también mediante estructuras de cooperación internacional. En ese sentido, se mencionan marcos como la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, el Acuerdo de París y la Agenda 2030, junto con el Marco de Sendái para la reducción del riesgo de desastres.
En ese mismo contexto, se indica que la Santa Sede, actuando en nombre de la Ciudad del Vaticano, ha depositado instrumentos de adhesión a la Convención y al Acuerdo, afirmando un compromiso concreto para contribuir al esfuerzo de los Estados en solidaridad, según responsabilidades comunes pero diferenciadas y capacidades respectivas, con el fin de afrontar con eficacia los desafíos del cambio climático.
Criterios de justicia ambiental: costes reales y verdad en las decisiones
En el debate europeo sobre sostenibilidad se ha destacado la necesidad de afrontar la cuestión de la responsabilidad moral y política como un deber también para las generaciones futuras. Se afirma que el mundo necesita una conversión ambiental, y se expresa que la idea de desarrollo sostenible puede ser un modelo al que los cristianos se adscriban por su atención a los miembros más débiles y por el respeto a la creación, de la que se considera que se responde en último término ante Dios.
Se propone asimismo que el desarrollo debe reconciliar crecimiento económico con justicia social y ambiental, y se considera alentador que el rendimiento económico vaya de la mano del uso sostenible de los recursos naturales. En esa línea, se sugiere que es esencial «poner los precios en su punto», de modo que reflejen mejor los costes reales para la sociedad de las distintas actividades y ofrezcan mejores incentivos para consumidores y productores.