El desarrollo de la devoción al Sagrado Corazón
La veneración del Corazón de Cristo posee antecedentes en la tradición espiritual medieval. Diversos santos y autores cristianos reflexionaron sobre el costado abierto de Jesús y sobre su Corazón como signo de su amor redentor. Entre los grandes promotores de esta espiritualidad figuran san Buenaventura, santa Gertrudis, santa Catalina de Siena, san Francisco de Sales y san Juan Eudes.
San Juan Eudes impulsó una expresión pública y litúrgica de la devoción. En 1672 celebró en Francia una fiesta solemne dedicada al Sagrado Corazón, después de haber contribuido a establecer un oficio litúrgico propio.
Durante el siglo XVII, la espiritualidad del Corazón de Jesús recibió un nuevo impulso en el monasterio de la Visitación de Paray-le-Monial, donde vivía santa Margarita María Alacoque.
Santa Margarita María Alacoque
Santa Margarita María Alacoque nació en Francia en 1647 y entró en el monasterio de la Visitación de Paray-le-Monial en 1671. La tradición de la Iglesia atribuye a sus experiencias místicas una función decisiva en la propagación moderna de la devoción al Sagrado Corazón.
Las revelaciones que recibió presentaban el Corazón de Jesús como signo de un amor divino que busca una respuesta de amor por parte de los seres humanos. Entre las prácticas relacionadas con esas revelaciones aparecen la comunión frecuente, la comunión de reparación el primer viernes de cada mes y la Hora Santa.,
La tradición espiritual vinculada a santa Margarita María concede un lugar central a la reparación. Cristo habría pedido que los fieles respondieran a la ingratitud humana mediante la adoración, la oración, la penitencia y la recepción reverente de la Eucaristía. La Iglesia ha integrado estas prácticas en la espiritualidad católica del Sagrado Corazón sin convertir las revelaciones privadas en una nueva obligación de fe para todos los cristianos.