La devoción al Corazón Inmaculado de María
La devoción al Corazón Inmaculado de María contempla la interioridad de la Virgen: su fe, su obediencia, su caridad y su unión con la misión salvadora de Jesucristo. La Iglesia relaciona estrechamente esta devoción con el misterio de Cristo, pues el corazón de María aparece unido a la encarnación, la pasión, la resurrección y el don del Espíritu Santo.1
La celebración litúrgica del Corazón Inmaculado de María tiene lugar al día siguiente de la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús. Esta proximidad expresa la relación inseparable entre el Corazón del Salvador y el corazón de su Madre, siempre subordinado al de Cristo y unido a él como el de una discípula y colaboradora.2
Fátima
La práctica de los primeros sábados alcanzó una amplia difusión después de las apariciones de la Virgen María a los tres pastorcitos de Fátima en 1917. En el mensaje transmitido por la Congregación para la Doctrina de la Fe, la Virgen pide la comunión reparadora de los primeros sábados y relaciona esta petición con la conversión de los pecadores y la llegada de la paz.3
El mensaje de Fátima presenta la conversión y la penitencia como una llamada esencialmente evangélica. La oración, la reparación y la preocupación por la salvación de los pecadores forman parte de su núcleo espiritual.4
En 1942, con motivo del vigésimo quinto aniversario de las apariciones, Pío XII consagró la Iglesia y la humanidad al Corazón Inmaculado de María. En 1944, la celebración litúrgica del Corazón Inmaculado se extendió a toda la Iglesia.1
