Dignidad humana y no discriminación genética
La teología moral católica defiende que la dignidad corresponde igualmente a toda persona humana, independientemente de deseos de los progenitores, condición social o nivel de desarrollo físico.
La bioética eclesial denuncia una forma de discriminación especialmente injusta: negar el estatus ético y jurídico de seres humanos que padecen enfermedades graves o discapacidades. Esta discriminación juzga inmoralmente a personas «por falta de normalidad» y olvida que la enfermedad forma parte de la condición humana, afecta a cada individuo y no separa a las personas de la humanidad común.
Juan Pablo II formula el fundamento antropológico: la Iglesia mantiene que resulta ilícito intervenir sobre el genoma humano cuando la intervención no persigue el bien de la persona entendida como unidad de cuerpo y espíritu, y también afirma que ninguna persona debe sufrir discriminación basada en defectos genéticos detectados antes o después del nacimiento.
Objetivo terapéutico y salvaguarda de la vida
La evaluación moral centra el análisis en el binomio finalidad-consecuencia:
- Un diagnóstico puede permitir decisiones médicas orientadas al bien del embrión o del feto.
- Un diagnóstico pierde legitimidad cuando conecta sus resultados con la eliminación del no nacido.
La Congregación para la Doctrina de la Fe sostiene con claridad que el diagnóstico prenatal se opone gravemente a la ley moral cuando alguien lo solicita con la intención de provocar un aborto si el examen confirma una malformación o anomalía.
La misma lógica aplica a quienes influyen sobre la madre (cónyuge, familiares o terceros): si persiguen la eliminación vinculada al resultado del diagnóstico, su actuación contradice la ley moral. El especialista también incurre en cooperación ilícita si vincula deliberadamente el diagnóstico con la decisión abortiva al comunicar resultados o al presentar el proceso.
Consentimiento informado y proporcionalidad del riesgo
La tradición católica exige que la atención médica respete la vida y la integridad, y que las intervenciones no introduzcan riesgos desproporcionados.
La ética médica católica también reclama el consentimiento libre e informado de los padres en el marco de procedimientos sobre el embrión.