Diferencia entre conocer y eliminar
El conocimiento genético puede prestar servicios valiosos a la medicina cuando ayuda a prevenir enfermedades, establecer diagnósticos o desarrollar tratamientos sin causar daños desproporcionados al paciente ni a sus hijos. La Pontificia Academia para la Vida reconoce el valor positivo de la investigación genética cuando queda orientada al bien de la persona y respeta su dignidad.
Sin embargo, conocer una enfermedad no equivale a tener derecho a eliminar al enfermo. La Iglesia distingue entre:
- Diagnóstico con finalidad terapéutica, dirigido a cuidar, curar o mejorar la salud.
- Diagnóstico con finalidad selectiva, dirigido a excluir o destruir al ser humano que presenta una característica no deseada.
La intervención médica sobre un embrión puede considerarse lícita en principio cuando busca su curación, la mejora de su salud o su supervivencia individual, respeta su integridad y no comporta riesgos desproporcionados. El consentimiento libre e informado de los padres también resulta necesario.
El diagnóstico genético preimplantacional no persigue normalmente curar al embrión examinado. Su finalidad consiste en decidir si merece ser transferido. Por ello, la Iglesia lo diferencia de una intervención estrictamente terapéutica y lo relaciona con la selección y la eliminación.
Progreso científico y respeto a la persona
La Iglesia no rechaza la investigación biomédica ni el conocimiento del genoma humano. Juan Pablo II pidió promover investigaciones capaces de perfeccionar tratamientos adecuados, viables y libres de riesgos desproporcionados. Al mismo tiempo, advirtió sobre el desequilibrio entre unas posibilidades diagnósticas cada vez mayores y unas posibilidades terapéuticas todavía escasas.
Ese desequilibrio puede llevar a ofrecer a las familias información sobre enfermedades que la medicina aún no sabe curar, mientras la cultura presenta la eliminación como respuesta al diagnóstico. La Iglesia reclama apoyo a las familias para que puedan acoger la vida incluso cuando el hijo padezca una malformación o una enfermedad.
El progreso auténtico exige que la ciencia respete a todo ser humano. La eficacia técnica no basta para justificar una práctica: también resulta necesario preguntar si la intervención protege o destruye al más débil y si reconoce al embrión como alguien o lo reduce a algo.